La realidad del chavismo

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Quienes creen que las inmensurables riquezas del país bastan para que el chavismo continúe en el poder están terriblemente equivocados. Son varias las razones, entre las más destacables:

En primer lugar, dichas riquezas en nada contribuyen al bienestar colectivo, al contrario, la corrupción y desidia (marcas de fábricas del chavismo) hacen que el día a día de los venezolanos sea un calvario, desde cosas tan sencillas como adquirir un producto de aseo personal hasta una medicina o repuesto es una odisea, por el alto costo o imposibilidad de conseguirlos. Ni hablar de los servicios públicos como transporte público, salud o educación, en lastimosas ruinas.

En segundo lugar, dicho manejo de recursos no le asegura al régimen apoyos internacionales incondicionales, apenas puede pagar deudas, el oscurantismo de las transacciones complican su panorama internacional, su inconstitucionalidad le impide entablar relaciones comerciales sólidas, ajustadas a derecho, principal característica que buscan los inversores.

En tercer lugar, el chavismo es una mata de bochornosas contradicciones, el garrafal error de la “constituyente” le pasa factura, la contradicción en el discursos de sus principales figuras solo colman de incertidumbre la atmósfera política. Además, todo lo que emane de ese cuerpo colegiado no tiene ningún valor para las naciones, organismos e instituciones más relevantes del planeta.

En cuarto lugar, en la concatenación de asaltos a la carta magna, el 10 de enero de 2019 Maduro verá finalizar su forzado extraining, Venezuela perderá así su primea magistratura, quedando únicamente con la Asamblea Nacional como único poder público reconocido mundialmente, paradójicamente, poder que el régimen desconoce, ha invalidado de la manera más vulgar posible, jurídicamente hablando.

En quinto lugar, el gobierno carece de credibilidad y confianza, así, nadie en su sano juicio se atreve apostar en un país llevado al darwinismo, donde no los más actos sobreviven sino los más “enchufados” bajo una ley consuetudinaria que ni el chavismo conoce, sumergida bajo parámetros de la informalidad, del “como vaya viniendo vamos viendo” y a quién rojo rojito beneficia más. De este modo, el Petro, los lingoticos y todo cuanto improvisa tiene la inevitable imprenta de fracaso.

En sexto lugar, ni la violencia institucionalizada le garantiza al gobierno su permanencia, el territorio nacional se encuentra abandonado en sus fronteras, día a día son noticias la incursión de grupos armados colombianos adueñándose de nuestras riquezas, el sistema de pranes tiene vida propia, las fuerzas armadas se han desdibujado de sus funciones constitucionales, la actividad delictiva ha adquirido un valor cultural que es probablemente lo primero que hay que atacar una vez finalizado el oscurantismo venezolano, denominado chavismo.

No hay gobernabilidad. Venezuela se encuentra administrada en idéntica manera a como lo hiciese el dictador Juan Vicente Gómez, sin auditorias, ni transparencia, bajo una cofradía cívico militar de compadres, hermanos, amigos que se pagan y se dan el vuelto. Reina la opacidad y la competencia interna por el poder, por los furtivos negocios engendrados en un país desinstitucionalizado.

El gobierno pende de un hilo deshilachado, depende de mantener desunida a la oposición orgánica y de mantener ocupado al pueblo en una sobrevivencia impuesta, lo que más teme es a la unión de los venezolanos, al surgimiento de un liderazgo que sea capaz de aglutinar el impresionante rechazo del que es víctima. El chavismo está agónico, desahuciado, en extremaunción. @leandrotango
Leandro Rodríguez Linárez