¿Vendo mi casa? Primeras respuestas

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La semana pasada compartí con ustedes la inquietud de un amigo sobre el dilema de vender o no su casa como protección a la radicalización que vive el país. Haciendo un resumen ejecutivo, diría que su esposa, luego de haber fallado en convencerlo de irse del país, considera conveniente que al menos vendan su casa, en la que tienen invertida una parte fundamental de su patrimonio. Él está convencido de que irse del país no es una opción: "para irme a pelar afuera, prefiero pelar aquí". Sin embargo, no le queda tan claro el tema de la casa. Él siente que, en efecto, su valor tiende a bajar, el dólar permuta a devaluarse en su contra y las posibilidades de sacar capitales se pueden complicar, por lo que la decisión económica de vender parece razonable. Sin embargo, no quiere hacerlo. La expresión que mejor resume sus sentimientos sobre el tema es: "Si vendo voy a ser profundamente infeliz" y en la práctica sería equivalente a decidir emigrar, cosa que descarta por ahora.

Antes de responder la inquietud de mi amigo pedí a los lectores que nos dieran su opinión. Pensé agregar algunas reflexiones de ustedes a mi respuesta, pero subestimé lo que pasaría. Nunca había recibido tantos correos, pero además, muchos con reflexiones seriamente estructuradas, que reflejan la relevancia del tema para ustedes. Es una inquietud que, evidentemente, muchos se han planteado.

Prometí responder, pero descubrí que no hay una respuesta única y correcta sino muchas dimensiones que merecen la pena ser evaluadas por separado antes de tomar una decisión tan importante, que en todo caso siempre será muy personal.

Decidí entonces trabajar una serie completa de artículos sobre este caso. Referiré la próxima semana los argumentos de los lectores a favor de vender el inmueble, entre los que cabe señalar la racionalidad económica de proteger el patrimonio en el medio de la radicalización política; la racionalidad financiera de vender un inmueble que acapara el patrimonio total de una familia, incluso si el país estuviera estable y la prudencia familiar de emigrar de Venezuela para buscar una vida digna y segura. Estos argumentos acapararon el 49% de las respuestas de los lectores.

La siguiente semana trabajaremos sobre los argumentos para no vender. Representan un 31% de las respuestas totales, donde una parte importante son de orden emocional: "hay que morir con las botas puestas, yo mi casa no la vendo, está hecha a mi medida, no podemos abandonar y dejarle el país a los malos".

Hay algunos que hablan de que los inmuebles mantienen el valor en el tiempo. Otros dicen que la crisis financiera puede terminar liquidando el producto de la venta y dejarte sin el chivo y sin el mecate.

Finalmente, un grupo cree que no tiene sentido vender, porque no deben irse del país, "para convertirse en una persona sin patria, porque muchas de las costumbres y valores del nuevo país jamás las aceptaremos o las entenderemos, pero cuando visitamos de nuevo nuestro país de origen nos damos cuenta que hay muchas cosas con las cuales ya no podemos vivir".

En el siguiente artículo pretendo abordar el tema bajo la perspectiva del restante 20% que cree que no hay respuesta única y que cada quien tendrá que decidir a quién privilegia en la batalla entre la racionalidad económica y la emocionalidad.

Cerraremos con un artículo escrito por los propios protagonistas de este caso, quienes por cierto no son una creación virtual, como parecen creer algunos lectores, sino que tienen nombre, son jóvenes y productivos, exitosos en sus trabajos y negocios y con hijos pequeños en quienes pensar.

Ahí espero que nos cuenten su experiencia alrededor de este ejercicio y ojalá nos adelanten algo sobre su decisión final, en la que ustedes están siendo factores fundamentales. Nos hablamos la próxima semana.

lvleon@cantv.net