Expectativas ante los retos económicos de Biden

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Las proyecciones de los comicios realizados el 3 de noviembre de 2020 en los Estados Unidos, dan como ganador de la presidencia al candidato demócrata Joe Biden. Los resultados no se encuentran exentos de polémica, en unas elecciones que contaron con el mayor porcentaje de participación registrado en 120 años.
El actual presidente Donald Trump, ha declarado que los resultados fueron amañados y sus abogados insisten en un “masivo fraude electoral”. La situación de incertidumbre se mantiene en la nación norteamericana, mientras que los mercados financieros permanecen a la expectativa en medio de una pandemia que no solo marcó la campaña presidencial, sino que también ha llevado al país a una recesión.
Lo cierto es que Biden tendría el compromiso de responder a las demandas de aquellas minorías que fueron decisivas para su elección. Su discurso de campaña vaticina un relanzamiento del Estado de Bienestar en una sociedad dividida y con una marcada cultura liberal. Entre las primeras medidas del nuevo gobierno, estaría un nuevo Plan Federal para cambiar la gestión ante la pandemia, políticas de gasto orientadas a la sanidad, vivienda y empleo, regulaciones antimonopolio, mejoras a la infraestructura e inversiones en energía limpia y una política internacional que apunte más hacia la cooperación y el multilateralismo.
La victoria de Biden supondría la ejecución de un plan de estímulo económico y un paquete de estímulo fiscal superior a los 2,5 billones de dólares, que no solo requeriría de un piso político sólido, sino que también tendría que ser aprobado por el Congreso de EEUU, en el que la Cámara de Representantes tendría mayoría demócrata y la Cámara del Senado, mayoría republicana.
Los resultados de un plan de estímulo pudiesen ser positivos en el corto plazo, pero requerirían de un acuerdo y ajuste fiscal que garantice la sostenibilidad de la deuda. Medidas como el alza de las tasas impositivas no se proyecta conveniente hasta que se supere la coyuntura actual, por otra parte, el hecho de no controlar ambas Cámaras, dificultaría el proceso para revertir las políticas republicanas implementadas por Trump.
La incertidumbre, producto del proceso de impugnación, sumada a los estímulos monetarios, traería efectos negativos sobre el valor de la moneda estadounidense, mientras que los planes de energía limpia supondrían obstáculos para la producción de los yacimientos no convencionales de petróleo, por lo que se pudiese esperar un aumento en su precio una vez superado el choque de demanda producto de la COVID-19.
En cuanto a la política comercial, Biden apuntaría a la cooperación con países aliados y su postura hacia China contemplaría seguir combatiendo lo que se considera como una competencia desleal, pero ya no de una manera unilateral. El nuevo presidente norteamericano plantea la innovación como una estrategia para combatir la revolución tecnológica del gigante asiático.
Entre las prioridades del nuevo gobierno se encuentra la creación empleos mediante el impulso de la industria nacional e incentivos fiscales orientados a evitar la tercerización fuera de los Estados Unidos. Este último punto contrastaría con los efectos que pudiesen tener las medidas antimonopolio, que pudiesen llevar a muchas empresas, en especial a los gigantes tecnológicos, a trasladar parte de sus operaciones al extranjero.
La postura hacia Latinoamérica se espera sea parecida a la del ex presidente Obama. Biden se enfocaría en atacar las causas del éxodo y la crisis en la región, aumentando el apoyo y el financiamiento. Con respecto a Venezuela, Biden parece tener clara la ilegitimidad de la administración de Nicolás Maduro y la necesidad que tiene el país de recuperar la institucionalidad y superar la crisis que atraviesa actualmente, sin embargo, su estrategia ,pudiese apuntar más hacia una salida negociada y hacia una flexibilización de las medidas coercitivas implementadas durante la administración de Trump.
El escenario se presenta como incierto y aún es necesario que las instituciones atiendan los reclamos y aclaren cualquier inconsistencia, para poder cubrir de legitimidad el resultado de las elecciones estadounidenses. Las políticas de estímulo fiscal y la implementación de un Estado Benefactor, traen efectos positivos en el corto plazo, pero son políticas que han demostrado no ser sostenibles en el tiempo. La prioridad de los Estados Unidos, al igual que la de la gran mayoría de los países del mundo, es superar los embates de la pandemia y atender a los sectores más vulnerables y afectados. @rudi_cressa

Rudi Cressa