La ruta es electoral

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El voto no solo sirve para elegir, también es un instrumento de lucha, una manifestación de inconformidad, una expresión de rebeldía en contra del ejercicio abusivo del poder, una muestra de civilidad y, sobre todo, una herramienta que funciona a manera de detonador frente a la posibilidad, partiendo de los resultados que de una elección fraudulenta deriven, se inicie un proceso que desemboque en un gobierno de transición hacia la democracia.

El voto en un gobierno como este es una oportunidad de organizarnos y manifestarnos masivamente en contra del régimen y forzarlo a que se deslegitime a sí mismo mediante el fraude.

Aquellos con posiciones inamovibles y quienes buscan soluciones que muy difícil ocurrirán, desde Unidad Visión Venezuela les queremos hacer un llamado a que rectifiquen, urge que prevalezca la coherencia sobre la fantasía, la salida es constitucional, el triunfo electoral y la herramienta el voto.

Pero además aprovecho para citar lo que decía en una entrevista la activista cubana por la libertad y los derechos humanos Rosa María Payá. “Sumar y unir no significa que pensemos igual, ni que estemos de acuerdo, ni que nos caemos bien; significa simplemente que tenemos una prioridad: la libertad de Cuba”; en nuestro caso, la libertad de nuestra amada Venezuela. En Unidad Visión Venezuela estamos convencidos de que todos hacemos falta.

No se puede continuar haciendo política desde las vísceras, hay que usar el cerebro. Seguir en la confrontación es simplemente continuar en un callejón sin salida, en donde ambos extremos continuarán con las mismas excusas.

Desde Unidad Visión Venezuela estamos claro, y vamos a seguir impulsando el voto, con nuestros líderes llegando a cada rincón de Venezuela, hablándole como siempre, con la verdad a nuestro pueblo.

Sabemos que tenemos un gobierno mentiroso y tramposo, pero no podemos abandonar la vía electoral. Sobran los ejemplos no solo en América Latina, sino en el mundo.

Coincido con el profesor John Magdaleno, al decir que es un grave error el asimilar toda participación electoral (en cualquier consulta y bajo cualquier estrategia) a una cohabitación. El ejemplo más reciente es el de la oposición boliviana que participó en una elección que sirvió de contexto a un ulterior pronunciamiento militar. O es que si al final en Bolivia se iniciara una transición a la democracia, seguiría este sector abstencionista afirmando que la oposición cohabitó con el régimen al participar en las elecciones.

Pero, como muy bien ilustraba el profesor Magdaleno, ejemplos hay muchos: Toledo en Perú en el año 2000, Walesa en Polonia a finales de los ochenta e inicios de los noventa, la oposición dominicana en 1978 en tiempos de Balaguer, la oposición en Serbia en tiempos de Milosevic. En fin, participar en una elección no es cohabitar si lo que pretendes es socavar las bases de respaldo del régimen no democrático y estimular una crisis de legitimación en el seno mismo de la coalición dominante que le da soporte.

Está comprobado en unos cuantos casos -de la centena que al menos se han estudiado- que los militares encuentran muchos más incentivos para intervenir cuando hay una mayoría robusta que se expresa y comunica voluntad de lucha. Tenemos que actuar con inteligencia estratégica y proponer rutas útiles.

Hay que eliminar esas frases vacías de esta “dirigencia” política con las que no hemos ni vamos a llegar a ningún lado.

Comenzando con el fulano mantra (“cese de la usurpación; gobierno de transición y elecciones libres”), pasando por el “vamos bien”, con el cual basta con darse una vueltica por cualquier sector popular, así como seguir afirmando expresiones que la gente quiere escuchar, pero que están alejadas de la realidad como: “la dictadura está acorralada, derrotada, nos atacan porque nos tienen miedo", entre muchas otras.

Omar Ávila

dip.omaravila@gmail.com