Por el rumbo complicado de la libertad

José Luis Zambrano P.'s picture

Es ya de dominio público internacional que Venezuela vive escamoteada, turbulenta y triste. Que el pueblo no ha hallado las soluciones balsámicas para resolver su rara ecuación política, que le ha llevado a tener un incorregible camino de precariedades y una economía histórica de desolación.

¿A quién se le puede enderezar el humor ante cortes eléctricos diarios de prolongadas horas y calores extremos? ¿Cómo puede aplaudirse el humillante sistema de transporte, fraguado para llevar a los ciudadanos en camiones de carga y bajo el riesgo inconmensurable de perder la vida?

La desvergüenza es tan monumental como indiscreta. Estamos cansados de los parlamentos insidiosos vaciados desde Miraflores. Culpan acalorados a los países vecinos, que están extenuados de recibir a emigrantes a borbotones y con el ánimo por el piso. Culpan al imperio, a la derecha, a la vía láctea y hasta a los pensadores inmemoriales por no crear teorías diversas de cómo sostener la aniquilación al lado de una sonrisa.

Ya los discursos son una narración al uso del manual cubano. Las mismas maquinaciones y los mismos entreveros. La apuesta es entretener con severidad a una población entumecida en su propia consternación.

Cómo quebrar el desaliento, cuando no existe economista lo suficientemente avezado como para ser optimista. Sólo el Centro de Documentación y Análisis para los Trabajadores (Cenda) develó que la canasta básica alimentaria está calculada en junio en 164 millones 200 mil bolívares, monto insostenible para un menguado salario mínimo que, junto a la cesta tique, suman cinco millones 196 mil 500.

La pregunta inquietante y con pensamiento deshabitado en confianza para muchos compatriotas es la de qué hacer. Cómo incubar esperanzas con un horizonte en penumbras y un puñado de malhechores inescrupulosos, haciendo de las suyas para mantenerse en el poder.

A veces cuando redacto mis artículos con mesura y reflexión, siento que me enredo en un dédalo interminable; girando en los mismos círculos destripados y en repetidos análisis. La realidad es que nos han llenado de contradicciones empecinadas por 19 años insufribles, que es común percibir y hablar sobre las mismas fechorías.

Una muestra perturbadora es su fórmula para saltarse a la torera todas las normas y lógicas gubernamentales: el invertir recursos por el apoyo del exterior, cuando en el país reina angustia y decepción.

Este patrón se observa, por ejemplo, cuando los venezolanos no consiguen las maneras para encender cada día el mismo cabo de vela en una oscuridad incesante, mientras el Gobierno financia actualmente a través de Pdvsa, las mejoras del servicio eléctrico en Bolivia, por medio de un proyecto de Ciclos Combinados de la Planta Termoeléctrica “Entre Ríos”.

A la sombra de todas estas medidas, debe prevalecer la fortaleza justa y el vigor heredado de nuestros libertadores. Las protestas en las calles y los paros laborales comienzan a percibirse con mayor continuidad en los últimos días. Nada es casual, al momento de reinar un terror irresistible ante el desconcierto y una forma de vida sin sentido.

Existen corazonadas de que algo sucederá. Las hemos compartido por tanto tiempo, en plena contrariedad y cuando el sendero escarpado se hace más complejo, que terminamos como acérrimos incrédulos. Pero no existe senda fácil para alcanzar las metas imprevisibles.

Sólo si nos ponemos de acuerdo y saltamos las barreras inhumanas que nos han impuesto, podremos destrabar el complicado crucigrama de la dictadura. Las palabras que faltan son determinación, unión y coraje, para llenar los espacios programados para la libertad. @Joseluis5571
José Luis Zambrano Padauy