Lo que el viento se llevó...

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No se trata de la película de Clark Gable donde el sur de Estados Unidos queda arrasado por la Guerra de Secesión; sino de lo que el viento se ha llevado en la Venezuela socialista. La lista de los daños es gigantesca, muy superior al tamaño de este artículo. Podríamos parodiar y decir Lo que la “revolución” se llevó.

A la rutina – la manera como hacíamos nuestras actividades - los años de “revolución” la han empobrecido, o peor, desaparecido. Y sin echarle la culpa a Trump, o a Biden, o a Uribe, o a cualquier guacamaya del imperio.

Por ejemplo, ¿recuerda usted que hacía los domingos de antes de la “revolución”? Cuando salía a comprar unas diez empanadas para el desayuno de la familia y tal vez gastaba cincuenta bolívares, algo así como el uno por ciento de su sueldo si usted tenía un regular ingreso de 5.000 bolívares al mes, por cierto nada especial. Ah, y compraba El Nacional (desaparecido), El Nuevo País (desaparecido), o El Universal (acaba de reaparecer sólo los domingos), o 2001 o Ultimas Noticias. Repita esa operación hoy luego de dos décadas de “revolución”: diez empanadas y dos periódicos de los que a duras penas sobreviven, le pueden significar diez o doce millones de bolívares, para no comparar en dinero devaluado podemos afirmar que se trata de unos diez sueldos mínimos y para que esa cantidad represente como otrora el 1% de un sueldo, usted debería ganar por lo menos mil millones de bolívares mensuales. Saque cuentas. ¿Usted gana mil millones de bolívares mensuales? … novecientos sueldos mínimos solo para desayunar un domingo. ¿Qué tal?

¿Recuerda cuando usted cobraba y hacía presupuesto para ver en qué gastaba los reales? Tantos bolívares para la hipoteca o tanto para el alquiler, más tanto de mercado, de colegios, cervecitas los viernes, salida a la playa un domingo con los muchachos…. Y usted se quejaba porque la cosa estaba dura. Y hoy, ¿maneja usted presupuesto o simplemente boquea para que su nevera no parezca un concierto en la llanura? Otro arrase de la “revolución”.

Basta recordar a los economistas de la época, decían que de acuerdo a los ingresos, en comida se gastaba entre el 10 o el 50 % del sueldo. Hoy, se sueña con gastar en alimentos un imposible más del 100 % de los ingresos. El sueldo mínimo ronda un dólar al mes. Veinte veces por debajo del límite de hambre determinado por la ONU. Hambre a paso de vencedores. ¿Para eso era la “revolución”?

CUENTOS PARA MUCHACHOS INCRÉDULOS

A los pocos muchachos que quedan en este avejentado país (otro logro de la “revolución”) hay que contarles a riesgo de que nos digan embusteros y fantasiosos, que antes de la “revolución” en los bancos había dinero, en las ventas de carros había carros, en los hoteles turísticos había turistas y hasta venía gente de otros países a pasar vacaciones en Venezuela, que en las gasolineras vendían, sin cola, gasolina; que las bombonas de gas estaban llenas de gas, que cuando usted abría el chorro de agua salía agua (todos los días), que cuando usted apretaba el suiche aparecía la luz, que cuando usted se montaba en un autobús pagaba con sencillo, que con un billete de diez bolívares ( tal vez la mitad del ingreso mínimo diario) usted compraba dos canillas, un litro de leche, un periódico, se tomaba un cafecito y todavía le daban el vuelto; que la leña para cocinar era un hobbie y no una necesidad, que todos los años los concesionarios ofrecían carros último modelo en cómodas cuotas y un buen número de venezolanos los podían adquirir, que los venezolanos eran aceptados en todos los países como turistas y hasta los trataban muy complacientemente para que regresaran; que cuando usted iba a votar en elecciones presidenciales, regionales o locales ganaba el que tenía más adeptos y se reconocía al ganador; que en los periódicos salían unos avisos ofreciendo una cosa que se llamaba empleo, que en Navidad pagaban otra cosa que se llamaba aguinaldo y los padres les compraban regalos del Niño Jesús a los hijos, que Mérida y Margarita eran intransitables en agosto y diciembre; que para año nuevo mucha gente compraba estrenos y no andaba con ropa desgastada como hoy, ni en carros viejos que ya se tornan antiguos y recuerdan a La Habana ( puro comunismo); que el gobierno hacía viviendas populares (Banco Obrero o Inavi) y las vendía a precios muy módicos no como ahora que las “asignan” y al que se porte mal u opine en contra del gobierno lo sacan; que usted podía ir a un banco y solicitar un préstamo hipotecario, que en los hospitales había razonablemente insumos, médicos y enfermeras que atendían a los pacientes; que había una cosa que se llamaba Seguro Médico que era en bolívares y alcanzaba para una hospitalización. Que Venezuela acogía amorosamente a extranjeros que venían a hacer vida con nosotros, al revés que ahora que deportan a los venezolanos como indeseables en algunos países.

Que los padres, hijos y nietos, la familia, vivían en Venezuela y se veían con regularidad, no como ahora que millones de venezolanos se han tenido que ir del país huyendo del hambre provocada por la “revolución”. Que había unos plásticos que se llamaban tarjetas de crédito y servían para pagar en restoranes, en hoteles, en supermercados, para comprar pasajes aéreos.

La verdad es que no es poco lo que hemos perdido con este socialismo del siglo XXI. Seguramente faltan más cosas por perder que hoy los venezolanos no somos capaces de vislumbrar; pero ya el gobierno lo irá develando con sus nuevas leyes desde la Asamblea Nacional que nacerá el seis de diciembre. Harán sus leyes comunales y otras, tipo antibloqueo y diseñadas para vulnerar la propiedad, las inversiones y (¿más?) libertades. Puro gobierno comunal… comunismo habremus.

Créame que a este paso de sumisión que nos está caracterizando a los venezolanos, la bola de cristal es tan oscura que indica que en el futuro será tan terrible que sentiremos nostalgia del desastre que vivimos hoy. Como Macondo, nos vamos convirtiendo en un pavoroso remolino de polvo y escombros. A este paso nos tocará descubrir como Aureliano Babilonia que las estirpes condenadas a cien años de soledad no tendrán una segunda oportunidad sobre la tierra. Menos mal que a los venezolanos apenas nos han pasado veintidós años.

O sea, nos quedan setenta y ocho años para ponernos las pilas. Para dejar de maltratar por las redes al que piensa diferente, para descubrir quién es el verdadero enemigo, para diseñar estrategias unitarias que nos permitan reimplantar la democracia, para dejar de ser espectadores de este desastre.

Es imperativo un Frente Unitario. ¿Habrá por ahí un líder que haga con el liderazgo opositor venezolano como hizo CAP con los chilenos, cuando en plena y eterna dictadura de Pinochet, invitó a la diversa y cuasi enemiga oposición chilena a Venezuela, los metió a todos en un hotel y no salieron hasta que sacaran humo blanco de estrategias unitarias para salir del dictador?

Porque mientras no se encierren los líderes políticos opositores más representativos – todos – en un sitio y no salgan de allí sino con una estrategia unitaria, no vamos a restituir la Democracia.

Que conste… nadie lo va a hacer por nosotros, Lo que el viento se llevó, sólo lo devuelve un Pacto Unitario. ¡Ya está bueno! Los que no puedan hacer Unidad, que abran paso, que el país se diluye. Pilas y guáramo son nuestras primeras necesidades.

Rafael Gallegos

PD1.- El 2021 es el Bicentenario de Carabobo. Un año de replanteamientos y si actuamos asertivamente… de recuperación de la Democracia.
PD2.- Feliz Navidad y Feliz 2021. Hasta mediados de enero que volveremos con la columna.