Una oportunidad para Venezuela

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Venezuela ha recibido una bocanada de oxígeno. Los resultados electorales ofrecen una buena noticia para una población que, durante 17 años, fue testigo de una Asamblea Nacional que solo era utilizada con la finalidad de mantener un modelo político en el poder, así como construyendo un muro legal que les permitiera el control total sobre los ciudadanos, medios de comunicación y controles internacionales. Ahora, una grieta en una de las instituciones más sólidas de la “revolución” abre la oportunidad para iniciar un cambio.

Sin embargo, que la resaca de la celebración no se convierta en un paso en falso. El gran apoyo ciudadano a los representantes de la oposición, incluso esquivando las numerosas trampas electorales organizadas desde el Gobierno, deberá ser respondida con igual o más contundencia. Es decir, aprovechando la mayoría de escaños para dar los primeros pasos hacia un reencuentro nacional y una mejora sostenible de la calidad de vida, tan menguada, para todos los sectores de la población.

Aunque resulta evidente que no se pueden esperar cambios de la noche a la mañana, no se debe olvidar que la situación a pie de calle es crítica, por lo que una acción rápida (que no atropellada) será agradecida tanto por quienes votaron por la oposición, como por aquellos que verán en su “enemigo político” una nueva forma de hacer gobierno y de solventar los problemas que, desde hace tantos años, se han venido arrastrando sin dar una respuesta real. La tarea no será fácil, pero si algo han demostrado los esfuerzos constantes que se han realizado desde dentro y fuera del país es que nada es imposible.

La oposición no está sola en este proyecto. Dentro del país, millones de venezolanos les respaldan con votos y acciones, mientras que en el exterior hay una colonia inmensa de ciudadanos que, a pesar de la distancia, trabajan para reconstruir el país que, con todo el dolor del mundo, han tenido que abandonar, pero con al que sueñan regresar. A ellos aún se suman quienes, a pesar de no tener el tricolor en sus venas, se solidarizan con los venezolanos y abogan por un cambio democrático que les permita ser ese país lleno de oportunidades que se perdió en medio de una desafortunada “revolución”.

Sí, la historia está cambiando, pero sería una necedad considerar que el trabajo ya está hecho y una inocencia pensar que el Gobierno se quedará de brazos cruzados mientras la oposición controla una de sus instituciones predilectas, al punto de otorgársela a uno de sus hombres más fuertes: Diosdado Cabello. Sin querer entrar en teorías fatalistas, se deberá valorar la posibilidad de que, antes de realizar el cambio de Asamblea Nacional, los representantes oficialistas busquen una triquiñuela que les permita robar cuotas de poder a los opositores o crear una organización paralela (como se hizo con la Alcaldía de Caracas).

A pesar de los riesgos, la valentía demostrada es una buena señal social y, mientras el país toma un poco de aire, la carga parece menos pesada para seguir caminando hacia un nuevo camino: el del cambio, el progreso y la reconciliación. Venezuela, al parecer, está despertando.