La mutación y la lógica de la libertad

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No creo, como afirma Felipe González, que el ciclo de la revolución chavista esté llegando a su final. Más bien opino que existe la posibilidad de que esté llegando a un punto de mutación y posterior estabilización. El socialismo revolucionario suele mutar hacia formas menos socialistas de relaciones económicas para evitar colapsar. Desde luego que tal circunstancia es empujada más por la necesidad que por convicción, lo que puede hacer que sean erráticas ciertas políticas aperturistas y modernizadoras. Es tal vez ese el momento en el que nos encontramos.

Casi siempre este tipo de revoluciones tienen períodos de 20 a 30 años en los cuales ejecutan toda clase de ensayos políticos y económicos convirtiendo a los países en los cuales se desarrollan en vastos terrenos de experimentación para su ingeniería social. Los resultados suelen ser muy decepcionantes. Ese patrón, con sus especificidades propias de cada nación, se identifica en la revolución soviética, en la revolución mexicana en la China, en la cubana y en buena medida en la nicaragüense. La marcha de este proceso y su eventual desenlace pacífico en la experiencia venezolana, dependerá de la madurez de los sectores verdaderamente democráticos, de la oposición y del chavismo, y de su capacidad para entender cabalmente el fenómeno.

En la URSS, después de 20 años de marchas y contra marchas, de colectivización forzosa de la producción agrícola, de hambrunas asesinas y de planes quinquenales con rendimientos muy pobres, se produce un inicio de estabilización de su economía hacia finales de los años 30 del siglo pasado gracias a la introducción de incentivos de corte capitalista entre la población trabajadora. Cuando empieza su participación en la segunda guerra mundial, ya la nación soviética tiene una significativa industria militar y petrolera. La guerra retrasa este proceso, pero desde 1945 hasta el año 1960, se produce un crecimiento económico importante apuntalado en el uso de mano de obra muy barata. Luego viene un lento proceso de declinación que se agudiza con la dura caída de los precios del petróleo hacia finales de las década de los 90.

La revolución mexicana, iniciada en 1910, comienza un período de mucha turbulencia, con radicales reformas en la tenencia de la tierra, el sistema educativo de corte socialista y la estatización de su industria petrolera. Pero para 1940, se produce una tendencia a la liberalización con algunas reformas políticas y económicas.

La revolución China es paradigmática en relación a estas ondas largas de procesos de experimentación propios de las revoluciones socialistas. Desde 1949 a 1978, experimenta primero el llamado “gran salto adelante y luego la “revolución cultural, ambos muy destructivos económicamente. Luego el socialismo chino muta, de la mano de Deng Xiaoping hacia formas de mercantilismo capitalista.

El proceso revolucionario cubano, después de 30 años de socialismo duro copiando el modelo soviético y experimentando reformas de todo tipo como su radical reforma agraria, nacionalización masiva de propiedades, reformas educativas, ideal del “hombre nuevo”, aventuras militares en áfrica, etc, empieza un período de cierta apertura a principios de los años 90 como consecuencia del fin de la ayuda soviética y del llamado “período especial”. Empiezan las inversiones extranjeras en turismo y otras áreas. Hacia finales del siglo XX, la mano de Hugo Chávez le permite un gran respiro a un modelo económico que intenta modernizarse pero de forma muy cautelosa.

El caso de la revolución socialista sandinista es un claro tipo de mutación muy heterodoxo, ya que los revolucionarios entregan pacífica y democráticamente de forma transitoria el poder político, conservando el control militar, para volver en el año 2007, es decir, casi 30 años después del inicio del proceso.

Venezuela con Hugo Chávez y luego con Nicolás Maduro, apuntalados en la renta petrolera, se desarrolla un proceso de marchas y contra marchas en la economía con expropiaciones masivas, estatización de los desarrollos privados petroleros, planes de experimentación con tipos de propiedad social y estatal, comunas agrícolas, cooperativas, unidades de producción endógenas, cultivos urbanos, bancos comunales, trueque, y un largo etc.

Con la caída de los precios del petróleo y la crisis política, Maduro intenta ciertos equilibrios económicos como la eliminación en la práctica de los controles de precios, sincerar las paridad cambiaria con tendencia a la unificación y liberalización del tipo de cambio al punto de llegar a la medida recientemente anunciada de poner en manos privadas las operaciones de compra y venta de divisas y tasar el valor de la moneda de acuerdo a principios de mercado. Es decir, el reconocimiento del “dólar criminal”. Esto en principio es un triunfo de la libertad económica sobre los controles. Todo esto unido a noticias sobre la apertura al capital privado dentro de las empresas del Estado, lo cual hasta ahora no han sido más que anuncios. En otras palabras, “tanto nadar para morir en la orilla.

La mutación del socialismo revolucionario a formas menos socialistas para tratar de hacer arrancar la economía, se cumple a cabalidad en el caso venezolano. Sólo que en el contexto de una terrible polarización política y de las sanciones económicas de EE.UU sobre el régimen, tal vez se cancele o retrase esta tendencia de cambio económico sin cambio político significativo, que es lo que aspira el gobierno venezolano. Los errores y el aventurerismo de la oposición pueden ser el principal elemento que permita una estabilización del chavismo -madurismo en esta nueva etapa que amaga con empezar.

La medida del BCV recientemente aprobada que, liberaliza el control de cambio, apunta en la siguiente dirección: Trata de evadir las sanciones del Departamento del tesoro contra el ente emisor venezolano para que los privados realicen directamente entre ellos sus operaciones de compra-venta de divisas sin pasar por el BCV. Así se espera estimular nuevas fuentes de moneda extranjera por la vía de inversiones foráneas, remesas, repatriación de capitales de origen nacional depositados en el exterior, exportaciones privadas no petroleras, turismo internacional, así como la venta de divisas que harán embajadas, consulados, organismos internacionales con presencia en el territorio.
Esta medida ciertamente se aplica en medio de una economía colapsada, que no genera divisas suficientes, y con un sistema bancario limitado en su papal de intermediación por las políticas monetarias de encaje legal bancario absolutamente leoninas.

Está claro que el próximo movimiento del gobierno de Maduro debería ser la flexibilización de las medidas de encaje legal. La inflación venezolana ya no sólo tiene un origen en la emisión de dinero, el cual ha disminuido bastante este año 2019. De 124% de aumento en enero, a 110% en febrero, 54% en marzo y 45% en abril. Igual el incremento de la liquidez monetaria, que ha caído de un aumento de 100% en febrero de 2019 a 41% en marzo, y 21% en abril. Lo que ha incidido en la inflación que bajó de 145% en enero, a 54% en febrero, y 18% en marzo y con un revoten en abril al 45%. (cifras comisión de finanzas A.N)

Sin embargo, la inflación en Venezuela ya no viene tanto por la emisión monetaria, sino por la caída en la demanda de dinero, un fenómeno diferente. Este fenómeno consiste en el hecho de que la gente no quiere poseer bolívares, por su continua devaluación y se desprende de ellos, o comprando dólares, o consumiéndolos en bienes y servicios, lo cual, sin emitir nueva moneda, genera aumento de precios. El gobierno busca una estabilización de la paridad del tipo del cambio con un mercado cambiario más transparente gestionado por agentes privados. Igualmente mejorar el abastecimiento mediante la legalización plena de las operaciones de obtención de divisas, lo cual permitirá que los empresarios y comerciantes puedan asentar en su contabilidad el tipo de cambio con el cual realizaron sus importaciones de insumos y así justificar sus precios de venta al consumidor frente a las autoridades.
En definitiva es un paso, pero sólo un paso en la dirección correcta que busca estabilidad en distintas esferas de la actividad económica, tales como la cambiaria y del sistema de precios. La estabilidad no es todo, pero sin estabilidad no hay nada. Falta por ver el desarrollo de estos eventos. La lógica de la libertad es que una medida que levanta controles demanda otras acciones complementarias de igual signo, es decir que vayan en el mismo sentido de apertura y liberalización de forma creciente, tal y como lo ha hecho con total determinación el modelo chino. ¿Estará dispuesto el régimen socialista a mutar lo suficiente y en desatar esta lógica de la libertad en el ámbito de la economía?
Pedro Elías Hernández