Dictador paraguayo ordenó la muerte de Fidel Castro

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“En nuestro país reina una democracia de fachada porque vivimos al margen de la ley. Las autoridades no respetan la Constitución, ni las leyes. Tenemos un Estado incapaz de garantizar la salud, la educación, la vivienda, el trabajo, la seguridad de sus habitantes y un salario justo”. Esto lo expresó el profesor paraguayo, Martín Almada, quien fuera acusado de terrorista, preso y torturado, durante 3 años, por el régimen dictatorial de Alfredo Stroessner.

Almada promovió la creación de una cooperativa de vivienda bajo el nombre de: Villa del Maestro, pero para Stroessner el cooperativismo era sinónimo de comunismo. La cooperativa logró el apoyo de algunos artistas argentinos quienes ofrecían festivales. A través de esta ayuda lograron la proyección, en Paraguay, de la película: “El Profe” de Cantinflas. El filme gustó tanto que decidieron enviarle una carta de felicitación al mexicano.

Tres meses después, por intermedio de la embajada de México, recibieron la noticia de que Cantinflas vendría al Paraguay a ofrecer un festival a beneficio de los maestros. El ministro de Educación de entonces, Raúl Peña, convocó a Martín Almada de urgencia a su despacho para comunicarle que el gobierno paraguayo, jamás permitiría que Cantinflas pisara esa tierra, porque era comunista. Además, el ministro advirtió a Almada que dejara de practicar la democracia en el aula y le prohibió continuar la divulgación del libro de Paulo Freire: La Pedagogía del oprimido.

El anticomunismo del dictador paraguayo Alfredo Stroessner quien gobernó Paraguay entre 1954 y 1989, se tradujo en una feroz represión contra sus opositores, fueran o no comunistas. Esta situación llegaba hasta un grado esperpéntico, como lo fue la orden de sacrificar un toro, por el nombre que le habían puesto. Este hecho lo narra Martin Almada en sus “Retazos de mi testimonio carcelario”, un proyecto de libro que recoge sus vivencias en la cárcel, entre 1974 y 1977. Cuenta que le tocó asistir al interrogatorio de un campesino de apellido González, propietario de un toro al cual había nombrado “Fidel Castro”. Era un semental bovino reconocido por sus dotes reproductivas.

Relata el maestro paraguayo que a partir de entonces se ordenó la ejecución del “subversivo animal” y la detención del campesino. Debía rendir declaración del porqué del nombre del toro. También para que admitiera su simpatía con Castro, cuyo nombre era anatema en el Paraguay de Stroessner. En ese interrogatorio, en la “sala de tormento” del Departamento de Investigaciones, en Asunción, dos policías golpearon al campesino mientras que este aseguraba que ni siquiera sabía quién era Fidel Castro. Según el campesino, había puesto el nombre al toro por sugerencia de un amigo, quien le dijo que el animal se comportaría como el dictador cubano, en materia de fecundación. Almada fue testigo de ese interrogatorio, mientras esperaba ser interpelado en la misma sala.

Los testimonios de Almada reflejan la catadura moral y cultural de una dictadura que “presumía de ser el país de la democracia sin comunismo” y también la de algunos de sus protagonistas como Pastor Coronel a quien define como un monstruo. “Era un nazi fascista. Me hizo comer excremento y tomar orina durante los interrogatorios. Es responsable de la tortura y muerte de mi esposa”. Señala Almada.

En documentos descubiertos por Almada en 1992, en una dependencia policial de Asunción, queda expuesto el virulento anticomunismo de Stroessner. A decir de los organismos de derechos humanos de Paraguay, Coronel sistematizó los procedimientos de tortura y terror político de la dictadura. Por sus manos y métodos pasaron miles de paraguayos, muchos de los cuales jamás volvieron a ser vistos. Así mismo este torturador había bautizado a sus prácticas como: “constitución nacional”. A los cables trenzados terminados en bolas metálicas y al agua fétida con excrementos y orina, en la que los presos eran sumergidos hasta que perdían el conocimiento, el verdugo los calificó como “derechos humanos”. Además, llamó “democracia” a toda clase de cachiporras.

Durante el régimen dictatorial de Stroessner se persiguió inmisericordemente a los adversarios ideológicos: “Stroessner era el líder espiritual del anticomunismo y su Gobierno fue el de la paz y progreso. Era el país de las maravillas” dijo un dirigente del Partido Colorado, organización que apoyaba al dictador. Este relato nos demuestra que los dictadores siguen siendo tan sanguinarios como siempre y que los métodos de torturas se siguen aplicando, a pesar del avance de los pueblos en materia de derechos humanos. Los procedimientos sanguinarios de tortura siguen siendo los mismos, solo han variado los actores.

Noel Álvarez
*Coordinador Nacional del Movimiento Político GENTE

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