El silencio y libertad de los inocentes

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"El que ha superado sus miedos será verdaderamente libre”. Aristóteles.
“Quien castiga a un inocente, forma un nuevo criminal o malvado”. Víctor Hugo.
No es el CovSARS-2 que viene a darnos la libertad, ni por mar, tierra o aire, es con libertad de los inocentes que podemos conseguir salir de este pandemónium actual y de otras endemias, epidemias o calamidades por venir a consecuencia de esta situación actual y de ahí mi respeto a los presos, inocentes o las personas sin juzgar, llámese presos políticos o no.
Hemos perdido la libertad de transitar por donde deseamos, hay toque de queda en algunas partes y a ciertas horas, confinados, aislados, encerrados en nuestros hogares por sugerencias, ordenes o mandatos oficiales por lo importante que es esta medida para controlar en algo la invasión, introducción o penetración en nuestro cuerpo de este elemento biológico de 20 caras, con su corona de proteínas de superficie altamente configuradas para llegar a receptores específicos de nuestras células. Estoy muy de acuerdo con el aislamiento, distanciamiento social en estos momentos actuales de pandemia, pero esto no se cumple en muchas situaciones, porque la libertad de nuestro simple albedrío se impone, creemos que tenemos la razón ante el que cree que no la tiene o ante las autoridades, padres o representante, hacemos lo que nos da la gana y es ahí donde el virus toma una ventaja en esa inocente víctima, donde podemos ser candidatos para tener Covid-19. Esa víctima no pasó por inocente, sino por la ignorancia de su libre albedrío; aunque hay estudios de neurociencia que dicen que el libre albedrio no existe y que siempre esa acción es pensada unos milisegundos antes de actuar, y no seguiré en este tema para no encadenarme y filosofar inútilmente.
Este virus no es ningún inocente, actúa sin conciencia, no tiene cerebro, hace mucho ruido y daño, esta enfermando y matando a su paso a muchos inocentes, necesita penetrar en la cêlula, es posible que sus espinas lleguen a malvados y malos, pero no es lo que estamos viendo y oyendo, hay muchos inocentes enfermos, inmunodeprimidos, niños, adultos o viejos. Debemos luchar por liberarlos de este enemigo bilógico y la única forma posible es con los estudiosos de las ciencias que involucra esta materia y medidas preventivas de la sociedad, gobiernos y autoridades competentes, no con politiqueros prepotentes, gobernantes o autoridades ignorantes. No son con balas, ni tanques ni amenazas las que liquiden a este enemigo invisible pero viviente dentro de las células. Y lo peor es que no sabremos cuánto tiempo permanecerá en nuestras vidas y que daño hará posteriormente en nuestro organismo. Lo que sí creo “bayesianamente” (Inferencia o probabilidades que algo A pueda dar un resultado B semejante y así sucesivamente, pero sin tener otras variables probadas, podemos equivocarnos en tratamientos, conductas procedimientos y tener expectativas engañosas de mejorías de la pandemia o de los cuadros clínicos).
Este suceso actual puede cambiar varios paradigmas del comportamiento humano, social, económico, terrestre, para no entrar en otros conceptos de la vida diaria de las personas; en este detalle acepto todas las criticas del los estudiosos de los paradigmas científicos o de los callejeros, falta mucho por descubrir y discernir.
En lo que se refiere a todo un pueblo (pandemia) de inocentes, es posible que se despierten muchos de ellos cuando esto pase, si es que no los alcanza el destino antes y en ese caso, no sé qué puede pasar en estos pueblos o ciudades, sobre todo si no hay alimentos, medicamentos, agua, trabajo, dinero, empleo, transporte, electricidad, gas, justicia, medicamentos o gobernantes de buena voluntad por corregir estos problemas. No son las amenazas externas las que nos dan miedo o ansiedad, es lo que está en el interior de nuestras ciudades y dentro de nosotros, o lo que quedará después de todo esto.
Los culpables pagarán en esta tierra o en el inframundo, los inocentes moriremos como todos los mortales, libres y sin culpas, no sé si enfermos o contagiados con algún virus, bacteria, parásitos o en forma trágica, esperemos estar en Gracia de Dios, por haber sido inocentes, sumisos, callados, débiles, justos, humildes, enfermos o moribundos.
La maldad o la bondad no viene de los virus, de los murciélagos y menos de un pangolín u otro mamífero inferior, viene de los humanos o mamíferos superiores (Homo Sapiens), porque destruyen el hábitat de los animales y plantas, contamina bosques, selvas y mares, de la minería anárquica e ilegal, de la contaminación de las aguas y el aire, de la violencia y maldad en sus gobernantes, de sus ideologías engañosas o de las creencia fanáticas, de las injusticias, de sus reinos sin coronas o de sus ambiciones de poder como siempre ha sido en los siglos pasados. El paradigma de las pandemias esta por cambiar con los nuevos hallazgos, sociales, económicos, comunicacionales, filosóficos, científicos entre otros. Y el silencio de los inocentes creo que esta vez, si se escuchará en este siglo, lo que no se, es quien lo escuchará.
En tiempos de coronavirus y de semana Santa para muchos creyentes, creo que un Dios perdona a inocentes y culpables. ¿El castigo o premio final está en este paraíso terrenal? Algunos tenemos que llevar una cruz, pero de seguro no somos del todo culpables. Que su Dios los proteja del simple albedrío de tu razón.

Rubén D. Lopera

“Las revoluciones son tiempos en que el pobre no está seguro de su honradez, ni el rico de la fortuna, ni el inocente de su vida”. Joseph Antoine Rene Joubert