El momentum político

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El momentum político entre el 5 de enero y el 1 de mayo que ha generado una enrarecida expectativa, que se muestra como una realidad de marasmo sociopolítico, sin logros ciertos, sin organización, casi como un estancamiento que pareciera la consecuencia de las maniobras arteras del régimen castromadurista militarizado. Régimen atrabiliario ante la desesperación del demócrata, sibilina y perversamente ha incrementado la violencia selectiva, en mayor la cooptación alimentaria, es insufrible la hiperinflación y todas ellas actúan como mecanismo de presión, para que este presente hoy resulte indescifrable, controvertido, no direccionado. Este momentum político sugiere que cada ciudadano democrático exprese su civilidad. Civilidad como un virtud y como un vector de creación política, que coadyuve a aumentar la fuerza-energía que demanda un proceso de Transición Política. Transición política que es de socialización para el logro de nuevas alianzas, nuevos valores y nuevos compromisos para coincidir todos en un gran lealtad hacia la democracia, que hasta hoy ha resultado esquiva.
La oposición política no se ha podido arreglar como una masa cívica que muestre la decisión cierta de una participación política contendiente, y eso ocurre por cuanto no hay una comprensión diáfana de la magnitud de castromadurismo, y del soporte inmoral, primitivo y violatorio de la Constitución de hombres uniformados. El momentum político reclama de más y de mayor ciudadanía, que tenga clara la necesidad de dominio y control del espacio público, del desarrollo de la pericia sobre la participación. Participación organizada que muestre el bulto de indignación y de rechazo que siente una gran mayoría de hombres y mujeres, cansados y fatigados, casi acorralados, por traidores al gentilicio de la decencia y de la buena política del venezolano.

El momentum político de hoy y ahora necesita de mas civilidad, casi espontánea, innovadora, original, que sepa y admita que sólo y sólo con la política, es decir, demostrando autonomía y poder para expresar su desacuerdo con el régimen, se podrá reducir la variable tiempo y la variable espacio, para desalojar esta plaga comunistoide que de manera envalentonada y violenta cree tener el derecho a sojuzgar a hombres y mujeres decentes, sin impórtatele el destino de la república. Mucho menos el respeto a la decencia a una sociedad buena, que hoy está acongojada, convulsionada por la violencia policial y la maldad de cuerpos de asesinos de mal vivir regados por la geografía social y humana.

El momentum político, es decir, aquello que políticamente nos toca, nos afecta, nos irrita, nos hace llorar, que nos pone a sufrir está llamándonos a que cavilemos, nos reinventemos y con mucha premeditación le demos fortaleza a la civilidad organizada. Civilidad organizada que pueda constituirse en masa crítica para ir señalando el sendero exitoso en agrandar la participación, que conduzca a la mayor expresión democrática masiva, para sortear esta enorme violencia que ha logrado contenernos y disminuirnos en nuestro afán por la reposición de la Constitución y las leyes, para aproximar la restitución de la democracia como modo de vida.

El momentum político de hoy tiene que amarrarse a la ciencia política, sí a la ciencia política, para que cada ciudadano entienda que tiene poder y que sólo con su convicción democrática puede ser quien imprima mayor energía, energía que anime, que motorice, y que produzca el crecimiento critico para otear posibles y reales expresiones de cambio. El momentum político frente a este castrismo madurista militarista está retando al ciudadano, seamos entonces ciudadanos practicantes de la civilidad.
El momentum político tiene chance para distanciarse en otras expresiones politológicas cercanas o vinculantes a la política domestica ¡NO!, la política que se requiere es la política domestica, esa que crece en el barrio, en la comarca, en el caserío, en el edificio, en donde nos reunimos los demócratas para hablar, y ahora tenemos que hablar y organizarnos para hacernos más. Más por cuanto la transición demanda de energía, de pueblo para que ese momentum político que desde el 5 de enero hasta el 1 de mayo no ha podido agrupar la fuerza que necesita un proceso previo, crítico, determinante, que es desplazar mediante el rechazo de hombres y mujeres a este régimen, y a quienes mal usando las bocas de fuego creen que pueden seguir imponiendo las violaciones a la Constitución, a las leyes y al gentilicio democrático del venezolano.

El momentum político requiere de civilidad, que le de energía, energía contagiosa, prodigiosa, venezolanista, que se convierta en la antesala de una transición complicada, ciertamente, pero que evitando la violencia -que practica el primitivismo del castrismo militarizado- se exprese como la gran fuerza política de la mayoría de los demócratas, que no nos cansaremos en orientar nuestra civilidad para lograr que se disminuya la variable tiempo, que han venido instrumentando estos retardados, pero perversos operadores políticos, para debilitar la voluntad civilista y democrática del 82% de los venezolanos convencidos que la república renacerá como fruto de nuestra civilidad exponencial. @JMachillandaP
José Machillanda

Director de CEPPRO