La dolarización: Un acto de justicia monetaria

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Retornar a las reglas de emisión de dinero que tuvimos desde 1918 hasta principios de los años 70 del siglo pasado, ha sido uno de los planteamientos más juiciosos que han hecho algunos importantes economistas venezolanos a objeto de acabar con el financiamiento monetario del gasto fiscal . Sin embargo, a mi juicio ya es tarde. En la actualidad el bolívar como moneda ha llegado a un punto de no retorno.

Según lo establecía la Ley de Moneda de 1918, un bolívar era el equivalente a 0,29 gramos de oro. En tal sentido, el número de bolívares que estaba en circulación en el país, tenía que ser igual a la cantidad de oro que estuviese depositada en los bancos venezolanos que poseían para entonces la facultad de emitir dinero. Luego, a partir de 1939, con la creación del Banco Central de Venezuela, se centraliza en esta institución la emisión de dinero primario pero se conservan las reglas de emisión preexistentes.

Una caja de conversión perfecta fue lo que tuvimos los venezolanos desde la segunda década del siglo XX hasta principios de los años 70 de ese mismo siglo. Así se tuvo una relación cambiara fija de Bs 3,30 por dólar, desde 1934 hasta 1963, y de Bs 4,30 por dólar de 1964 a 1983. En medio siglo el bolívar mantuvo bastante firme su capacidad de compra. Los nuevos bolívares emitidos por el BCV tenían que ser respaldados primero por oro, pero fundamentalmente por divisas (dólares), en base a un tipo de cambio fijo. Tales reglas muy rígidas de emisión, fueron las que posibilitaron inflaciones menores de 2% anual en Venezuela durante varias décadas.

Lamentablemente estos arreglos institucionales en política monetaria y cambiaria se fueron relajando, otorgándole más discrecionalidad al BCV para lanzar bolívares al torrente económico venezolano sin el suficiente respaldo. Esta relajación se acentuó con la estatización de la industria petrolera y a partir del sobre ingreso fiscal de los años 70 y principios de los 80 del siglo pasado.

El cambio dramático en la economía venezolana se produjo en 1975 (año de la estatización de los hidrocarburos) cuando el gobierno se apoderó de la mayoría de las divisas que ingresaban a la nación por medio de PDVSA. Antes de estatización petrolera, los gobiernos de turno recibían su ingreso por exportación de crudo en bolívares. Las empresas transnacionales, cambiaban sus dólares por moneda nacional, al cambio de la época,(3,30 hasta 1960 y 4,30 hasta el momento de la estatización del petróleo en 1975) para cancelar sus obligaciones por concepto de impuestos y regalías por la explotación de los hidrocarburos. Antes de la estatización de los hidrocarburos si los gobiernos querían dólares acudían al BCV. Después, para el BCV obtener dólares tenía que acudir a PDVSA, controlada por el gobierno. Tal circunstancia constituyó un cambio crítico en los arreglos institucionales que en materia monetaria y económica tenía el país.

Se produjo así una distorsión muy grave, ya que el gobierno ajustaba el precio del dinero emitido por un país extranjero, es decir, la tasa de cambio, y al mismo tiempo controlaba la mayoría de las divisas que ingresaban al país. El incentivo para devaluar fue irresistible para nuestros gobernantes. Obtenían mayor número de bolívares por la misma cantidad de divisas extranjeras recibidas por la exportación de crudo. Se perdió la regla de emisión de poner nuevos bolívares en circulación si solo si había previamente nuevos dólares ingresando a las reservas internacionales del BCV.

En la práctica y a raíz de la estatización petrolera, el Estado venezolano se acostumbró a funcionar en la economía doméstica haciendo uso de hecho de dos tipos de monedas: la divisa que recibe por el petróleo y el bolívar. Sólo que la divisa extranjera la utiliza para los efectos de su ingreso y el bolívar para los efectos de su gasto. Como lo que importa son los ingresos y la capacidad de compra de esos ingresos, ya que de ellos depende la capacidad de gasto, a nuestros gobernantes nada más les importa el bolívar en lo que respecta a la variable del gasto, es decir, de sus obligaciones económicas internas. De allí que no les interese mucho el poder adquisitivo de nuestra moneda nacional, sino el poder adquisitivo de la divisa extranjera. Por eso, qué mejor cosa que tener que honrar compromisos en el sector interno con una moneda débil y que se deprecia constantemente, mientras que al mismo tiempo se reciben ingresos en una moneda dura que preserva su valor. Este esquema fue destruyendo nuestra divisa nacional hasta el punto de que el bolívar ha dejado de ser dinero. El bolívar perdió sus atributos para el ahorro y la inversión y sólo tenía sentido para el consumo, en medio de un proceso inflacionario que empezaría a convertirse en crónico.

Con la reformas a la Ley del BCV de los años 2005 y 2010 aparecieron formas más letales de financiamiento monetario por parte del gobierno, lo que en la práctica representó una sucesiva devaluación de nuestro signo monetario hasta el punto de su extinción. Se creó la figura de las reservas internacionales excedentarias lo que permitió el tras-base de 130 mil millones de dólares del BCV al FONDEN, un fondo de inversión a través del cual se dilapidó parte de la bonanza petrolera vivida durante el gobierno de Chávez. También se le dio al BCV facultades para financiar a los entes del Estado fiscal, sobre todo de PDVSA. Y el déficit fiscal en general El BCV no es un banco cualquiera, es un banco que emite dinero primario, por eso la liquidez monetaria ha llegado a crecer a tasas de más de 1000% anual en 2017 y seguramente lo haré a niveles alucinantes en 2018. Esa es la razón de la hiperinflación que padecemos. Qué tiempos aquellos cuando los ingresos petroleros del gobierno se obtenían en bolívares, las divisas petroleras estaban en manos de los privados y el Estado no estaba interesado en devaluar ya que tal cosa le quitaba capacidad de compra al sector público.

Una reforma monetaria que instaure el dólar como moneda de curso legal o que establezca la libertad monetaria para que cada persona decida en qué moneda quiere tener su riqueza, abatiría sin duda la hiperinflación. Pero, aparte de este aspecto que es crucial, sería un acto de justicia para con el patrimonio económico y dinerario de los empobrecidos ciudadanos de este país. Si ustedes leen las letras pequeñas que tienen los billetes en bolívares emitidos por el BCV, lo cual aplica también para los bolívares emitidos electrónicamente, notarán que dicen “pagaderos al portador en las oficinas del banco”. Esto quiere decir que esos bolívares tienen legalmente un respaldo en divisas, en dólares de las reservas internacionales, por lo que en virtud de ese compromiso expresamente indicado en los billetes, el tenedor o portador de esos bolívares es el dueño legítimo de esas divisas que le dan respaldo a nuestra moneda, por lo que puede exigir le sean pagados en las oficinas del BCV al tipo de cambio establecido. Eso es lo que ni más ni menos implica la dolarización de la economía venezolana: Un acto de justicia monetaria para devolverle valor al tiempo, al trabajo y al esfuerzo de las personas.

Ya que la revolución chavista y el gobierno madurista han llevado a nuestra divisa nacional a un punto de no retorno, han cometido parricidio monetario al asesinar a la moneda que lleva el nombre del Padre de la Patria haciendo que el bolívar haya dejado de ser dinero, entonces, en justicia, hay que entregarle a los tenedores de los bolívares, los dólares que legalmente deben respaldarlos. Los verdaderos dueños de los dólares que están en el BCV no son los gobernantes de turno, sino los millones de venezolanos tenedores de los bolívares en circulación, quienes han sido estafados por aquellos que destruyeron su patrimonio dinerario. De esta forma, como bien señala el economista Francisco Rodríguez, se dolarizarán los salarios y los ingresos en general para compensar así la dolarización que de hecho ha ocurrido con los precios. En definitiva, poner fin a esa ecuación letal: ingresos en bolívares - gastos en dólares- igual pobreza.

Hay que tener en cuenta que el dinero es la propiedad privada más democrática que existe, que es el medio a través del cual nos protegernos frente a la incertidumbre del futuro y que es el bien que recibimos a cambio de nuestro tiempo, trabajo y esfuerzo. Es el tiempo y el esfuerzo de su vida.
Pedro Elías Hernández