“El futuro de la región se dirime en el país”

María Corina Machado's picture

Las democracias liberales de Occidente no van a permitir que se mantenga en Venezuela un Estado criminal que es un conglomerado de fuerzas antioccidentales, terroristas y narcotraficantes, decididas a expandir sus operaciones desde Venezuela al resto de la región; y que ya hoy están actuando para desestabilizar a países vecinos. No lo van a permitir; no pueden tirar la toalla o conformarse con la “contención”, porque la “revolución” criminal y anti-occidental tiene como propósito, precisamente, socavar las bases republicanas y liberales en todo el Hemisferio.

La resolución de la tragedia venezolana, que ha cobrado más de 300.000 vidas en dos décadas, y que suma cada día más muertos que no podemos ni siquiera cuantificar, no es solo una prioridad para nosotros, los venezolanos, lo es también para todas aquellas naciones de nuestro hemisferio que entienden que esta “revolución” aspira revertir en el cortísimo plazo los avances que en países como Colombia, Argentina, Brasil, Chile y Ecuador se han logrado en estos últimos años.

La acción concertada de estas fuerzas desestabilizadoras, sólo en los últimos días, ha producido graves daños en Colombia, desde los actos terroristas de grupos que tienen un santuario en Venezuela que cobran vidas de soldados colombianos, hasta la llegada del terrorista Santrich al congreso de este país.

Nuestros aliados en el hemisferio tienen muy claro que Maduro y su régimen no están dispuestos a salir del poder por vía electoral ni con falsos y débiles diálogos. Ha quedado claro que la ruta de la fuerza y el coraje tiene el respaldo de quienes entienden la naturaleza criminal de este sistema y que desde enero de este año nos han acompañado en este camino del 233, desconocimiento de Maduro y la búsqueda de una transición inmediata.

Es por eso que hoy los venezolanos demandamos al presidente Guaidó el cierre total y definitivo de las conversaciones en Noruega y que dedique todos sus esfuerzos a la construcción de una vigorosa y articulada coalición internacional para una fuerza de liberación de Venezuela que desplace a la fuerza de ocupación que se ha instalado en nuestro país.

Quienes acuden a Noruega resignados pensando que es la única opción que queda, parten de un error garrafal: creer que estamos en una posición de debilidad relativa frente al régimen. Los respaldos internacionales del régimen se han desplegado de manera descarada, articulada y activa para proteger la conquista y ocupación de Venezuela como punto de expansión de su proyecto, pero las fuerzas democráticas de Occidente tienen una capacidad muy superior a estas fuerzas criminales.

Quienes plantean que “hay que resignarse a lo que se ofrezca en Noruega” porque el presidente de los Estados Unidos pasó la página con Venezuela producto de su circunstancia electoral interna, están totalmente equivocados. Es precisamente lo contrario: el presidente Donald Trump le planteó a sus conciudadanos como su proyecto fundamental para el hemisferio, la liberación de Cuba, Nicaragua y Venezuela y se comprometió a liberarlo del crimen, la corrupción y el socialismo.

Que quede muy claro, el liderazgo y la responsabilidad fundamental de llevar adelante este proceso de liberación de nuestra Patria es esencialmente de los venezolanos. Sabemos que necesitamos sumar y articular las fuerzas aliadas, y para ello debemos transmitir la inequívoca determinación de avanzar por una ruta sin desvíos, sin traspiés, sin connivencia ni cohabitación con el régimen. Sólo así se construye confianza y se materializan los apoyos.

Este apoyo requerido no es una “invasión” o una intervención masiva convencional; como repiten los cubanos y quienes quieren inhibir la acción externa. Estamos en el siglo XXI, y libramos una guerra no convencional. Ganarla implica desplegar un proceso integrado y coordinado en múltiples planos: inteligencia, ciberespacio, diplomático, económico, judicial, policial y militar, por parte de una firme y articulada coalición donde prevalezca la confianza y la responsabilidad mutua. El objetivo ya no es solo liberar a Venezuela; es también impedir que la desestabilización con fines ideológicos y criminales siga avanzando en Colombia, Perú, Ecuador, Chile, Argentina, Brasil y otros países de la región.

Finalmente, es igualmente prioritario que nuestros aliados internacionales sepan que tenemos la capacidad de avanzar en una transición ordenada e irreversible; que tenemos la conciencia histórica para establecer acuerdos políticos sólidos e inclusivos y que la salida del régimen permitirá liberar a nuestros cuerpos de seguridad civiles y militares, que neutralizarán a los grupos paramilitares.

Hoy, como hace 200 años, la batalla por el futuro de nuestra región se libra en Venezuela. Y tenemos una sola opción: ganar. @MariaCorinaYa

María Corina Machado