La verdadera causa de la derrota de Hillary

José Luís Méndez's picture

Suele ocurrir que la gente, en general, tiene ideas sobre determinados aspectos de la vida que funcionan como clichés. Así, por ejemplo, se ve a los chinos como si todos fueran expertos en artes marciales, a los mejicanos como muy machotes y machistas y a los estadounidenses como la quinta esencia de la democracia. El cine y la televisión, en buena parte, han ayudado a dar esa impresión.
Sin embargo, aunque en los EEIUU de Norteamérica las instituciones existentes y los mecanismos legales trabajan bastante bien, también queda la impresión de que el juego democrático no es igual para todos, que hay barreras en el sistema, aparentemente mentales, atávicas en cierto modo, que impiden a algunos personajes alcanzar ciertas metas.
Si no, como explicar que en la historia de los EEUU, no haya llegado aún, una mujer a la magistratura más importante del país, mientras que Inglaterra ya ha tenido dos, una actualmente activa; Alemania también tenga la suya en plena faena política y que un país joven como Israel haya dado una autentica lideresa como lo fue Golda Meir. Y si miramos más cerca, ahí están los casos de la Argentina y de Brasil, países que también han tenido mujeres ejerciendo el cargo de presidente, incluso con reelección.
Sobre el triunfo de Donald Trump en las recientes elecciones presidenciales se han dicho muchas cosas ; que si su candidatura representa al nacionalismo más recalcitrante del pasado y eso hizo que millones de norteamericanos identificados con él le dieran su voto; que si él encarna al típico “wasp”, o sea, al hombre de raza blanca, de origen anglosajón y religión protestante, la auténtica mayoría sobre las minorías de votantes negra y latina; que si el jefe del FBI, James Comey, quien es o fue republicano, le hizo una jugarreta a Hillary que al final, le hizo perder la ventaja de tres o cuatro puntos que llevaba, sin chance ya para recuperarse. Y así pudiéramos seguir.
No dudamos que haya algo de cierto en cada una de esas argumentaciones y que todo eso, influyera en el triunfo de Trump; pero en todo caso, se trata de una influencia decisoria, no decisiva, pues si bien ayudó al votante a vencer los prejuicios preexistentes, la decisión definitiva ya había sido tomada con anterioridad.
La verdadera causa de la derrota de Hillary Clinton, no estuvo en la intervención desafortunada del FBI; ni en el nacionalismo renaciente de los norteamericanos; ni en que los auténticos descendientes del Mayflower votaron por Trump, esto último, por cierto, con un dejo racista que no tiene sentido tratándose los dos candidatos de personas de raza blanca, no católicas. La verdadera causa, se conoce ya desde hace unos ocho años atrás, cuando siendo la señora Hillary Clinton precandidata del Partido Demócrata, perdió las internas contra un desconocido que se llama Barak Obama.
Siendo el racismo uno de los principales problemas sociales y estructurales, como nación, que arrastra desde sus raíces el gran país del norte, la precandidatura de Obama por el partido demócrata se veía con una gran “hándicap” que la perjudicaba de antemano. En aquel entonces, nadie pensaba que alguien de raza negra pudiera llegar a ser presidente de los EEUU, pero se equivocaban. Otro prejuicio más fuerte y más profundo, se hizo evidente en aquella elección del Partido Demócrata. Había estado escondido por más de doscientos años; el del machismo. Y por eso los demócratas prefirieron a un hombre, aunque fuera de color, que a una mujer.
Por supuesto que si esto ocurrió en unas primarias, con votantes de pensamiento más abierto, es decir, menos conservador que el de sus principales oponentes republicanos, que se podía esperar en una elección nacional para presidente donde estos últimos también eligen. Incluso, hay que tener presente que su triunfo contra Bernie Sanders, un candidato antisistema como Trump, en las pasadas primarias, le costó mucho, no obstante los pronósticos de un triunfo holgado.
Ese machismo, explicaría igualmente por qué a la señora Clinton, se le acusa, por ejemplo, de utilizar el apellido de su marido, mientras que a Bush nunca se le criticó por usar el de su padre y gobernó durante dos periodos; o porque, no obstante, todas las barrabasadas de Trump durante la campaña, éstas no lo perjudicaron mayormente, mientras que al uso de su correo privado para asuntos de trabajo, se le dio tanta importancia. Hasta cuando se ventila el escabroso asunto de su marido con Mónica, se trata el asunto con mordacidad, y se le critica su actitud, pareciendo casi que el problema no fue el affaire, sino élla.
Claro está, que al machismo pudiéramos agregarle otro ingrediente más, como causa de su derrota, la ignorancia del pueblo norteamericano; pero sobre esto, hablaremos en otra oportunidad. @xlmlf
José Luís Méndez La Fuente