Del “por ahora” de Chávez, al “por ahora” de Petro

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No pasó desapercibido, pero pienso que debió enfocarse con mayor énfasis el “por ahora” con que Gustavo Petro reconoció -a regañadientes- la noche del domingo que había perdido las elecciones colombianas con el candidato del “Centro Democrático”, Iván Duque.
Y la razón es, porque remitía a otro “por ahora”, al fatídico, atroz y abominable “por ahora” con el cual el teniente coronel, Hugo Chávez, reconoció la mañana del 4 de febrero de 1992 que, el golpe de estado que había intentado, horas antes, contra el gobierno democrático del presidente Carlos Andrés Pérez concluyó en un fracaso estrepitoso, escandaloso y criminal.
Dos circunstancias que, creo, no han debido asociarse, porque, una cosa es fracasar o triunfar en un acto violatorio de la Constitución y las Leyes y otra, hacerlo, exactamente, por la vía contraria, respetándolas y sometiéndose a su imperio y poder.
El Petro, entonces, que participó y perdió en las elecciones del pasado domingo no debió evocar a Hugo Chávez, el golpista venezolano que terminó siendo la peor desgracia para Venezuela y Colombia en lo que va del siglo XXI y más bien debió tener un gesto de reconciliación con el hombre con el que, posiblemente, se volverá a enfrentar en las urnas en cuatro años.
A menos que Petro esté pensando como el Chávez que fue derrotado por la democracia venezolana el 4 de febrero del 92, en insistir en la violencia, en un acto de fuerza que no podría venir vía electoral o golpista en una democracia consolidada como la colombiana, pero si llamando “a las armas” contra el orden constitucional imperante -y que preside desde el domingo en la noche, Iván Duque-, entre otros alegatos, porque el nuevo gobierno se niegue a reconocer el “Acuerdo de Paz” firmado entre Santos y las FARC que, como ha sido denunciado nacional e internacionalmente, viola la Constitución neogranadina.
A este respecto, nadie ha sido tan explícito como el mismo candidato perdedor, Gustavo Petro, quien, durante el discurso en que reconoció la noche del domingo su derrota ante Duque, abundó -aparte del “por ahora”- en la amenaza de que el nuevo gobierno no podía venir a “rectificar” y menos “anular” un “Acuerdo de Paz” que ya era constitucional y aceptado por ocho millones de colombianos, porque, entonces sí, era inevitable que “los amantes de la paz” desenterraran el hacha de la guerra.
Y a esta luz si suena coherente el “por ahora” de Petro, y, lo que es más importante, toda la política electoral del candidato de la “Coalición Petro Resistencia, “Alianza Verde”, Timochenko y el propio Santos, que no se propone otra cosa que asegurarle a la organización guerrillera -sea en el gobierno o en la oposición-, todas las ventajas que le cedió el llamado “Acuerdo de Paz”.
Lo cual no quiere decir otra cosa, sino que, el auténtico candidato electoral de los petristas es el “Acuerdo de Paz”, pues mediante el mismo, las FARC ganaron una guerra que habían perdido, se les ofreció impunidad por crímenes atroces que habían cometido a través de la llamada justicia transicional, se les pagó una suerte de reparaciones de guerra con sumas y bienes millonarios en pesos y dólares, y, premio de premios, se les cedieron zonas de influencia, en las cuales, su aterrizaje político, no se detendrá, sino avanzará.
Dicho en otras palabras, con la derrota del domingo, Petro, las FARC, Santos y quienes los apoyan, solo han perdido la presidencia a medias, pues de mantenerse el Acuerdo, al presidente Duque no le quedará otro camino que gobernar un 50 por ciento para el pueblo colombiano y otro 50 por ciento para cumplir con las ventajas que le aseguran a la guerrilla continuar controlando parte de Colombia…pero desde la calle.
Y porque se respete y reconozca tal dispendiosidad de la fortuna, o complicidad o debilidad de Juan Manuel Santos, vale la pena luchar, pelear, batallar, desenterrar el hacha de la guerra, amenazar con que si Duque, aconsejado por Uribe, Pastrana, Marta Lucía Ramírez y María Fernanda Cabal (verdaderos halcones y halconas de la violencia) atentan contra el “Sacro Acuerdo”, pues entonces a volver a las mismas, Petro, Timochenko, Iván Márquez, Rodrigo Granda, a desandar el camino andado, a volver a las selvas y llanos, que para eso media FARC están sin desmovilizarse, en regiones como el Putumayo, y el Catatumbo y en espera de una contraorden para hacer valer lo ganado, lo que tan bien tuvo Santos en entregarle después que Uribe se los había reconquistado.
Pero es aquí, también, donde se aclara la presencia del “Factor Maduro”, el sucesor de Chávez que, antes, o después de una extraña ruptura con Santos, viene llenando la zona fronteriza del lado venezolano de campamentos de las FARC y el ELN que, aparte de mantenerle controlados Estados como Táchira, Apure, Ayacucho y el suroeste del Estado Zulia, estarían prestos a unirse a la FAN de Cabello, Padrino López y Reverol, si es que la otra FAN, la democrática, se rebela y se une al pueblo para demoler la dictadura narcosocialista del exlíder autobusero.
Pero habría otra razón para activar al ejército irregular fronterizo y es para cruzar la frontera y fusionarse con los grupos no desmovilizados de las FARC que regresarían a la guerra que dura 50 años, que derrotó Uribe, resucitó Santo y ahora estaría en trance de desempeñarse en una suerte de Armagedón final.
Desde luego que, estoy hablando de un desenlace que no prevén, ni desean, la mayoría de los colombianos, venezolanos y latinoamericanos y que, quiera Dios, sea resuelto por la sensatez y la racionalidad y Duque y su gobierno puedan hacer las correcciones que precisa el “Acuerdo de Paz” y no se llegue a más nada, y el presidente electo de Colombia y el segundo en las preferencias, se vuelvan a encontrar en las elecciones 2022, y gane o pierda el que tenga que ganar o perder.
Quiera Dios, también, que la comunidad internacional, y primero que ninguno, el gobierno de Duque, se una al pueblo venezolano para poner fin a la mafia de narcomunistas que encabeza Maduro, que, si no lo paran, hará todo lo que esté a su alcance para convertir a los venezolanos y los colombianos en súbditos de Cuba.
Sin embargo, una disección del “por ahora” de Petro, y de su afirmación de que, cualquier corrección del “Acuerdo de Paz” es un pronunciamiento contra la paz y a favor de la guerra, y que los ocho millones de electores que votaron por el candidato de la “Coalición Petro Resistencia” y “Alianza Verde” responderían de la misma manera, nos fuerza a detenernos en las intenciones de las palabras y alertar hacia donde podrían conducir.
Claro, no sin antes intentar advertirle unas cosas a Petro: los ochos millones de electores que se anotaron por él en las boletas, no son, en su mayoría, hombres violentos, ni de guerra, sino que apuestan a soluciones negociadas que eviten la continuidad del desangre que por 50 años martiriza a Colombia.
En otras palabras, que ante cualquier tentativa de Petro de desbaratar la paz por negarse a aceptar lo que es un hecho indiscutible, la derrota de las FARC, lo abandonarían y se anotarán al partido de Colombia que representan Duque y Uribe. @MMalaverM
Manuel Malaver