Un diagnostico político

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Como primera realidad, nos topamos con un gobierno en su peor momento histórico, incluso, más débil que en 2001 y 2002 cuándo Chávez, huyéndole a sendos referendos, provocó aquella coyuntura histórica de paros, manifestaciones, derrocamiento... se encuentra en extremaunción. Maduro 2018 se encuentra en terapia intensiva toda vez que sorteó la vía electoral con estratagemas al margen de la ley y la legitimidad. La comunidad internacional, luego se evitara el revocatorio en 2016 de una manera vulgar, jurídicamente hablando, se activó aguas abajo sancionando y aislando a los protagonistas del socialismo del Siglo XXI.

El proyecto de Chávez se sabía era insostenible, no se basaba ni en trabajo ni en educación, dependía no solo del boom petrolero sino de una receta autodestructiva: una institucionalidad partidizada que excluyó lo cualitativo, que creyó obviando (silenciando) los problemas reales en el flujo informativo del país, que consolidando una súper élite cívico-militar sacrificando a un pueblo extremadamente pacífico y entablando unas relaciones internacionales tarifadas, podía mineralizarse en el poder al estilo del castrismo ¡Se equivocó! A pesar que tiene dos décadas gobernando, desde hace tiempo su permanencia es forzada, esa condición día a día le genera grave consecuencias interna y externamente.

Segunda realidad, la oposición. La fortaleza del régimen es la debilidad de los venezolanos, recientemente han surgido “liderazgos” opositores tan forzados que obliga presumir posibles pactos con el gobierno. La oposición orgánica concentrada en la MUD cayó por su propio peso, la egolatría y mezquindad interna pudieron más que el amplísimo rechazo a su enemigo. La presunta reestructuración en la plataforma del Frente Amplio resultó un sin sabor, un desacierto que (dicho sea de paso) incluyó dos lúgubres figuras del chavismo, corresponsables del caos que nos agobia. Básicamente fue una misma MUD pero con desconexión repotenciada.

Ocurre un fenómeno que hace valorar al liderazgo y a los partidos políticos verdaderos, 8 de cada 10 venezolanos repudian al gobierno, pero la falta de propuestas y estrategias, la división en la oposición, hacen que ese repudio no afecte al gobierno como debiera. Desde luego, también debemos ser objetivos, debemos señalar que la labor opositora se ha convertido en una peligrosa ocupación, las instituciones que deberían ser del Estado y hoy son del Psuv acribillan a la oposición, la neutraliza ilegalmente, es allí donde se requieren liderazgos auténticos, estrategas… ese es el reto.

Como tercera realidad, nos encontramos con una población abandonada a su suerte, que ve empeorar cada vez más aprisa sus dolencias, población obligada depender de presuntas políticas sociales partidizadas, forzada a la militancia, sin embargo, las anémicas afluencias en los últimos procesos electorales dan muestras que el venezolano finalmente está reaccionando, poco a poco pero seguro, la crisis sin precedentes en nuestra historia se impone a cualquier cálculo político. En esta Venezuela legada por Chávez reina la incertidumbre, todo puede ocurrir en el marco de un gobierno artificialmente en el poder, de una oposición sobrepasada por la coyuntura y un pueblo que está haciendo uso de agotables reservas de paciencia. @leandrotango
Leandro Rodríguez Linárez