Y el que no guise ¡tampoco come!

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Fanfarrones, jaquetones, perdonavidas. Guapos, cuando van embutidos en sus chalecos antibalas y apoyaos, por un enjambre de guardanalgas -perdón, guardaespaldas. Pero correlones y asustadizos, en el lance hombre a hombre. La tarde del dron magnicida, en la avenida Bolívar, Caracas, lo vimos dar ejemplo, al, muy urgente, evacuar la tarima -evacuarla, literalmente- dejando, tras de sí, a su señora esposa, abandonada y triste. “¡Esa vieja, que se j…!” . Misma voz de mando oída y además vista en la videograbación del escrache de ciudad de México -los interesados pueden deleitarse viéndola en YouTube- de quien en medio de un carrerón dejó a, su propia madre, a merced de dos zagaletones, que no eran (gracias a Dios) sino un par de bolsas. Y si la cosa se pone demasiado, fea, se arrodillan, a lo general Madrino.

“El que no vote no come”. La amenaza, retumbó en medio de una de las tantas tronas, mentales y sentimentales, del procerato de narcotiranos. Dirimen, entre ellos, quién es el más miserable, el menos dotado moral e intelectualmente, el más encumbrado en el ranking nacional de la vesanía animal o vegetal. Todo vale para ascender en la narconomenklatura y afianzar “liderazgo”.

La roboLución, se aprovecha de cualquier infortunio para amenazar, extorsionar, reprimir. Y para guisar, porque ese es su ethos, su leivmotiv, su letanía, su razón de ser. La RoboLución guisa para vivir y vive para guisar.

¿Y qué se creía, el “señor” Alex Saab, hoy preso en Cabo Verde? A rey de la comida podrida, preso; rey de la comida, podrida y con sobreprecio, puesto, a tenor del nido de animalitos, de esos que saltan de primeros, por las bordas, que se disputan el trono, del hoy, exrey. Léanse, Nicolasito, los generalotes, los faes, que contabilizan -hasta ahora y que se sepa- un secuestrado, desaparecido y ya cadáver. Si Saab, chequera en mano, logra salir libre de Cabo Verde, haría mejor en entregarse en EE UU. Si regresa a la ex Venezuela, también, es hombre muerto.

El que no vote, no come. Se valen de la hambruna compatriota que han desatado la corrupción con furor de Mesalina, la ineptitud, la desvergüenza, el saqueo desaforado. Todo aquél que no se preste al fraude electoral del 6 de noviembre, en cámara lenta y cámara rápida, con movimientos espasmódicos, de película muda, tampoco come. El que viva del trabajo, honesto, tesonero, de sol a sol, menos, todavía, come. El que use cuchara, tenedor y cuchillo ¡que muera de inanición! porque el Hombre Nuevo del cual hablaba el Felón Eterno, debe ser, imagen, semejanza de las peores bestias y engullir, a dentelladas.

El Primero, el Segundo y demás integrantes del procerato roboLucionario, están gordos a reventar. El que guise, sí come. Por las orejas, las fosas nasales, por todas sus oquedades corporales, rebosan opulencia. El que narcotrafique, el que le ceda parte del territorio del expaís, a los faracos, elenos, a las mafias, chinas, turcas, iraníes, cubanas, rusas. Los que torturen. Los que martillen a los parroquianos que deambulen por los poblados y ciudades, tras unos mendrugos. “Ciudadano, por favor identifíquese y tenga la fineza de entregarnos ¡y sin chistar, carrizo! los dolaritos que cargue encima”. Esos, unos más otros menos, también comen.

La oposición esquirol, colaboracionista, tarifada, que vote y pretenda convalidar el fraude electoral, del próximo domingo, también come. No será por mucho tiempo. Van a ver. @omarestacio

Omar Estacio Z.