En la España de Cervantes, cosas veredes

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La Constitución española cumple, este 31 de Octubre, treinta años de haber sido aprobada por las Cortes, como producto del acuerdo de todas las fuerzas políticas de derecha e izquierda, independentistas incluidos. Aniversario que se repetirá dentro de dos meses con motivo de su entrada formal en vigencia, un 29 de Diciembre de aquel mismo año de 1978, después de ser ratificada en consulta popular.

En su texto, el articulo 3, establece que el castellano es ¨la lengua española oficial del Estado¨, teniendo ¨todos los españoles ¨el deber de conocerla y el derecho a usarla¨. Además, agrega dicha disposición, que las demás lenguas españolas como, por ejemplo, el catalán, el gallego o el vasco, ¨serán también oficiales en las respectivas Comunidades Autónomas de acuerdo con sus Estatutos¨. Es decir, que el uso del castellano como lengua oficial de España queda allí claramente establecido, así como el de las otras lenguas regionales, las cuales serán oficiales, al igual que el castellano, en sus respectivas comunidades.

Pero ésto que parece fácil de entender y de aplicar, como lo es el uso de una misma lengua a nivel nacional y de dos en algunas comunidades, se ha vuelto en España un problema. Principalmente en Cataluña y en las Islas Baleares, hasta el punto que se pretende imponer el idioma catalán mediante decretos y medidas que buscan, a toda costa, algunas con remembranzas franquistas, erradicar el castellano de allí.

Sin embrago, la culpa no es solamente del movimiento separatista entronizado en los gobiernos locales, sino igualmente del gobierno español que con su condescendencia unas veces, y dejadez otras, además de alargar el problema lo agrava, permitiendo escenas tan bochornosas y absurdas como la de la reciente entrevista en catalán, hecha por una periodista de la televisora TV3, al excalde de Medellin Sergio Fajardo, quien no terminaba de entender las preguntas y mucho menos lo que allí estaba sucediendo. El colmo de todo, fue ver a la otra invitada al programa, la alcaldesa de Barcelona Ada Colau, haciéndole de intereprete, mientras se solucionaban los problemas con el pinganillo, a través del que alguien le estaba soplando al colombiano la traducción en voz baja, para que la misma no fuese escuchada en castellano. Si el asombro y la incomodidad fueron manifiestas en el invitado, qué decir de quienes han visto semejante espectáculo, en el cual lo ridículo alcanza niveles de estulticia.

La escena no es nueva dentro de la esperpéntica situación que sufren muchos de los hablantes del castellano que viven en España, pues tiene ya algunos precedentes con las políticas emprendidas por los gobiernos balear y catalán exigiendo el dominio del catalán para el personal sanitario como requisito indispensable para obtener un puesto de trabajo; en los centros de enseñanza para que los maestros no parlen castellano ni siquiera fuera del aula, o para que el castellano sea una asignatura secundaría de carácter optativo, como el ruso o el alemán, dentro de ella.

El asunto es de tal dimensión, que abrir la boca en castellano en el espacio inventado por el segregacionismo con el nombre de ¨países catalanes¨, puede costarle a cualquiera que lo intente un insulto en plena calle, o que en al algún comercio o establecimiento lo prefieran atender si habla en inglés o francés, en lugar de castellano. Aunque lo más común es que a cualquier pregunta o inicio de conversación en español, le respondan en catalán; por lo que no es de extrañar que el gobierno de esos ¨países¨ prohíba y empiece a multar por decreto a quienes se expresen en el idioma originario de Castilla, hablado por más de quinientos millones de personas, entre los que están incluidos unos treinta dentro dentro de los Estados Unidos, así como el de carácter oficial en el mayor número de países del mundo actual.

No obstante lo visto al gobierno de Pedro Sánchez, mientras cuente con el apoyo del independentismo vasco y catalán, pues valen más los votos que cualquier otra cosa, pareciera no importarle la gravedad del tema lingüístico, que escuece a cualquier hispano parlante que como al excalde colombiano le toque sentirlo en carne propia.

Su receta de la ¨nación de naciones¨ o la del ¨plurinacionalismo¨ de su socio de gobierno Pablo Iglesias, no solo no aplican al caso de España, sino que tampoco resolverían el problema de fondo, por lo que cabe pensar que mientras no haya un gobierno que tome el toro por lo cuernos y se decida a gobernar para todos en España, buscándole una solución al problema del separatismo, el habla del castellano quedará reducido dentro del territorio español a Castilla y a las Islas Canarias, pues hasta en las tierras del Cid Campeador, se busca darle al valenciano categoria de idioma preferente, cualidad que el Tribunal Supremo le acaba de negar. Y por ese mismo camino, quien quita que incluso el andaluz, esa variedad del español que se habla al sur de España, también quiera su independencia idiomática.

Entretanto, nos queda a los hispanoamericanos la solidaria e histórica tarea de mantener la lengua de Cervantes para la posteridad, a falta de quien lo haga en la madre patria. @xlmlf
José Luis Méndez La Fuente