La paz es el camino

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Hace unos cuantos años, mi padre fue a la oficina de identificación en Trujillo a tramitar la cédula de identidad de uno de mis hermanos. Le pidieron llenar un formulario que, entre otros datos, preguntaba la ocupación: Mi progenitor, escribiendo por mi hermano, redactó: “justicia”, palabra que también quiere decir juez. Mi padre fue uno de los primeros jueces de paz en Venezuela. El encargado del ente gubernamental leyó “justicia”, frunció el ceño, cambió de color, sus manos le temblaron y dijo: “¿Justicia? ¡Justicia! está bien su observación señor Álvarez, en este país necesitamos una justicia verdadera”, apuntó. Por cierto, continuó diciendo, “la semana pasada, otro paisano nuestro, anotó en esa misma casilla: la paz”. Pasado el tiempo, me quedé reflexionando sobre este pasaje y concluí en que, los trujillanos tenemos un sentimiento y una aspiración muy arraigados, por la paz. No en vano en nuestro terruño se encuentra el monumento de la Virgen de la Paz.

Desde tiempos inmemoriales, la paz siempre ha librado una dura batalla contra el caos, la destrucción y la guerra. A todas estas, ¿qué es la paz? La paz es un valor fundamental en la vida de las personas, de las familias y de las naciones del mundo; es el fruto de saber escuchar, de no estar en el poder para ser eterno como gobernante, de entender y atender las necesidades ajenas, antes que las propias; es lograr la armonía de las personas consigo mismas, con la sociedad y con la naturaleza. El político mexicano, Benito Juárez, acuñó esta frase: "Entre los individuos, como entre las Naciones, el respeto al derecho ajeno es la paz". Nuestra época es un tiempo de intranquilidad. Hay guerras entre naciones, conflictos armados en otras y violentas disputas en la mayoría. Curiosamente, cuando algunos se ven con el agua al cuello, claman por paz y ofrecen amor, otros besan crucifijos.

En 1940, durante la II Guerra Mundial, Hitler hizo un llamado de paz a la Gran Bretaña, a través de él instó a Churchill a firmar un armisticio por el bien de su nación. El discurso, no obstante, conmocionó e indignó a los habitantes de las islas, que clamaron por la continuación de la guerra. Al conocer la respuesta, Hitler señaló: “de Gran Bretaña escucho tan solo un grito, no del pueblo, sino de los políticos, afirmando que la guerra debe continuar. No sé si estos señores ya se han hecho a la idea de lo que será la guerra a partir de ahora. Dicen que van a continuar y que, aun cuando Gran Bretaña esté perdida, seguirán la guerra desde Canadá. Me cuesta creer que quieran decir con esto que se llevarán a toda Gran Bretaña a Canadá. Es de suponer que solo los caballeros interesados en la continuación de la guerra irán allí. La gente, me temo, tendrá que permanecer en Gran Bretaña”

“Señor Churchill, sin duda ya habrá enviado a Canadá el dinero. Para millones de personas, sin embargo, comenzará un gran sufrimiento. Señor Churchill, usted debería, por una vez, creerme cuando le profetizo que un gran imperio será destruido, un imperio que nunca fue mi intención destruir o dañar. Por ello, siento que es mi deber, por mi propia conciencia, apelar una vez más a la razón y al sentido común de Gran Bretaña. No hay razón para que esta guerra continúe”, concluía Hitler.

Durante las salvajes hostilidades de la II Guerra Mundial, David 0. McKay. Educador y religioso estadounidense dijo: “La paz solo se consigue y se mantiene cuando triunfan los principios de la paz y son vencidos los enemigos de la concordia: el odio, la envidia, la ganancia por medios ilícitos y el dominio injusto de unos sobre otros. Dejarse llevar por esos males ocasiona desdicha a las personas y conduce a la guerra”.

Hay lugares en los que se asesina todos los días y hay otros en los que reina el odio. En todos lados, la paz es la que sufre. “La paz no es simplemente la ausencia de conflicto; la paz es la creación de un entorno en el que todos podamos prosperar, independientemente de la raza, el color, el credo, la religión, el sexo, la clase, casta o cualquier otra característica social que nos distinga”, dijo Nelson Mandela.

La historia nos recuerda que los pueblos que alguna vez combaten, continúan odiándose por siempre y algún día se confrontarán de nuevo, mientras que, cuando las tendencias en pugna se perdonan, gozaran de paz y prosperidad perpetua. Este es un llamado a deponer las tendencias belicistas que en algunos momentos afloran en nuestro país y que, incluso, son estimuladas desde algunas instituciones, civiles y militares. Por cierto, el perdón no significa impunidad, en ningún orden, ni está encaminado a esconder violaciones a derechos fundamentales. Concluyo, quienes se perdonan pierden el deseo de dañarse unos a otros porque su mayor deseo es vivir en paz.

Noel Álvarez noelalvarezcamargo.wordpress.com

*Coordinador Nacional del Movimiento Político GENTE

Noelalvarez10@gmail.com