Goodbye Lenin

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Vladimir Ilich Lenin, fundador de la URSS, formuló en una oportunidad la ecuación del régimen que deseaba construir. Dijo en 1920 que el socialismo era igual a los soviets más electricidad (S= s+e). El voluntarismo antieconómico llevó a que una nación con vastos recursos naturales para generar energía eléctrica y energía primaria de gas y petróleo, finalmente colapsara por su inviabilidad. Cualquier semejanza entre el proceso soviético y la revolución bolivariana desde luego que no es pura coincidencia.

El socialismo es por definición la “disipación del capital”. Intenta aumentar el consumo de la población en detrimento del capital existente. La consecuencia: sacrifica el porvenir en favor del presente. Está en su naturaleza aumentar la parte de los bienes destinados al consumo del ahora, a expensas del consumo diferido, es decir, del ahorro y la inversión. Esta noción, que parece un poco teórica, en realidad no lo es, por el contrario, es absolutamente empírica. Nuestro país aumentó entre 1999 al 2012 en un 50% su consumo per cápita, pero su producción por habitante sólo aumentó 12% en ese lapso. En otras palabras, consumimos 4 veces más de lo que producimos. La diferencia entre una cosa y otra fue compensada mientras se pudo con ingresos externos originados en una abundante renta petrolera no asociada a la marcha de la economía interna venezolana y además con endeudamiento público masivo que fue contraído por el Estado. Cuando esto no se pudo seguir haciendo se recurrió al expediente de la emisión artificial de dinero. De allí el devastador proceso de empobrecimiento que experimentamos hoy.

Si un país realiza un esfuerzo productivo pero consume bienes y servicios ampliamente superiores a los que genera, entonces no hay capacidad de ahorro y de inversión, como tampoco de acumulación de capital, por lo que la tendencia es a comerse sus reservas materiales y muy seguramente comprometer la riqueza que obtendría en el tiempo futuro. Es exactamente lo que le pasó a la URSS y lo que le pasa hoy a Venezuela. La corrupción, la falta de mantenimiento e inversión es el resultado de un esquema de incentivos perversos que genera el estatismo económico, es decir, el socialismo, en la administración de las empresas públicas. Por eso no hay capacidad para generar electricidad ni petróleo en un país con abundantes recursos energéticos.
La privatización del holding eléctrico para que el sector se maneje en función de un esquema de incentivos de rentabilidad en base a costos- beneficios, es la única solución si queremos tener buen servicio. Hace dos semanas pagué el recibo de 2 meses de luz y fueron Bs 15 en total. Con esas tarifas surrealistas tenemos un servicio eléctrico que es todo lo bueno que lo gratis puede pagar. Hay que generar políticas económicas que permitan que la gente tenga suficientes ingresos para pagar por lo que valen realmente las cosas. Lo contrario es demagogia y empobrecimiento, lo cual está a la vista. El gobierno dice que en Venezuela el servicio eléctrico es muy barato para beneficiar al pueblo. Falso. En realidad es carísimo. Se paga con mega apagones, cuantiosas pérdidas materiales e irreparables pérdidas humanas.

Como aquella excelente película alemana “God Bye Lenin”, en la cual se narra la caída del Muro de Berlín y del socialismo en Europa oriental, el mega apagón ocurrido la semana pasada es también una perfecta metáfora de la tragedia que constituye un sistema económico que de manera criminal disipó la más cuantiosa y extensa bonanza dineraria que haya tenido nación alguna en la historia de Latinoamérica.
Pedro Elías Hernández