Ajuste al salario mínimo e hiperinflación: Juntas como hermanas

María Auxiliadora Dubuc's picture

Venezuela se ha convertido en un país gris, poco a poco nos han cambiado los colores y ya nos vemos en blanco con tonalidades de negro, tal y como me lo mencionaba una amiga Yugoslava “Cuando en tu país, todo se torne gris, edificios, construcciones, calle y hasta la gente, habrá llegado el momento de partir”.
Pues poco más o menos, es por lo que estamos pasando hoy en día cuando en este país tropical, hasta el clima se ha tornado frio y gris. En este orden, la oscuridad que nos sofoca, comienza al despuntar el alba, así, apenas abrimos los ojos en la mañana, con ella damos la bienvenida a la mortificación, una angustia que nos invade cuando nos preguntamos cuánto costarán hoy los bienes y servicios fundamentales y lo más grave si lograremos adquirirlos con nuestros incipientes salarios, toda una tarea titánica.

En este orden, esta semana, Nicolás anuncia un aumento del salario mínimo integral y de las pensiones de los jubilados. Digamos que a Maduro no se le ocurrió nada mas menudo que triplicar el salario mínimo en el país, según él, a los efectos de contrarrestar lo que ha denominado la guerra económica de que ha sido objeto por parte de opositores y empresarios. Digamos mismo discurso, misma situación, siendo este solo un mero intento de tapar una hemorragia con una curita: de este modo, el ingreso de los venezolanos sigue siendo por mucho, el más bajo de toda América Latina. Se ajusto el salario en 1 dólar, más el aumento del cesta ticket 0,73 dólares, quedando el ingreso integral del trabajador en 1,73 dólares.

Según lo dicho por el Presidente su programa económico incluye la protección del ingreso del venezolano, por lo que la medida -aplicable a todas las tablas salariales- entrará en vigor de inmediato para hacer frente la situación de hiperinflación que nos golpea constituyéndose en un primer paso dentro de su nueva gestión, dirigida a “estabilizar y equilibrar” la economía.
La verdad que ya hemos explicado hasta el cansancio que los ajustes salariales en nada contribuyen a mermar la hiperinflación, sino que por el contrario la agravan, llevando los precios de los artículos de primera necesidad, de la comida y servicios a niveles inimaginables, alimentando así el espiral inflacionario.

Enfocándonos un poco, el problema está en que en Venezuela el poder del bolívar se ha ido a pique, los bolívares no valen nada, ni ahora, ni después con el cambio de nombre a bolívar soberano o con la reconversión monetaria, por lo que como ya hemos explicado antes, todo es consecuencia del colapso de un modelo económico sustentado en los controles a la actividad privada y un estatismo exagerado, así que como no se produzcan cambios en las medidas económicas, cambios integrales, tendentes a palear esta situación, la misma tenderá a agravarse irremediablemente.

El deterioro económico venezolano ha ido aparejado con un incesante aumento de la criminalidad. En 2017 se contabilizaron 26.616 muertes, entre las cuales se reseña una novedad: 5535 corresponden a “enfrentamientos con la autoridad”, es decir, son responsabilidad directa del Estado y en el 2018 los índices delictivos son impactantes.
El efecto social de este fenómeno es el “sálvese quien pueda”, es decir la huida a otros rumbos, porque no hay futuro, no hay independencia, la gente no puede comprar un carro, ni soñar con tener un hijo y a estas alturas ni comer se puede ya. Esta huida además se produce dados dos termómetros fundamentales. Uno es el tipo de cambio, que se dispara de la noche a la mañana y el salario no da para vivir. El otro es la búsqueda frenética de alimentos y medicinas, que ha empujado a los venezolanos a una sobrevivencia bajo la ley de la selva, una lucha sin reglas, donde “vale todo y nada vale”.

Así la hambruna llega al país, de modo que los venezolanos han perdido en promedio 11 kilos en los últimos dos años, al igual que otros datos aterradores: el 87 por ciento de los venezolanos se encuentra por debajo de la línea de pobreza; 8,2 millones de venezolanos comen dos o menos comidas al día. Todo ello además de que en Venezuela hay una crisis moral y social en medio de un hambre atroz.

El salario mínimo en Venezuela no alcanza para comprar un kilo de pollo, un kilo de carne o un cartón de huevos. Sin embargo, podría comprar 248.500 litros de gasolina de 91 octanos. Todo lo cual evidencia de manera certera que la incompetencia de este gobierno se traduce en la miseria del pueblo. Este país está hundido en el fango, mostrando fielmente que no hay nada tan caro como ser pobre. La situación es tan deprimente que el sentimiento que domina a los venezolanos no es el de superación ni la esperanza de una salida democrática, lo que más desean los habitantes de este país, es dejar de ver, así sea por unos pocos minutos, a Venezuela tal cual es; negándose a aceptar la realidad.

Cada día que pasa, un venezolano muere de hambre mientras otro es asesinado por un delincuente con o sin uniforme. Los recolectores de basura no son otros que los pobres desgraciados que solo consiguen alimento rebuscando entre los desperdicios. El futuro de este país entonces está en manos de madres indigentes traen al mundo niños que nacen para ser mendigos.

Así avanzamos al compas del paso arrollador de la hiperinflación que nos marca la pauta y el camino y en este orden, nadie quiere tener bolívares, ni en el banco ni debajo del colchón, ni en ninguna parte, de modo que apenas se reciben se gastan de manera frenética en supermercados, farmacias etc.

A la hiperinflación se suma la escasez de efectivo, que ha obligado a la población a hacer largas filas a las puertas de las agencias bancarias y ante los cajeros automáticos para obtener montos cada vez más limitados, porque efectivo no hay.

Sin embargo, el mundo sigue girando más allá de este pedazo de tierra suramericano, eso es evidente dado el precio del dólar. El dólar es la moneda del país que, según Maduro, quiere arrodillar a Venezuela, pero la realidad es aplastante, el dólar se ha convertido en la moneda más preciada por los venezolanos, de modo que para nadie es un secreto que aquí todo se cotiza en dólares, por lo que el dólar ha pasado a ser el referente de las transacciones entre particulares.

La de los venezolanos es una carrera contrarreloj por convertir todo lo que pueden a dólares. Los billetes verdinegros han empezado a circular para pagar actividades rutinarias. El pago en dólares puede surgir de manera espontánea. En este sentido, muchos venezolanos aspiran a tener un ingreso en dólares, así que han puesto su creatividad en función de lograr ese objetivo de las formas más variadas e inimaginables, inclusive incursionando en el mercado de las criptomonedas, donde han encontrado un refugio temporal.

El gobierno reconociendo de algún modo la situación también intenta subirse a este tren con su propia moneda virtual, el Petro. Se trata de la primera criptomoneda emitida por un gobierno en todo el mundo que cuenta con el respaldo de una reserva petrolera, sin embargo, hace una semana empezó la debacle y metieron preso a la persona designada a llevar a efecto el proyecto,

La realidad es contundente: el gobierno de Maduro no ha tomado ni una sola medida para contener la hiperinflación ni tiene intensiones de hacerlo, por el contrario sigue financiando el déficit de las cuentas públicas con dinero inorgánico emitido por el Banco Central de Venezuela y tampoco tiene previsto pactar un programa de ajustes con el Fondo Monetario Internacional.

El anuncio del aumento de salario realmente no sorprendió a nadie. La oposición venezolana ha acusado a Maduro de ser el principal responsable de la grave crisis económica que atraviesa el país y el dirigente, por su parte, ha aseverado que es víctima de una “guerra económica” librada por políticos de la oposición y empresarios con una especulación de precios cuyo objetivo es lograr su salida del poder.

Del otro lado, el pueblo cuya indiferencia es preocupante porque obedece a que el mismo discurso ya no convence ni suma, en este sentido lo que si sabemos a ciencia cierta y tenemos clarísimo es que los precios de los bienes y servicios más elementales se ajustarán disparándose al infinito y mas allá, en cuestión de horas, siguiendo la ruta de esta carrera hacia el precipicio del que otrora fuera el país más rico de América Latina. @mauxi1
María Auxiliadora Dubuc