Injerencia humanitaria

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La agencia de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) tiene incluida a Venezuela en la lista negra de aquellos países que presentan graves problemas alimentarios, y esta es una realidad inocultable que el régimen inútilmente niega con sus consabidas mentiras. En tal sentido, la crisis humanitaria en nuestro país es noticia que recorre el mundo cuando se muestran dramáticas imágenes de personas de todas las edades comiendo de la basura, y se cuentan por miles los que pasan inútilmente largas horas en una cola para tratar de adquirir un producto que casi nunca llegan a encontrar. Y, paradójicamente, todo esto ocurre en un país inmensamente rico en petróleo y otros recursos naturales.

El régimen, que desde sus comienzos se encargó de destruir el aparato productivo, se encuentra ahora imposibilitado de satisfacer las necesidades básicas de la población en materia de alimentos y medicinas. Por negligencia e impericia, no están en capacidad ahora de hacer frente a esta situación que cada vez se agrava causando mayores sufrimientos. En Miraflores, de una manera torpe y empecinada, se niegan a aceptar cooperación internacional, porque hacerlo sería reconocer el fracaso de sus políticas “socialistas”, y, por lo tanto, prefieren que el pueblo sufra en carne propia todas estas calamidades que diariamente muestran sus resultados con personas fallecidas por desnutrición y falta de medicamentos, especialmente en la población infantil.

El panorama se nos presenta muy oscuro. La situación económico-financiera continúa adquiriendo graves características, con un nivel de agobiante hiperinflación, y eso lo sienten día a día los venezolanos. La crisis humanitaria ya desborda las fronteras. Con la diáspora, un éxodo masivo de unas 4 millones de personas se encuentran en situación de penuria en diferentes países, y que huyeron del terror de la inseguridad, la hambruna y el acoso de la dictadura, para llegar a un país desconocido sin contar con medios de subsistencia. No hay medicinas y, por lo tanto, han reaparecido enfermedades que habían sido erradicadas, tales como la malaria, endemia que causa estragos en la población, pues se registraron el pasado año más de 350 casos. Este cuadro doloroso ha sido certificado por la Comisión Interamericana de Derechos Humanos de la OEA, la Organización Mundial de la Salud y la alianza humanitaria de la Iglesia Católica, Cáritas.

Lo absurdo es que nada más a Pdvsa le robaron, en estos últimos años, más de 120 millardos de dólares. Estas son las secuelas del régimen madurista, y este drama es denunciado constantemente por Antonio en los diferentes foros internacionales, ante una audiencia asombrada de este terrorífico cuadro. Se está impulsando la idea de la injerencia humanitaria con todas sus implicaciones, porque es de mucha urgencia salvar a los millones de venezolanos que se encuentran secuestrados, y evitar que continúen muriendo seres humanos por falta de medicinas y alimentos, y en esto, Venezuela necesita de la más amplia solidaridad a escala mundial.
Mitzy C. de Ledezma