El voto no es un acto de fe

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En democracia el voto es la herramienta ciudadana para otorgar poder, por períodos definidos constitucionalmente y conformar gobiernos investidos de legitimidad y autoridad, también para representar la pluralidad, para la toma de decisiones trascendentales y para controlar los excesos en que ocurrieran los gobernantes. ¡En dictadura, el voto es una burla!

Una burla que afecta a todos, a quienes votan por una tendencia u otra e incluso a los que se abstienen, porque con ventajismo, falta de garantías y controles, el resultado amañado afecta y es vinculantes para todos por igual. Y si además en esa farsa electoral participan opositores (o seudo opositores al régimen) aceptando los abusos, ilegalidades e inequidades existentes, limitándose a pedir el voto como un acto de fe, contribuyen a revestir al gobierno de una falsa legitimidad e imagen democrática.

Pretender derrotar la tiranía que gobierna Venezuela con votos, sin que se modifique el sistema electoral, es por decir lo menos, una incoherencia. En teoría, la oposición venezolana, está participando en el proceso de dialogo que se lleva a cabo en República Dominicana, con el objetivo principal de lograr condiciones que garanticen un proceso comicial, limpio, transparente y equitativo para procurar un cambio de gobierno de manera electoral y pacífica.

Hasta el día hoy, eso no ha sido posible, el régimen se niega a renunciar al ventajismo y al control absoluto que mantiene sobre el sistema electoral, sin embargo, ya algunos partidos políticos y algunos “lideres” han lanzados sus candidaturas presidenciales. ¿Como se puede hablar de candidaturas sin antes garantizar las condiciones electorales? ¿Vamos a ir a unas elecciones con una ANC todopoderosa capaz de modificar la voluntad ciudadana, alegando su carácter supraconstitucional? ¿Permitiremos que continúen las inhabilitaciones, para que el gobierno decida quién será su contendor?

La dañina anti política que sigue creciendo en el país, encuentra su mejor caldo de cultivo en decisiones como esa. Los políticos no pueden fundamentar su actuación exclusivamente en el pragmatismo maquiavélico que señala que el fin justifica los medios. La ambición de ser protagonistas, de imponerse como candidatos, dejando de lado los intereses del país, los ideales y valores democráticos y la búsqueda del bien común, son una muestra más de que algunos de los peores vicios que nos condujeron al chavismo siguen estando aún muy vivos. Y ratifica que la crisis que atravesamos también es moral y política.

La ambición por el poder parece cegar a algunos partidos y a sus jefes, que se distraen en una campaña extemporánea. Cada cosa tiene su tiempo y el sentido de oportunidad es indispensable en la política. Ya llegará el momento de hablar de candidaturas, pero en esta tragedia histórica que vivimos, es hora de exigir condiciones electorales justas y equitativas, de unirnos para garantizar que sea realmente posible-y no una utopía- el cambio electoral de gobierno que urge al país.

Para derrotar la dictadura de Maduro, la oposición necesita estar unida -sin duda- pero también requiere de desprendimiento y sobre todo de absoluta coherencia. Se hace indispensable dejar a un lado intereses y ambiciones personales, desechar la vieja política oportunista de buscar el poder como medio para alcanzar el provecho propio. Debemos volver a entender la política como un fin que persiga solucionar los profundos problemas que nos aquejan como sociedad y para generar las condiciones necesarias para el desarrollo del país. @judithsukerman
Judith Sukerman