Venezuela no petrolera

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“Lo único Permanente es el cambio”, planteó el filósofo Heráclito hace dos mil quinientos años. La historia de las fuentes de energía comprueba esta afirmación. Primero el músculo humano, después los animales de tiro, la madera, el carbón, el petróleo y el gas, y estamos en la puerta de una nueva fuente. ¿El sol, el hidrógeno, el átomo, el viento? , vaya usted a saber. Lo único cierto es que la civilización tiene que apresurarse porque por primera vez nuestra velocidad de destruir el planeta es superior a la velocidad de éste recuperarse. Al paso que vamos corremos el riesgo que un incremento de temperatura de cuatro o cinco grados que en los albores del s XXII convierta al Amazonas y otras selvas tropicales en desiertos, y provoque un derretimiento de los polos que eleve el nivel de los mares y desaparezca miles de ciudades costeras.

Además del cambio climático, la existencia del ser humano corre el riego de las bombas nucleares, cada vez en manos más ineptas y más fáciles de construir y hasta de adquirir. Hiroshima y Nagasaki son dos triquitraques al lado de las bombas de hoy capaces de sacar a la tierra de su eje y por cierto, ¿adquiribles en una ferretería dentro de unos cincuenta años? Hay un gran desequilibrio entre la tecnología que avanza por los ascensores y las pasiones que suben, jadeantes, por las escaleras.

El cambio energético debería llegar a tiempo. Tal como lo hizo cuando el carbón sustituyó a la madera en el s XVII. Los europeos habían acabado con sus bosques – ¿recuerdan el bosque de Sherwood de Robin Hood?, ya no es ni su sombra - y corrían el riesgo de una hambruna como la que sucedería si dejásemos de utilizar hidrocarburos: hambre y regreso a Trucutrulandia.

Hay que recordar que una fuente energética sustituye a otra cuando cumple tres condiciones: más económica, más limpia y más calórica.

PARÁBOLA PETROLERA

Los pueblos petroleros inician sus parábolas con un gran ingreso de divisas, el desarrollo de un estado gigante y flácido, crecimiento desmesurado del gasto público, corrupción, alto consumo suntuario, importaciones desmedidas, empresas privadas débiles. Al bajar los ingresos petroleros las divisas no alcanzan para mantener el gasto, comienzan las devaluaciones y la inflación que se puede transformar en hiperinflación que significa hambre, miseria… y diáspora con su consecuente xenofobia. Cuando merma la fuente petrolera los países pasan de ser nuevos ricos… a ser nuevos pobres, una pobreza peor que la anterior. Esta parábola petrolera es una mezcla del Enfermedad Holandesa con el Efecto Venezuela de Pérez Alfonzo.

UN MANTRA PETROLERO PARA VENEZUELA

Nos queda una generación para explotar el petróleo y transformarlo en calidad de vida para los venezolanos. En este lapso es imperativo que desarrollemos como mantra: crear una industria petrolera de primer mundo que sea capaz de impulsar una Venezuela que no dependa del petróleo.

Es decir, estamos obligados a crear una Venezuela no petrolera.

Moderna y dos punto cero, con empresas privadas muy productivas, con excelente gerencia social que sea capaz de lograr Marginalidad Cero, demócrata. Con ganadería y agricultura, agroindustrias, petroquímica, exportadora de muchísima manufactura de alta tecnología que agregue valor, como computadoras y sus componentes, productos petroquímicos, acero y un largo etcétera. Para ello se hace necesaria una revolución educativa. Utilizar las televisores del estado para educación vinculante, desarrollar la instrucción on line. Preparar aceleradamente a nuestra juventud para que sea capaz de asumir los retos. Nada nuevo, los Dragones Asiáticos lo hicieron en su momento.

Y eso debe ser ya. Debemos pasar desde los últimos vagones del tren hacia el primero. Superar este destino que hace rato nos alcanzó y rebasó gracias a esta fatídica “revolución”.

HACIA DÓNDE VAYA EL PETRÓLEO VA EL PAÍS

Nuestra ventaja comparativa son los hidrocarburos. Debemos construir una industria de primer mundo. Para ello la nueva Ley Orgánica de Hidrocarburos debe contemplar dos aspectos: alta inversión privada y despolitización. Debe preparar a la industria para participar en Rondas de Licitación como las de los países petroleros de América Latina, creando una Agencia Nacional de Hidrocarburos que otorgue los permisos para operar a las empresas privadas. Obsérvese que hablamos de industria petrolera, del concurso de muchas empresas privadas que compitan con una Pdvsa de limitadas dimensiones, ya que el gigantesco daño que ésta presenta la hace irrecuperable, incapacitada de ser ni la sombra de la que existía al comienzo del chavismo.

Y como nada ganamos con desarrollar una industria petrolera de primer mundo si no la vinculamos con el desarrollo de una Venezuela de primer mundo, la nueva Ley Orgánica de Hidrocarburos debe contemplar cómo manejar los Beneficios de la Industria. Es decir, el ISLR, los demás impuestos, la Regalía, la Economía Conexa, la Petroquímica, la Responsabilidad Social y las nuevas energías.

ARABIA SAUDITA

Los árabes nos dan lecciones en este sentido: van a colocar acciones de Aramco en la bolsa de valores, crearon una Isla Financiera a objeto de atraer inversiones para su país, están comprando tecnologías para convertirse en líderes de energías alternas…

Es imperativo utilizar el petróleo para lograr una Venezuela no petrolera y de primer mundo. No hay contradicción, como el estudiante de pregrado que se prepara para ser no estudiante de pregrado… sino profesional.

Es urgente que nos repensemos como país. Desde los valores y desde las estrategias. Ya está bueno que con esos monumentales recursos seamos el penúltimo PIB per cápita de América y la primera hambruna petrolera de la historia.

Hora oscura, quién lo duda; pero la noche es más oscura antes del amanecer.
Rafael Gallegos