La Unimet-Harvard y el rescate de Vargas luego de la tragedia

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Decía Arturo Uslar Pietri que una universidad en donde no se hace política es tan mediocre como una universidad en donde solo se hace política. Coincidiendo plenamente con esa sabia sentencia de quien fuera uno de los soportes intelectuales de la creación de la Universidad Metropolitana, nos permitimos agregar que las complejas realidades que vivimos en nuestro país, le imponen a las universidades el compromiso adicional de romper con el cerrado modelo academicista para -sin renunciar al empeño por la calidad académica- abrirse más hacia el compromiso cívico y la responsabilidad social que son tareas inherentes e irrenunciables de una universidad de excelencia.

Fue en función de esos principios rectores como Eugenio Mendoza y demás venezolanos ilustres que lo acompañaron, concibieron con visión de futuro, el modelo académico y de gestión de la Universidad Metropolitana, como institución al servicio del sector productivo nacional y de la sociedad venezolana en general. Y fiel a ese mandato fundacional nos tocó desempeñar durante catorce años las altas responsabilidades de Rector de esa casa de estudios superiores, cercana a cumplir sus primeras cinco décadas, en octubre del próximo año. Y fue precisamente, casi al inicio de nuestra gestión rectoral cuando, frente a la grave tragedia causada por las torrenciales lluvias que en diciembre de 1999 provocaron los deslaves en el Litoral Central, nos tocó darle decidido apoyo a un valioso equipo de académicos con amplia experiencia profesional, quienes al frente de la Maestría en Diseño Urbano que se dictaba en nuestra institución y en alianza con la Escuela de Diseño de la Universidad de Harvard, emprendieron a partir de enero de 2000 -a menos de un mes de ese drama ecológico-, la compleja tarea de formular un plan para rehabilitar esa devastada región del Litoral Central de Venezuela.

Como en nuestro país somos dados a olvidar muy rápido, conviene hacer un breve recuento de las circunstancias vividas en ese dramático mes de diciembre de 1999 y de la pronta repuesta que dimos en la Universidad Metropolitana con apoyo de Harvard y el activo respaldo del para entonces Ministro de Ciencia y Tecnología Ingeniero Carlos Genatios, en la búsqueda de soluciones para enfrentar el desastre medio ambiental y el drama humano provocado por el deslave.

La tragedia de Vargas se produjo desde el 15 al 17 de diciembre de 1999 a causa de fuertes precipitaciones ocurridas en las dos primeras semanas de ese mes, las cuales causaron grandes caudales de agua que bajando de la montaña provocaron el deslizamiento de tierra, de enormes rocas, arboles, y gran parte de la capa vegetal de la cara litoral del cerro El Ávila. Se estima que más de 15 millones de metros cúbicos de sedimentos se generaron, con la destrucción e inhabilitación temporal de grandes áreas de viviendas, comercios, instalaciones hoteleras y clubes y una vasta alteración de los espacios geográficos de la zona, con un grado de afectación del 60% del área del Litoral Central, provocando cambios sustanciales en las cuencas y en la topografía de esa zona costera, y la generación de más de 1000 nuevas hectáreas de área ganada al mar.

Pero lo más dramático de esa tragedia fue la pérdida de vidas humanas que, en un comienzo la Cruz Roja Internacional estimó en 50.000, aunque posteriormente las víctimas mortales se calcularon entre 10 mil y 30 mil; y se provocó la urgente necesidad de reubicar a más de 14 mil familias en diferentes lugares del país. La tragedia de Vargas ha sido considerada como el peor desastre natural de Venezuela, después de terremoto de 1812 y, según estadísticas mundiales, como el mayor número de víctimas mortales causadas por un alud de barro.

La presurosa repuesta de la Universidad Metropolitana frente a la tragedia de Vargas se produjo, primero acogiendo en nuestro campus a cerca de 40 familias damnificadas que se ubicaron y alimentaron en instalaciones acondicionadas con la emergencia requerida, las cuales permanecieron ese fin de año y durante el mes de enero hasta que se logró sus asientos provisionales en otras instalaciones facilitadas por las autoridades públicas. Casi simultáneamente se activó una alianza con la Universidad de Harvard y se integró un equipo con los profesores y arquitectos de la UNIMET, Oscar Grauer, Coordinador de la Maestría en Diseño Urbano, como coordinador del proyecto y David Gouverner, Jefe del proyecto, y por la Universidad de Harvard, Peter Rowe, Decano de la Escuela de Diseño de esa universidad, quienes estuvieron acompañados de otros importantes expertos entre los que destacaron Graciela Gabaldón, Nuri Bofil, Charles Lazzari de la UNIMET, y Tony Gómez, Jerrold Kayden , Alex Krieger, Frank Vigier y Robert France de la Universidad de Harvard. Cabe destacar que la rápida constitución de ese grupo responsable del proyecto lo logramos gracias a las buenas relaciones y experiencia que ya la universidad había tenido con Harvard en otro programa conjunto, conocido como Escuela de Alcaldes que veníamos impulsando en Caracas, con el apoyo de la PDVSA de entonces, para promover el conocimiento en temas de gestión urbana de las ciudades entre alcaldes y otros funcionarios de gobiernos locales en el que asistieron más de treinta participantes de diversas localidades del país.

Luego de cinco meses de arduo trabajo, el equipo concluyó con una propuesta y un plan de acción con visión de largo plazo para lograr, entre diez a veinte años, la reorientación del desarrollo urbanístico del área más afectada, especialmente Macuto-El Cojo, Camurí Chico, Los Corales, Tanaguarena y Carmen de Úrea. En el informe final, identificado como Rehabilitación del Litoral Central de Venezuela, se destaca que el Plan se formula como guía para “un acuerdo de actuación para reorientar la participación del sector público, el sector privado y la comunidad, de manera armoniosa, al establecer pautas generales que garanticen resultados coherentes, viables y de buena calidad “. En el mismo se propone la ubicación y dimensión de los canales para el control de riesgos y la nueva vialidad, aprovechando tierras ganadas al mar, con parques ecológicos y un sistema de protección a El Parque Nacional El Ávila. Se definen acciones para convertir Macuto-El Cojo en un verdadero Ciudad Balneario del Litoral Central, con nuevos desarrollos habitacionales, turísticos y comerciales y la recuperación del patrimonio edificado de la parroquia. Se propone la reordenación del frente costero, la ampliación de la avenida El Álamo y su integración con la Intercomunal, una zonificación especial para el área de La Guzmania, la construcción del Parque Recreacional Camurí Chico, integrando el canal a reconstruir con visión paisajista y acondicionando su entorno para actividades recreativas. El Plan propone igualmente convertir la zona de Los Corales y Tanaguarena en la “Riviera Caribe”, y en el área de Carmen de Úrea considerar la creación de facilidades para un gran reservorio de agua dulce con capacidad para surtir de agua potable al Litoral Central en caso de emergencia, y desarrollar en esa zona un parque similar al de Los Chorros.

Todos estos proyectos se formulan apoyados en una política de expropiaciones negociadas con garantía de justa indemnización, el otorgamiento de concesiones mediante licitación pública a las mejores opciones y divulgando las ideas y proyectos surgidos del estudio ante las autoridades gubernamentales, comunidades afectadas, cámaras vinculadas, instituciones académicas y cuerpo diplomático para hacer conocer externamente estas iniciativas y facilitar el apoyo técnico y financiero.

Los criterios que orientan todos estos proyectos se fundamentan en el reconocimiento de la sensibilidad ecológico de la zona a intervenir, con la reducción de riesgos a través de canales de control de inundaciones, la integración de El Ávila y el mar mediante el desarrollo de sistemas de espacios públicos y nuevas ordenanzas de diseño urbano, en apoyo al potencial ecológico de la zona. Todo ello con el objetivo fundamental de transformar al Estado Vargas en “… un litoral competitivo, sano, eficiente, y democrático, con altos estándares ambientales e identidad propia.”

El Plan fue validado por un panel de expertos internacionales integrado por especialistas de las universidades de Harvard, Columbia, Politécnica de Cataluña y de la Universidad de París. Y el mismo fue galardonado en 2001 con el Premio Nacional de Arquitectura

El Plan Nacional de El Litoral Central de Venezuela representa un valioso aporte de la Universidad Metropolitana y de la Universidad de Harvard que, de haberse realizado, hoy el Estado Vargas sería un relevante centro de atracción turística del Caribe. Esta importante iniciativa, formulada hace casi 20 años inicialmente con apoyo gubernamental, fue engavetada por el gobierno socialista por recomendación de un influyente ministro de entonces, con el miope y absurdo criterio de que los desastres ocasionados por los deslaves habían creado la motivación o la oportunidad para que los habitantes de las zonas afectadas se vieran obligados a retornar a sus lugares de origen de las diversas regiones del país.

Cuando en Venezuela retorne un gobierno con sensatez, transparencia en la gestión y visión de futuro, el Proyecto dejará de ser un sueño frustrado para convertirse en una importante opción como atractivo polo de desarrollo turístico, con potencial competitivo a nivel internacional y como relevante contribución al nuevo modelo desarrollo del país, que necesariamente estará deslastrado del agotado modelo rentista petrolero.

José Ignacio Moreno León