La debacle petrolera

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Al concluir el año 1998, Venezuela produjo 3.500.000 barriles de petróleo y al cierre de octubre de 2018, la producción se situó en 1.171.000 barriles diarios. Es decir, en un poco menos de veinte años el país perdió 2.329.000 barriles, lo que equivale a una caída acumulada de 66% de su producción. Una mirada a los datos petroleros a lo largo de 2018, con la gestión del súper ministro y presidente de PDVSA, General Manuel Quevedo evidencia que la catástrofe de la industria petrolera, lejos de aliviarse, se ha agravado. Efectivamente, comparado con 2017 cuando la producción de petróleo alcanzó 1.911.000 barriles diarios, hasta octubre de 2018 Venezuela dejó de producir 740.000 barriles diarios. Al ritmo que lleva la declinación de la extracción de petróleo, cuando concluya 2018 es probable que la producción petrolera de Venezuela se ubique en menos de 1.000.000 de barriles por día, lo que el país producía en 1948, hace setenta años. No hay caso en la historia universal que un gobierno haya destruido una industria como ha ocurrido con la del petróleo en Venezuela. Actualmente, somos un país marginal en el mercado petrolero internacional, que al no tener producción no influye de manera efectiva en las decisiones que adopte la OPEP. Solamente como una acción de cortesía los grandes países productores de petróleo atienden a los funcionarios venezolanos. Quien no produce petróleo no juega en el tablero real donde se decide los asuntos del mercado petrolero.

Para 2019 la situación será todavía más crítica. Con una producción en el entorno de 1.000.000 de barriles diarios y teniendo que destinar Venezuela alrededor de 250.000 barriles diarios para pagar las deudas con China y Rusia, restado el consumo interno de 250.000 barriles diarios, mermado por la recesión de la economía, el saldo exportable que genera caja es de apenas 500.000 barriles diarios. A ello hay que deducir las importaciones de gasolina y otros derivados, con lo cual el flujo de caja de PDVSA y el fisco se verán seriamente comprometidos. Esta es la realidad. Lo demás son ejercicios de hechicería de una gobierno que acabó con la industria petrolera y no encuentra cómo reparar el daño causado. Lo máximo que Venezuela puede recibir por exportaciones petroleras en 2019 con un precio en el rango de US$ 65 por barril, serían cerca de US$ 12.000 millones. Con esos números, la gestión fiscal del gobierno se verá seriamente comprometida en un contexto de fuerte declinación de los tributos internos debido a la hiperinflación y a la recesión de la economía. Agregue a ese coctel el hecho que Venezuela tiene cerrado el financiamiento externo y no puede colocar deuda en los mercado internacionales porque no ha pagado desde noviembre de 2017 el monto adeudado. Así, la fuente de financiamiento que le queda al gobierno es la imprenta de emitir dinero que tiene dispuesta el BCV para auxiliar al fisco e inundar la economía de bolívares que nadie quiere salvo para comprar dólares y otros bienes antes que éstos suban de precios. Venezuela, bajo el régimen del socialismo del siglo XXI, fue destruida y hoy reclama de sus hombres y mujeres acciones para su recuperación, antes que siga la hecatombe.
José Guerra