Tumbas hospitalarias

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La sanidad venezolana se despedaza. El mayor lujo que puede ofrecer el sistema público de salud es una vieja camilla en medio de uno de los pasillos más transitados del centro de atención sanitaria. El resto, está echado a la suerte. La falta de los insumos médicos, la intermitencia de los servicios básicos y una infraestructura insuficiente hacen que, lo que en cualquier otro país podría curarse en dos horas, sea una complicación que lleva, de forma innecesaria, a muchos a una muerte prematura. Una realidad que, a pesar de que afecta a más del 90% de la población, pasa imperceptible a la mirada indiferente del Gobierno.

La catástrofe sanitaria, que se ha venido agravando durante los últimos 16 años, lleva a que solo entre el 5 y 10% de los pacientes que llegan a la sanidad pública cuenten con la atención médica básica. Esto, sin embargo, no quiere decir que sus necesidades fueran atendidas a plenitud o que se contara con todos los equipos y recursos requeridos, sino a que, por fortuna, logró recibir algún tipo de atención que le permitiera seguir con vida y sobreponerse a sus problemas de salud. Al menos, a corto plazo.

La falta de inversión sanitaria hace que los centros de salud se saturen con rapidez. A la carga asistencial diaria (que ya deja al 90% sin atender), se deben sumar los problemas que nacen ante una nueva crisis sanitaria, como son los brotes en el número de casos de dengue, los heridos que llegan a las urgencias por la alta tasa de criminalidad o, ahora más reciente, la epidemia del zica. Una combinación letal que coloca en jaque a todos los centros públicos y a las misiones que, aunque elevaron la popularidad electoral de Hugo Chávez, han quedado en un estado deplorable y solo han servido como método de fuga de los médicos cubanos que llegaron al país.

El Programa de Educación Acción de Derechos Humanos, Provea, ha hecho una radiografía de la problemática. Según su último informe, las deficiencias de los centros públicos de salud han pasado de 2.665 casos en 2014 a 4.332 en 2015, lo que representa un aumento de 48%. En comparación con el 2014, el mayor aumento de denuncias se registró en la falta de insumos o material médico-quirúrgico, cuyo peso porcentual varió de 11,26% a 15,35%.

El estudio revela, además, que los problemas con los equipos médicos operativos han crecido del 8,44 al 12%, mientras que el cierre o suspensión de servicios se disparó del 11,3 al 17%. Sin embargo, Provea no ha sido la única con esos datos. La encuesta de Médicos por la Salud (Red de médicos residentes de hospitales públicos), realizada en marzo de 2015, descubrió que el 38% de los quirófanos estaba inoperativos; el 28% de los centros carecían de agua permanente, 19% de equipos de Rayos X, 22% de equipos de Ecografía y 47% de Tomógrafos. Asimismo, 55% se encontraba con falla moderada o grave de insumos básicos, 60% de insumos médico quirúrgicos y 51% de catéteres y sondas.

Con este panorama, los centros de salud han ido transformándose en un lugar siniestro, donde los médicos y equipo sanitario está maniatado por las fallas de la “revolución” y las salas han dejado de ser un espacio para la recuperación para transformarse en el epílogo de los féretros.