El gabinete de sombra de Maduro

Pedro Elías Hernández's picture

Hay quienes afirman que la revolución bolivariana está sobregirada. Es posible, pero si es así ¿por qué? Y la respuesta hay que buscarla en la calidad de oposición que ha tenido enfrente hasta hoy. A mi juicio, una aproximación es identificar en el gobierno a un grupo autoritario de inescrupulosos y de criminales. Esta caracterización es incorrecta, no por simplista, sino por otra razón. Olvida algo básico. No se está enfrentando a un gobierno o a un régimen, se está enfrentando a una revolución en el poder, lo cual es mucho más letal para cualquier país. Lo que se deriva de tal cosa y que define su naturaleza es que las revoluciones y los revolucionarios creen estar del lado correcto de la historia, una idea muy viciosa y deformante, lo cual hace a las revoluciones y a los revolucionarios sujetos políticos muy peligrosos.

No existe tal cosa como el lado correcto de la historia, existen ideas o causas moralmente correctas, que es otra cosa muy diferente, ya que lo primero nos remite a lo peor del determinismo de la teoría marxista, que instruye a los que detentan el poder en nombre de esas ideas, a cumplir inflexiblemente y a cualquier precio el mandato de sus profecías sociales. El gulag en la extinta URSS, el paredón cubano y el Muro de Berlín, por citar sólo algunas, son imborrables afrentas públicas legadas por la utopía socialista.

El error básico de la oposición venezolana es que no ha entendido la naturaleza de su adversario. Siempre lo desafía en su terreno. El conflicto es la ley de vida de las revoluciones, se les da muy bien, están en su elemento. Es su fortaleza. Su debilidad: todas las revoluciones degeneran siempre en gobierno, una verdad que amarga y tempranamente descubrieron en 1910 los revolucionarios mexicanos. “Y la revolución degeneró en gobierno” célebre frase que se le atribuye a Emiliano Zapata.

Lo lógico sería combatir a la revolución bolivariana de manera sistemática y orgánica en atención a su altamente deficitario desempeño, en su precaria gobernanza. Esto requiere gran sentido del oficio político. Demanda una acción constante de partidos políticos, asociaciones y gremios que cuestione de forma cotidiana las carencias sociales y planteé soluciones a cada problema, en cada momento y sitio. Nada de eso caracteriza a los factores que antagonizan al chavismo. Por el contrario, lo que hemos visto son movimientos y maniobras temerarias que de forma episódica se activan cada cuanto tiempo, con resultados muy pobres. Esta es la verdad que está detrás de cada fracaso opositor. Lo que no deja de ser notable es que, de forma casi espontánea, el músculo democrático venezolano responde, una y otra vez, a pesar de las derrotas y se vuelve a levantar por su enorme apego a la libertad. Pero no hay que confiar demasiado en que esto siempre ocurra. Desafortunadamente lo que se conoce en la disciplina de la demografía como “factores de expulsión”, está provocando la inmensa diáspora venezolana que trágicamente conocemos. Tal fenómeno a la larga puede dejar dentro del país sólo a una población resignada y cada vez más envejecida que viva de las remesas y del emprendimiento de los millones que decidieron irse.

Sin embargo, al gobierno de Maduro, le viene de perla las sanciones económicas de EE.UU y Europa occidental. De hecho, le asigna la responsabilidad de todo o de casi todo lo que ocurre al enemigo externo e interno. El oficialismo más bien pareciera representar una suerte de gabinete de sombra que regularmente comparece ante el país para enumerarle los males que sufrimos debido a las políticas adelantadas por el gobierno que “realmente manda” en Venezuela, el de Donald Trump. Se ha cumplido el sueño de todo revolucionario, el victimismo, el asedio del imperio y su épica de resistencia. La llamada guerra económica, en el pasado con poca eficacia como albur o coartada, ahora se puede invocar con mayor credibilidad.

En el momento que se empiecen a sentir plenamente los efectos del bloqueo a las ventas y compras de petróleo, carburantes y otros productos que hace PDVSA en el exterior, identificar el punto de origen de las calamidades que sufren los ciudadanos, será trabajo de alquimistas. De no lograr su propósito, que es desalojar del poder al chavismo-madurismo, la presión internacional contra Venezuela podría atornillar al régimen, como ha pasado con frecuencia en otros momentos y sitios, tal y como está debidamente documentado a la luz de las evidencias históricas al respecto. Sin duda ese no es el camino. La gente quiere que se solucione la crisis que padecemos, no agravarla. No tiene mucho sentido prometer que estaremos mejor en el futuro, profundizando nuestros problemas en el presente. Tal cosa se parece mucho a lo que suelen hacer los revolucionarios socialistas, que es pedirte una y otra vez sacrificios, mientras se espera un paraíso en la tierra que jamás llega.
Pedro Elías Hernández