¡Que se vayan todos!

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No lo estoy afirmando por convicción. Tampoco como deseo. Lo hago como alerta repasando lo que ha ocurrido en buena parte de esta Latinoamérica nuestra tan convulsionada y contradictoria. Esa expresión, en los países protagónicos de su origen, fue producto del hastío, de la fatiga de unos pueblos cansados de los malos gobiernos y de las oposiciones irresponsables, de la demagogia, del disimulo y de las mentiras para que todo continuara sin cambios mayores. No es todavía la situación exacta de Venezuela, pero hay síntomas y rasgos que deben reconocerse y ser atendidos de inmediato.
A estas alturas de una vida intensa, dedicada a la política como arte y ciencia al servicio del bien común, continuaré como siempre diciendo lo que considero verdadero y justo sin intentar complacer a nadie. Pero los viejos políticos que vamos quedando, bastante rezagados por cierto, y los nuevos que ya no son tan jóvenes, estamos obligados a ejercitar la razón frente a la realidad que vivimos. Todo está sobre diagnosticado. Estamos hartos de acumular hechos y noticias inútilmente. Por eso y mucho más, me permito recordar que el arcaísmo, la inercia mental y las destrezas abstractas generan errores y peligrosas desviaciones.
No me hace feliz tener que decir algunas cosas, pero debo hacerlo aunque sea por esta vía pública. En privado se me hace cada vez más difícil por la incomodidad que siento generan algunas convicciones en los contados interlocutores, pero ya basta de manosear torpemente la realidad sin tratar de cambiarla con la seriedad que el momento reclama. Hay ausencia de un verdadero y coherente pensamiento político sustentado en principios firmes. Aunque se hable de política, no se está haciendo con P mayúscula.
Los vacíos políticos también se llenan. Normalmente son ocupados por otras presiones “impolíticas” derivadas de la demagogia, del militarismo, de factores económicos o financieros, del mundo internacional que incluye al narcotráfico y al terrorismo en plan protagónicos.
No me ha sido fácil escribir las líneas de esta semana, pero me siento obligado al convencerme de que se le saca el cuerpo a lo fundamental. Por temor, por cansancio, por cálculos oportunistas, algunos evitan la inevitable e irreversible confrontación indispensable para lograr el objetivo del cambio de régimen en el menor tiempo posible.
Ya basta de ese electoralismo agudo que tanto daño sigue haciendo y la candidaturitis crónica que desvía los esfuerzos del objetivo central. Entiendo que los desacuerdos son inevitables en una oposición hija legítima del pluralismo democrático, pero inaceptable la desviación o imposibilidad de lograr entendimientos claros entre la libertad y la tiranía, entre la democracia y la dictadura.
No se trata de ser fieles al pasado que no volverá. Lo que pedimos es trabajar para construir el futuro desde un presente que reclama decisión y coraje por encima de consideraciones secundarias e intereses personales o de grupo. @osalpaz
Oswaldo Alvarez Paz