Emigración a Oriente siglo XXI

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Siglo XIX… Flaquísimo, enjuto, el rostro cadavérico y barbudo de varios días, los ojos saltones. Las ojeras inmensas y negrísimas completaban el aspecto enfermizo del General Simón Bolívar que representaba diez o quince años más de sus treinta y dos por cumplir. No dormía o apenas lo hacía por unas pocas horas cada noche y a veces, en medio de pesadillas se despertaba sobresaltado, con palpitaciones, asustado. Tal vez allí nació la tuberculosis que lo llevó a la tumba en la flor de su vida. Encabezaba el Libertador lo que para la historia es conocido como la Emigración a Oriente; pero para los caraqueños de los albores del siglo XIX, era simplemente la huida, la pavorosa huida de toda la cuidad hacia el oriente de Venezuela.

- Se acerca Boves.

- Los patriotas no pudieron contenerlo.

- Nos va a matar a todos.

- Y los negros de barlovento se están alzando.

- Sí, por allí viene Andrés Machado matando a toda la gente decente.

- Qué horror, tan sumiso que era el negro Andrés y fíjate, tuvo el descaro de descabezar al Conde de La Granja, que era su amo.

- Carajo, entonces qué nos hará a nosotros.

- Ellos y que dicen que cortar un cuello es más fácil que cortar una yuca.

- Y más sabroso.

- Coño, vámonos.

- Vámonos.

- Rápido.

- Boves va a violar a nuestras mujeres, a nuestros niños… y a nosotros.

Y apretaban las nalgas.

Muertos de miedo, veintitrés mil caraqueños le corrían a las famosas degollinas del sanguinario taita. Pobres, ricos, blancos, mestizos, negros. Al Libertador Simón Bolívar todo el tiempo se le iba cabalgando para adelante y para atrás. Revisaba con detalle los grupos familiares; a todos los hombres, mujeres, niños; a los ancianos de 60 años. Paralelamente le dictaba cartas a sus secretarios, daba órdenes a los de logística y atendía dentro de lo posible, que a veces era muy poco, las necesidades de los caraqueños.

Cada caraqueño era una historia. Doña Pepa de la Jota, como todos había sentido removérsele el piso ante la cercanía del terrible Boves. Un terremoto psicológico, ya nada era como había sido. Casada, no tenía ni idea que estaba a punto de ser viuda gracias al Taita. Con cinco hijos paridos de los cuales les sobrevivían tres. Uno murió al nacer y casi se la lleva al otro mundo, otro murió de meses por una enfermedad acerca de cuyo origen natural o sobrenatural todavía se discutía…

Siglo XXI… ¿Qué ha cambiado? Millones de venezolanos huyen ya no de Caracas, sino de Venezuela, y no hacia Oriente, sino hacia el mundo. Diáspora. Venezolanos que emigran con su morral de querencias y nostalgias. Familias rotas por una “revolución” que se dice bolivariana y cada día resulta más bovesiana.

- Te pareces tanto a mí - podría decirles el terrible Taita.

Un asturiano que logró trasfundir su resentimiento en liderazgo político. Boves, el “padre de la democracia” para los historiadores como Laureano Vallenilla que confunden el término con montoneras. El hombre que aprendió a cabalgar sobre las miserias del pueblo y los enseño a buscar culpables en lugar de enseñarles a construir una nueva sociedad. El caudillo que “pagaba” a sus seguidores con saqueos y violaciones. Un maestro del odio. Te pareces tanto a mí….

José Tomás Boves - cosas veredes Sancho - fue muerto en una batalla que lo convertía en el dueño del país. Una placa solitaria en una esquina de Urica, señala el sitio de su muerte.

Hoy, los “revolucionarios” promueven la segunda diáspora de la historia de Venezuela. Actúan como Boves y - habrase visto- en el nombre de Bolívar. Da vergüenza ajena observar tanto compatriota desesperanzado huyendo del hambre y de la inseguridad, gracias a una “guerra económica” que inició el mismísimo Chávez con sus exprópiese y su millardito.

Familias rotas. Actuando como el Rey Sadim -Midas al revés- los chavistas convirtieron en paria al país con más potencial en América Latina.

El Libertador, que en la Emigración de Oriente parecía perdido, al final triunfó y los venezolanos - a un altísimo costo- logramos la Libertad. Los venezolanos exiliados e inciliados (exiliados dentro del país), debemos ser cada uno un pedacito de Simón Bolívar, cuando estando postrado y casi moribundo decidió Triunfar.

El “qué” es triunfar. El “cómo” nos corresponde construirlo basados en Unidad y Proyecto de País. Y si los líderes opositores no son capaces de unirse, deben ser apartados. La hora es chiquita; pero mientras cada emigrante y cada inciliado lleven la patria en el bolsillo, todo se puede revertir. En el siglo XXI y en cualquier siglo. Pilas y guáramo son nuestras primeras necesidades.
Rafael Gallegos