¡LO MATARON!… Lo Mataron… Lo mataron

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Lo mataron, es el grito de dolor que muchos venezolanos incrédulos han repetido cuando jamás se imaginaron que la saña de estos dictadores caribeños, que más bien pareciera un grupo enfermizo espoleados por la barbarie cubana, fuera capaz de recordarnos las peores dictaduras militaristas que reseña la historia. De esa manera, el castrochavismo muestra del mayor desprecio por la política, del empleo vulgar de la fuerza sustentada en un Estado Polémico arbitrario y cobarde que todavía cree que con la fuerza puede detener la democracia y el gentilicio de la dignidad de la mayoría de los venezolanos.
Lo mataron, frente a los ojos del mundo y en presencia de nosotros los demócratas, por cuanto la dictadura y los cobardes matan para atemorizar… para crear pánico y para intentar doblegarnos como lo hicieron en la Cuba comunista a partir de 1959. Pero, al contrario, los venezolanos hemos respondido asociándonos como cristianos y como demócratas puestos, prestos y listos para dar repuesta cívica, cristiana e histórica frente a la demencia política cobarde. Lo mataron los comunistas de una Venezuela ofendida, acechada y hambreada por una estructura perversa que privilegia al patriota cooperante y que con un hilo conductor, que lo conecta con los almirantes y generales lacayos del socialismo a juro.
Sujetos que creen que gobiernan, cuando abusan, ofenden y desquician a una sociedad que ya por más de 18 años, ha venido siendo violentada a tal extremo que después de la guerra civil del año pasado tiene como su máxima y más dolorosa expresión política la diáspora. La diáspora, que simboliza el sufrimiento de una sociedad ahuecada, perseguida por el cuerpo armado, hambreada por la hiperinflación y matraqueada por el Estado Policial que en Venezuela está llena de delincuentes. Delincuencia toda política, armada y policial que no podrá con el deseo y empeño de reorientar la ecuación política mediante la Resistencia Civil para lograr la Transición Política, que es igual a la Democracia Liberal.

¡Lo mataron!, porque el régimen autocrático-militarista no puede entender que en una sociedad liquida la instantaneidad opera contra la brutalidad y la torpeza, pero además también con la incapacidad de una estructura maléfica, creen que pueden acallar el grito de libertad y democracia de jóvenes extraordinarios. Jóvenes extraordinarios que están dispuestos a enfrentar a la barbarie comunista para construir una República en la que funcione el Estado de Derecho fundamentado en una Constitución, que tiene ser el credo para el funcionamiento de la política en el espacio publico y para la ejecutoria democrática del ciudadano.

¡Siguen equivocados! ¡Están tan equivocados!… que todavía de manera, primitiva y torpe creen que la solución para la República es el socialismo a juro, primitivismo, ignaros y cobardes, le tienen miedo a la Constitución, a la ley y sobre todo a la Política, por eso es abrazaron desde el 20 de octubre del 2016 a la polemología y siguen creyendo que mediante los caporales, generales y almirantes van a sustentar absurdos como los drones o crímenes como ese líder mártir de la República, Fernando Albán. Fernando Albán vive y vivirá en su espíritu para fortalecer el sentido de responsabilidad y el ejemplo del liderazgo postmoderno democrático de Venezuela.
Lo mataron, de manera tan brutal, despiadada y cruel… y tal crueldad que se ha generado alrededor de este delicadísimo crimen una repuesta mundial de rechazo y una solicitud al gobierno para que explique, como régimen que a diario vive bailando las desgracias de los venezolanos, que fue lo que exactamente ocurrió por cuanto nadie le cree. El valor del mártir servirá de impulso para que el 80% que rechaza a este régimen coincida, paulatina y progresivamente, en la definición de la transición política que no es otra más que una acción comunitaria inclusiva y bien direccionada de Resistencia Civil, que por la vía de la desobediencia paralice mediante la Huelga General a este criminal gobierno, vergüenza de la contemporaneidad del mundo. @JMachillandaP
José Machillanda

Director de CEPPRO