El culillo es libre

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Nicolás Maduro aterrado, incrédulo, revolviéndose en su indignación comunistoide le costó aceptar la participación política contendiente del 06 de abril, que casi como el clarín ciudadano, demócrata con coraje, vergüenza y gentilicio democrático avisa que están dispuestos a reinstalar la democracia liberal en Venezuela. Ese marco de participación política contendiente frente a un régimen en contra, disminuido y responsable por la más grave desgracia económica, política, social y sobre todo humana, producida sobre una sociedad noble y buena no le quedó al régimen otra reacción que una huida sin sentido. Es tan torpe y cobarde, tan groseramente torpe, que lo único que se le ocurrió fue sacar del espacio de la política domestica frente a la enorme manifestación de rechazo, demandar públicamente un proceso de negociación.

Nicolás Maduro no entiende que sienten hoy 2019 los venezolanos y se atreve todo tembloroso a invocar de manera pública otro proceso de negociación. ¡Qué cobarde, qué absurdo, qué farsante!…. Nicolás Maduro invocando una Negociación. No ha terminado de comprender por ignaro que la única negociación que reclama la masa mayoritaria de venezolanos demócratas, es que abandone el poder. Que abandone el poder, porque desde hace tiempo lo está usurpando y lo usurpa por arbitrario al violar la Constitución, amparado además por un cuerpo armado cobarde, irresponsable y farsante que desde 2002 le dio la espalda a la ética militar, al espíritu militar, y a la responsabilidad del elemento militar frente a la sociedad de la cual deviene y a la cual regresa.
Nicolás Maduro y Padrino López por desconocer la política, por imponer la polemología a troche y moche desde el 20 de octubre de 2016, pero además porque le falta el coraje cívico de cualquier político para comprender que es depreciado y rechazado por la mayoría de los venezolanos, tiene que entender lo que significa la participación política contendiente del 6 de abril. Casi se le olvidó que son los ciudadanos quienes respaldan y sostienen a un gobierno, y la mayoría de los ciudadanos está exigiendo que se vayan. Y lo seguirá exigiendo hasta que ese evento ocurra más temprano que tarde. Es decir, con la transición política, la resistencia civil y la desobediencia ciudadana se arribará a la huelga general y tendrán que irse.

La huelga general de los demócratas en Venezuela, será la figura de rechazo para mostrar el mayor fracaso y desprecio por un grupo de asaltantes del poder político, que instrumentando de manera primitiva la supuesta eficiencia del militarismo hoy muestran a un país destrozado físicamente, territorialmente, organizacionalmente, peor… más grave aún un régimen lleno de corrupción, de incapacidad, y de perversiones capaz de haber creado una sociedad ahuecada, una calamidad político social que ha terminado en el más doloroso hecho político social, la diáspora. Diáspora que desde donde esté, anima, inyecta y fortalece el gran rechazo por Nicolás Maduro.

La huelga general, terminará de aterrar a Nicolás Maduro, pero no habrá negociación, no habrá diálogo, lo que habrá será la voluntad férrea, la decisión única, democrática y el ejercicio del poder político del ciudadano, reordenando la ecuación política de un país, que después de una democracia inconclusa ha tenido que padecer de un maldito militarismo obsecuente, comunistoide que ha permitido que Venezuela sufra y padezca la ignominia y la violencia de hombres y mujeres incapaces que ejerciendo el gobierno , solo lo han usufructuado para el asalto , para el negociado y para su beneficio personal.

El terror de Nicolás Maduro y su gobierno militarizado tiene que prepararse para el más crítico y definitivo espectáculo político que surgirá de la creciente transición política, de la mano del poder ciudadano. Entendido como la voluntad individual y colectiva para que la ecuación política democrática reinstale al sujeto, al ciudadano por encima de la colectividad y del Estado. A un ciudadano amante de la Constitución y de las leyes, consciente de que el siglo XXI le impone grandes responsabilidades, retos y metas donde quizás la primera, es vislumbrar en lo inmediato la República. República cierta, exigente, ordenada cercana al crecimiento y al desarrollo en todos los ámbitos pero fundamentalmente en el de la ciudadanía.
La ciudadanía ha comenzado a crecer, a inspirarse en el ejercicio de la política, ha sacrificarse en extremo en sus necesidades, a padecer limitaciones absurdas y a comprender que solo por este camino – el de la participación política contendiente- mediante la Transición Política, hará que el atemorizado Nicolás Maduro termine de verificar que no es presidente, que no es político, que no es nada en la política de Venezuela. Perdón…sí es una gran vergüenza, es un actor irresponsable, que por torpe e ignorante todavía no sabe, que la gran tendencia del mundo, es la democracia, y que Venezuela tiene el gen democrático por encima del grotesco militarismo perruno, que hoy de espalda a la República, intenta amedrentar a una ciudadanía valiente y dispuesta a reponer la democracia liberal. @JMachillandaP
José Machillanda