Lazos de libertad en Venezuela

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La libertad no se negocia. No es un traje que se prepara a la medida, ni un regalo que los gobiernos puedan entregar y retirar según consideren necesarios. La libertad es el ímpetu desencadenado de los hombres que construyen su propio futuro personal y colectivo con la esperanza de un destino mejor. Es una búsqueda insaciable por todos los medios que rompe con paradigmas y alcanza utopías. Sin embargo, no es un camino sencillo y, así como aseguraba Goethe: “sólo es digno de libertad quien sabe conquistarla cada día”.

Los venezolanos quieren volver a ser dignos de la libertad. Tras más de una década bajo el férreo control de un régimen autoritario, la población se ha levantado para exigir que cesen las cadenas de la opresión, los azotes de la crisis económica y las ejecuciones en mano de la delincuencia. El país exige un cambio sin prórrogas. El Gobierno ha contado con más recursos y tiempo que sus antecesores, pero el único fruto de sus políticas ha sido: división social, inseguridad, impunidad, inflación de dos dígitos, escasez y esta democracia agónica que se tambalea entre lacrimógenas y perdigones.

Rehusar la idea de la opresión a la que está siendo sometida la población venezolana es darle un escudo al Gobierno. Una vez más, el dramaturgo y poeta alemán Goethe nos advierte que “nadie es más esclavo que el que se tiene por libre sin serlo”. Una afirmación que pone en evidencia que, mientras algunos venezolanos niegan la falta de libertad, los representantes del Gobierno aprietan los grilletes a través de más estrictas medidas de control cambiario, violentas represiones a los manifestantes, burlas de los ciudadanos torturados y ataques a cualquier figura nacional o internacional que alza la voz en pro de los manifestantes y el rescate de sus derechos.

Esperar conquistar en sólo unas semanas un bien tan preciado para la humanidad, como lo es la libertad, sería una necedad. Un ejemplo reciente se puede observar en Ucrania. Lo que la población logró conquistar en la calle con su esfuerzo, organización y pasión, ahora el ejército de Rusia quiere quitárselo por “defender los intereses del pueblo ruso”. ¿Acaso los intereses extranjeros tienen más peso que la libertad? Al parecer, eso es lo que piensa Nicolás Maduro, quien, sólo unos días atrás, aseguró que el presidente ruso Vladimir Putin respalda al Gobierno. Un mensaje que llega tras un mes de protestas y, justamente, cuando “casualmente” el ministro de Petróleo, Rafael Ramírez, cerraba unos pactos multimillonarios en Moscú.

De poco sirve que el ministro para las Relaciones Exteriores, Elías Jaua, indique frente a los representantes internacionales de los DDHH ante la ONU que “los problemas que tenemos, los podemos resolver entre venezolanos”, cuando el Gobierno ha sido, durante años, el principal promotor de la intervención internacional en las políticas internas a través de los mandatarios de Cuba y Rusia. Lo que quizás haya sucedido es que, al ver la respuesta de Estados Unidos y Europa en el caso de Ucrania y escuchar los fuertes pronunciamientos internacionales contra Venezuela, Jaua ha recordado el proverbio que reza: “cuando veas las barbas de tu vecino arder, pon las tuyas en remojo”.

Indiferentemente del panorama internacional, los venezolanos han comenzado una gran travesía que, si bien está llena de obstáculos y sombras, conlleva a un premio invaluable como el que Don Quijote describía a su fiel escudero: “la libertad, Sancho, es uno de los más preciosos dones que a los hombres dieron los cielos; con ella no pueden igualarse los tesoros que encierran la tierra y el mar: por la libertad, así como por la honra, se puede y debe aventurar la vida”.

Los venezolanos deberán entonces seguir luchando hasta que los únicos lazos que aten sus manos sean los de la libertad.

@JosePuglisi