¿Es la hora de orar?

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“La ciencia sin religión esta coja y la religión sin ciencia esta ciega”. Albert Einstein... Me uno completamente a esta oración, no por lo que dijo este famoso Físico, sino por mi fe y creencias de que existe una energía superior nunca demostrada experimentalmente que mantiene en movimiento todas las partículas existentes y que la física está íntimamente ligada a esa energía superior, con sus leyes propias e independientes pero que no ha podido ser demostrarla por ninguna de las teorías científicas. De ahí creer o no creer en las diferentes filosofías y religiones existentes. Y no es el momento de juzgar a los ateos o espiritistas radicales, porque soy de los que me he adaptado a la filosofía de que nadie tiene la razón o la verdad de las cosas que dice o que cree o que son la verdad. Esto último puede ser una filosofía en sí.

Estos comentarios no son para contradecir a nadie y menos convencer si hay un Dios o no, si las religiones sirven o no para algo o si el amor esta supervisado por el cerebro, corazón o el sistema nervioso entérico. Es solo para comentar si el orar sirve para curar, evitar, ayudar, mejorar una enfermedad, una guerra, una catástrofe mundial o una epidemia de cualquier tipo. La respuesta parece fácil y evidente, pero es mejor meditarla sin apasionamiento o fanatismo.

Es mi primera experiencia y la de muchos de estar en momento de una pandemia (todo un pueblo) o pandemónium (todo un demonio) de incertidumbre mundial. Donde hacen lo que pueden los gobiernos para controlarla con diferentes medidas e involucrando los más diversos recursos humanos, técnicos y epidemiológicos, con la finalidad de evitar que más gente se enferme y muera con esta nueva enfermedad, donde la ciencia trata de poner su cuota de ayuda y con ella su esperanza de conseguir un tratamiento verdaderamente efectivo contra el CovSARS-19, pero mientras tanto , seguir el aislamiento, el distanciamiento social e incluso familiar y medidas Bayesianas, es decir seguir el teorema matemático de inferencia de Bayes, donde una hipótesis A puede dar lugar a un resultado en otra B.

Todo este preámbulo y encadenamiento lingüístico (debilidad personal de síntesis) solo para llegar al “grano” de si ¿es la “hora de orar, rezar o pedir a esa energía superior? para que ayude a su pueblo a sanar o evitar enfermarse.

Hace pocos días mi madre, su religión, creencias y costumbres me dice; tienes que pedirle a Dios por todo lo que está sucediendo, reza mucho y dile a tus hijos que lo hagan. Ella acostumbrada a rezar fielmente y diariamente como mucha gente de su edad, cree fiel mente que todo esto lo puede mejorar al rezar a la Virgen o al pedirle a Dios o Cristo Jesus. Esto me hizo recordar lecturas de neurociencia y su relación con la religión, Dios, lo espiritual y la sanación de las personas, es aquí donde la neurociencia, los estudios de resonancia magnética funcional (RMf)o de tomografías por emisión de positrones (pTAC) han evidenciado áreas basales del cerebro sobre todo en lóbulos frontales y temporales con unión de circuitos en núcleos grises basales y con conexiones con sistemas límbico, entre otros que han demostrado alteraciones del flujo cerebral o captación de marcadores especiales en estas áreas mientras se medita, se ora o se reza solo, o en grupos y correlacionando con la clínica de ciertos padecimientos lograron cierta mejoría en sus síntomas o enfermedad; esto es solo un ejemplo y que pueden ahondar al revisar los trabajos hechos en este respecto. En estudio de sacerdotes o monjas de monasterios o conventos, también hay resultados similares de un área específica cerebral de las cuestiones místicas, espirituales o religiosas. Algunos han interpretado todo esto aventurándose a decir que Dios está en el cerebro de algunas personas o de todas, pero esto va mas allá de un juicio razonado no. Para algunas religiones Dios está en uno, para otros Dios es el universo mismo y para mí es la energía superior que manda a mover todo con sus propias leyes y me uno al teólogo y filosofo Santo Tomas, que expresaba que todo es un movimiento constante, tanto en el microcosmos como en le macrocosmos y pienso también en el mundo de la física subatómica y de los virus, por ejemplo.

La teología, la neuroteologia, la bioteologia o neurociencia espiritual, la psicología de la fe, la metafísica, los mantras, la filosofía, entre otras ciencias pueden llenar este escrito de teorías y creencias, pero hasta aquí como empírico puedo llegar y solo puedo escribir que: “la fe mueve montañas”, ojala que la oración de cada uno sea oída por un Dios o un intermediario, llámese José, Gregorio, Jesús, Judas, María, Guadalupe, Pastora, Tereza o Coromoto y por intermedio de ellos hagan que no fallen los recursos humanos, equipos médicos, se consigan los tratamientos a tiempo, que sean efectivos, que no se muera tanta gente, que el aislamiento ayude, que los enfermos leves no se compliquen y los graves salgan vivos de la UCI, que las complicaciones sean leves y las secuelas mínimas. Además que se pueda contener la invasión del virus y su penetración al individuo, su replicación y que la mutación no sea posible.

Se ha demostrado beneficios de la meditación en algunos padecimientos clínicos y esto puede tener mucha relación con la neurociencia, la biología, neurobiología, neuroquímica y un ejemplo con algo de ironía propia es que el amor cura muchas cosas donde las emociones y sentimientos a través de neurotransmisores químicos lo pueden explicar, pero el odio y el estrés también pueden enfermar, no sé si la oración también puede mejorar esto, yo creo que sí, si se hace con fe y amor.

Se puede pedir muchas cosas a Dios pero nuestro destino final es morir, no creo que los virus, las bacterias, los parásitos y tantos seres biológicos que existen deben desaparecer, la naturaleza misma o el hombre se encargará de eso, no un Dios. De todas maneras creo, que siempre y por ahora, es la hora de ORAR por todos.

Dios no nos abandones, perdona a los que no saben lo que dicen o no hacen lo que deben, danos agua para lavarnos las manos como debe ser, en tus manos encomiendo mi vida física y espiritual, la de mis hijos, familiares y las de tu pueblo mundial, que no se consuma todo en este tiempo y no nos abandones todavía, pero dale paz divina y eterna a los que ya partieron antes, durante y después de esta pandemia en un pandemónium que tu solo controlas. Amen. Somos todos tus hijos, nosotros decidimos nuestro destino y tú decides cuando y como nos recoges en tu reino.

Rubén D. Lopera