La esperanza negra

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La expectativa que ha generado el triunfo de Obama es demasiado grande. Medio mundo cree que el nuevo presidente de los Estados Unidos puede contribuir, como nadie, a que vivamos en un mundo mejor. Hasta en los grupos radicales del medio oriente, los más furibundos y enloquecidos antiimperialistas hay registros de lejanas, pequeñas, milímetros de expectativas. Y no es para menos.

Obama gana venciendo primero a Hillary Clinton, luego a McCain y al partido republicano. Se pensaba que si para una mujer era una proeza llegar a la Casa Blanca para un negro representaba un imposible. Se tenía como un muro impenetrable eso que se conoce como la mayoría silenciosa norteamericana.

A esa enorme masa de votantes se les atribuían rasgos conservadores insalvables para quien, no solo por el color de su piel, esgrimía en su discurso puntos demasiado controversiales para un electorado reacio y hasta hostil a toda propuesta que significara algún cambio.

Pero, Barack no entro en contradicción con el sueño americano, al contrario hizo de su candidatura un gran reto. Logro que los estadounidenses votaran para que un hombre de color, nacido en Hawai y de padre africano llegara a la presidencia. Reafirmo que los Estados Unidos es el país de las posibilidades, de lo imposible.

La clave del triunfo demócrata puede que radique en dos apreciaciones. La primera y la más obvia es la crisis de Wall Street. La segunda radica en un discurso moderno integrador que logro construir una enorme mayoría partiendo del reconocimiento a las nuevas y a las tradicionales minorías. Latinos, mujeres, negros, desempleados, jóvenes, pacifistas, redes de internet, un gentío que se enteró de la existencia de un candidato de color, racional y sensible a través de la mensajería de texto de su celular.

Cierto que el voto por Obama representaba un castigo, un NO mayúsculo contra Bush. Un rechazo directo y claro a la guerra, al armamentismo, a la violencia.

Ahora, también es un castigo a la política o a la falta de ella del presidente y su partido frente a la crisis económica que se originó con la proliferación de los endebles créditos hipotecarios.

Fue una combinación de elementos, puesto allí a la hora y el momento preciso para demoler la tradicional mentalidad conservadora de la clase media norteamericana. A pesar de la votación y el esfuerzo de McCain, de la agresividad de su verbo, su imagen terminó siendo percibida como la de un hombre y un estilo viejo, distantes de la nueva y exigente realidad globalizada. Todo lo contrario del empuje y moderación de Obama. Un hombre espigado, de oratoria lucida, capaz de trasmitir fuerza y a la misma vez afecto.

Es difícil predecir si Obama llegará a responderle con certeza a la enorme expectativa que hay a su alrededor. A pesar de su empuje de trata de un estado con políticas rígidas, que no depende exclusivamente de quien lo dirige. Que tiene unos intereses y un proceder histórico. Pero, tiene más sentido apostar a las posibilidades de la paz, de diálogo que a seguir pensando que estamos condenados a ser dirigidos por la violencia y los radicales, vengan estos de la derecha o de la izquierda.

Y no es un problema de optimismo sino de futuro. Para entender hacia donde avanza este mundo globalizado de hoy, hay que abandonar los radicalismos, las posturas cerradas para adentrarnos en el complejo espacio de lo diverso.

Complejo, pero para superar la crisis económica, darle trabajo a los desempleados, asistencia médica a los necesitados, para eso, para mejorar las condiciones de vida de la gente, para devolverle la confianza al factor económico, se requiere de un discurso unificador, muy diferente a los que hemos conocido.

Una licuadora que pueda agarrar de aquí, de allá e inventar el argumento para producir más sin olvidarse de los que menos tienen.

Sirva el triunfo de Obama para sentir que a los caudillos como Chávez les está llegando su hora final. El discurso de la venganza, el odio y el resentimiento va quedándose en el camino, superado por otras visiones que le dan a la política un sentido de mayor tolerancia, más de futuro, de nuevos tiempos.