¿Qué hacer? Se nos muere un ser querido

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La muerte es algo inherente al ser humano. Nos acompaña diariamente aunque no hablemos de ella. Sin embargo, cuando la mencionamos, sentimos miedo y preferimos evitar el tema, porque es uno de los fenómenos que más preocupa al ser humano. Es un hecho que nadie puede evitar que suceda y que a todos nos enfrenta con lo desconocido.
Algunas personas, en circunstancias especiales, no pueden dejar de pensar en la muerte: nos referimos a los pacientes terminales.
Las definiciones médicas indican que un enfermo terminal es aquel que padece una enfermedad que experimenta una evolución progresiva en el tiempo y que lo llevará a morir a corto plazo.
Cuando a una persona se le diagnostica una enfermedad grave, los temores se agolpan inmediatamente en la mente y el espíritu. Comienza a pensar que tal vez será un estorbo para la familia, que perderá su independencia, que será abandonada por sus familiares y amigos. Igualmente piensa en la cantidad de proyectos de vida que tenía por hacer y que ahora se ven interrumpidos. Se llena de angustia al saber que debe desprenderse de las personas y las cosas que han formado parte de su vida. Piensa en cómo quedará su familia una vez que fallezca.

Psicología del enfermo terminal

Además de las situaciones descritas, el paciente pasa diferentes fases en un modelo de comportamiento que se desarrolla a partir del conocimiento que la persona tiene del alcance de su enfermedad.
Su primera reacción es la negación y el aislamiento. En esta etapa, el enfermo no admite su enfermedad. Se niega a creer que él la está padeciendo. El enfermo se encierra en sí mismo, se aísla y con frecuencia escuchamos que comenta frases como "...esto no me puede estar pasando", "...el médico se equivocó en el diagnóstico", o "...qué he hecho yo para merecer esto".
La negación es un mecanismo de defensa, que se manifiesta sólo en el momento en que el paciente se entera que tiene una enfermedad grave y le queda poco tiempo de vida.
Luego, entra en la etapa de resentimiento donde, al no poder seguir negando su enfermedad, tiene ira, rabia, resentimiento contra el mundo. Se siente víctima de la vida, el destino, de los demás, del mundo en general. Con regularidad dice cosas como "estoy muriendo y los demás llenos de vida". En esta fase la persona enferma, se vuelve rebelde, irascible, intolerante, exigente y caprichosa.
En la fase de negociación, el enfermo acepta su situación y comienza a realizar acuerdos en relación con su enfermedad. La persona afronta con mayor tranquilidad lo que le ocurre y pide tiempo para solucionar algunas cosas pendientes.
Negocia con Dios y puede incluso, llegar a tener esperanzas injustificadas de que su enfermedad tenga cura. Piensa alternativas: "Si me curas haré tal cosa" o "si salgo de esta seré de tal forma". Es una etapa difícil, ya que el enfermo reconoce por primera vez, que tiene "algo" que lo va a llevar a la muerte.
Una vez superada esta fase, la persona queda sin expectativas al ver que no pudo negociar nada. Se deprime y comienza a pensar en el tiempo que perdió en su vida, las cosas que pudo haber hecho y no hizo y se aísla de la verdad. Vuelve a caer en estados depresivos graves en los que no desea hablar con nadie. Llora y se lamenta por futuras pérdidas y empieza a desprenderse de cosas y objetos que durante toda su vida han tenido un gran valor. Es en este período de depresión donde se dan incluso algunos suicidios.
En la etapa de la aceptación, la persona admite definitivamente que va a morir, aunque hasta aquí, siempre tuvo la esperanza de que exista algo que le salve la vida. Sin embargo, cuando cae en cuenta de que esto es imposible, comienza a experimentar una gran paz espiritual en la que sólo desea morir tranquilamente. Se muestra desinteresada y quiere, más que nunca, estar sola. En este momento, es fundamental el comportamiento de la familia, pues si ésta no ha logrado comprender la situación, provocará comportamientos más difíciles para el enfermo terminal.
Por otra parte, el enfermo llega de una manera más rápida y tranquila a reconocer su situación en la medida en que haya tenido mayores realizaciones en su vida.
Estas etapas no se dan necesariamente en la forma que hemos descrito anteriormente. Algunos viven unas y no otras, o una vez que llegan a la fase de aceptación, retroceden y pasan a vivir etapas previas.
Estas fases y sus características dependen de que se le comunique o no al enfermo su estado terminal. Creemos que la persona que la padece tiene derecho a saber de su estado para así, poderse preparar y vivir los últimos días de su vida haciendo lo que considere pertinente a sus fines y objetivos.
Cada persona se enfrenta a la muerte de manera diferente y ante esta posibilidad, existen tantas reacciones como personas en el mundo. Pero, las mismas están determinadas en gran medida por la edad y la personalidad de cada quien.

La importancia de la familia

La familia es un soporte importante para el enfermo terminal. Pero, en algunos casos, se niegan a creer que uno de sus miembros este pasando por este momento. Sabemos que es doloroso para cualquiera enterarse que un cónyuge, hijo, padre, hermano, primo o cualquier familiar tiene una enfermedad terminal. Lo que sí es definitivo, es que ninguna persona del grupo familiar debe adoptar la actitud de sobreproteger al enfermo o de solamente sentir pena porque va a morir. Por el contrario, hay que hacer que los últimos días de la persona enferma sean los mejores de su vida.
Frente a una realidad como esta, parientes y amigos reaccionan con mucha angustia y ansiedad. No saben que hacer: si habla y decir la verdad o callar porque temen lastimar al enfermo terminal. En ocasiones, el desconcierto los mueve a evitar al enfermo en momentos en que éste reclama mayor atención, apoyo y comprensión.
La familia no sabe qué hacer aunque en teoría la respuesta es muy sencilla: dar mucho amor.
El enfermo terminal tiene derechos que nadie, ni siquiera su familia, puede ignorar y uno de ellos es el de ser tratado como un ser humano hasta el momento de su muerte.
El enfermo terminal debe ser atendido por personas de su entera confianza y tiene derecho a no morir solo, ni a ser engañado. También debe participar de las decisiones referentes a sus cuidados. Uno de los derechos más importantes del enfermo terminal es que para aceptar su muerte, reciba ayuda de su familia y a que ésta, para poder auxiliarlo, también reciba asistencia para aceptar el hecho.
La familia debe armarse de valor y paciencia para así contener y comprender la desesperación del enfermo. Una persona que padece una enfermedad terminal necesita conversar de sus temores. Otras, sólo quieren compañía porque ellos también se preocupan por los costos elevados de los tratamientos y se sienten una carga para su familia. Pero todo esto esconde, el miedo que tienen de morir.
Estos momentos son más fáciles de afrontar si la familia entiende que todas las confusiones, dudas, iras, depresiones y profundas contradicciones por las que pasa el enfermo, son consecuencia del miedo y el dolor.
La incapacidad para entender estos sentimientos son los que provocan frustración y desconcierto en la familia. Esto lleva a que o bien se alejen del enfermo o se interesen estrictamente en lo formal: horarios de medicinas, controles médicos, etc.
Es más fácil si familiares y amigos se unen para enfrentar la situación en conjunto y reconocen que será una tarea larga y difícil para todos. Es en estas circunstancias cuando la familia tiene que estar más unida que nunca y compartir -sin culpabilizarse- el dolor de saber con antelación que un ser querido se irá.
María Mercedes y Vladimir Gessen

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Fuente: María Mercedes y Vladimir Gessen, "Psicología para Todos", Cap 5.