Lavarse las manos... ¿Cómo Pilatos?

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Claro que hay que lavarse las manos, usar mascarilla y respetar la cuarentena. La crisis del coronavirus es lo más grave que nos ha acontecido a los seres humanos en el siglo XXI. Sin embargo la pandemia pasará porque todo pasa… por ahora. Y dejará sus secuelas. En algunos casos muy serias y difíciles de superar.

Y además dejará una serie de lecciones ante las cuales tenemos dos caminos: o las convertimos en lecciones aprendidas, o las ignoramos lavándonos las manos como Pilatos, lo que equivaldría a asfaltar la ruta hacia otro problema más devastador.

Equilibrio del Terror

Cuando estallaron las bombas atómicas en 1945 el mundo creyó que la destrucción nuclear era cuestión de poco tiempo. El intelectual irlandés George Bernard Shaw, el creador de “Pigmalión” - obra en la que se basaría la famosa película “My fair lady” - fue interrogado al respecto y dijo que la existencia de bombas atómicas crearía un equilibrio que evitaría otras guerras. A eso se le denominó con el tiempo Equilibrio del Terror. La cuerda floja de la paz.

Tal vez Shaw tuvo razón en cuanto a las guerras mundiales, o atómicas. Lo que no pudo prever fue las terribles guerras de Corea, Viet Nam y muchas otras donde las potencias se enfrentaban indirectamente, que han caracterizado a la ya larga posguerra cuya primera etapa – hasta la caída del muro de Berlín- se bautizó como Guerra Fría y que hoy no tiene nombre; pero basta con observar Afganistán, el medio oriente y otras zonas, para determinar que guerras sí hay. Paradójicamente la post guerra ha sido una permanente guerra.

Albert Einstein resumió la destrucción nuclear cuando dijo que él no sabía con cuáles armas se realizaría la Tercera Guerra Mundial; pero que estaba seguro que la Cuarta Guerra Mundial sería con palos y piedras. Y ese… es el terror.

El Cataclismo de Damocles

El gran escritor Gabriel García Márquez tituló así un discurso contra la guerra nuclear en 1986. El coronavirus nos ha convertido en vívida esa posibilidad. Porque la Espada de Damocles que cuelga sobre la cabeza de los seres humanos ya no es sólo la destrucción nuclear. También es la destrucción por bacterias o por virus. Qué cercana nos resulta la frase de Borges respecto a lo portentoso y frágil del destino humano.

Blancos negros, amarillos, mestizos; todo el abanico de colores con que ridículamente hemos esquilmado los derechos de los seres humanos a lo largo de casi toda nuestra historia… pobres y ricos en que nos hemos dividido de manera grosera… hombres y mujeres... jóvenes y viejos… europeos y quintomundistas… todos hemos palpado, tocado, sentido y asimilado – gracias al coronavirus- la amenaza de la destrucción de la humanidad, que desde nuestra niñez sólo vimos en libros y hasta ayer en internet como relatos de ficción.

Es que la destrucción de la humanidad está pasando la cuarentena en nuestros hogares. Pálpela, está en nuestras parejas, en nuestros padres, en nuestros hijos, en nuestros nietos, en nuestros amigos y vecinos. ¿No ha sentido a la destrucción con la cuarentena? Hoy está más cerca Alí el Químico, el primo de Hussein que se ganó el mote al aplicarle guerra bacteriológica a una población de cinco mil habitantes y por supuesto los mató a todos.

El coronavirus pasará; pero es un aviso. O aprendemos las lecciones, o le cantaremos dime cuándo tú vendrás, dime cuándo, cuándo, cuándo.

Los humanos debemos aprender

- A desinflar los egos… ante el coronavirus los egos inflados sólo sirven para apretar el pecho. Ese virus no tiene que ver con que usted es buena gente, útil, rico, sabio, inteligente, trabajador, poderoso, sólo tiene que ver con que usted… está vivo.

- Solidaridad… su bienestar depende de usted, y de los demás. Si su vecino está mal usted también. No somos islas, nuestra realidad es de archipiélago. Y su vecino es el de al lado, la casa de al lado, el apartamento de al lado, el barrio de al lado, el continente de al lado. Hay que tener conciencia social. La pobreza de los demás nos afecta en inseguridad, salud, rencor, productividad, calidad de vida.

- Hay un solo Planeta Tierra… los ríos los mares y los aires contaminados nos afectan directamente. Hoy es el coronavirus, mañana pescados envenenados, pasado mañana desiertos en lugar de siembras. Ya la capacidad que ha desarrollado el hombre para destruir el ambiente es superior a la capacidad que el planeta posee de recuperarse.

- El mundo es un pañuelo… que China está muy lejos, o lo de Italia no lo afecta… hoy palpamos cómo el aleteo de una mariposa puede causar una devastadora tormenta. La globalización ha hecho al mundo más pequeño que nunca. Un conflicto en cualquier parte puede acabar con cualquier vida por más “lejos” que esté.

Para sobrevivir… Nuevos Paradigmas

La paradoja de la civilización es que mientras la tecnología avanza por veloces ascensores, las bajas pasiones del ser humano suben jadeantes por las escaleras. Claro que ha habido avances, la Declaración de los Derechos Humanos, la igualdad de género, las políticas sociales, las libertades, la democracia; pero no es suficiente. Las pasiones siguen muy cercanas a la era de las cavernas, no están a la altura de la portentosa tecnología.

Y eso… genera injusticas, pobreza, resentimientos, guerras, destrucción. La quijada de burro que mató a Abel, la bala que mató a Lincoln, la que mató a Kennedy, a Delgado Chalbaud, a Luther King; las bacterias de Ali el Químico, el gas de los hornos crematorios de Hitler, la guillotina, el descuartizamiento de Ribas o de España… todos tienen el mismo origen: las bajas pasiones de los seres humanos. El gran problema a que nos enfrentamos es que con la alta tecnología de que disponemos, las bajas pasiones pueden acabar con el planeta.

Es imperativo que los seres humanos evolucionemos. Tal vez sentir en carne propia que la destrucción de la humanidad no es cuento, nos sirva de palanca impulsora. ¿Cómo?, educación panorámica. Que los humanos conozcamos el planeta, sus posibilidades, nuestro rol en el bienestar de todos. Cultura y libertades.

Y hablando de panorámicas hay que reforzar el rol de los organismos internacionales. Darles fuerza para sancionar- de verdad y no como ahora - las violaciones de derechos humanos, ambientales, políticos, emprersariales. Hacer que gobiernen para desarrollar una estrategia mundial destinada a acabar con la pobreza, para impedir las guerras, para acabar con las amenazas nucleares.

¿Qué tal el desarme nuclear? … difícil; pero en nuestras manos está hacerlo más probable que la destrucción nuclear.

El coronavirus debe reflejarse en cambios serios si queremos que la humanidad llegue al siglo XXII. Sería lamentable que el planeta se perdiera en nuestras manos. La necesidad nos coloca en el dilema de entrar a una Nueva Era, o destruirnos en ésta.

Qué razón tenía Jesús cuando hace dos mil años dijo amaos los unos a los otros. Es decir que quisiéramos a los demás como a nuestros hijos, ¿qué tal?, o como a nosotros mismos.

Está claro, o nos amamos los unos a los otros como herramienta de sobrevivencia con todo lo que esto implica en solidaridad, colaboración, unidad, estrategia; o el coronavirus, que en el fondo es un aviso con grandes y titilantes letras rojas, quedará como un niño de pecho con la siguiente amenaza global, cuyo resultado será que nadie podrá echar el cuento.
A menos que las cucarachas y las hormigas aprendan a contar.

Rafael Gallegos