La hiperinflación se acelera en cuarentena

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No hay tregua, en Venezuela los precios de los productos de primera necesidad y de los servicios aumentan de manera sostenida, afectando seriamente el poder adquisitivo de la mayoría de los ciudadanos. Desde hace más de un año, los productos han experimentado un aumento continuado de su valor, incluso cuando se realiza el cálculo en dólares.
La denominada “inflación en dólares” responde a un proceso de apreciación del tipo de cambio real, que se produce cuando los bienes del mercado local son más costosos que los mismos bienes o bienes similares en el mercado internacional. En Venezuela este fenómeno responde a situaciones coyunturales de la economía, la hiperinflación, los bajos niveles de competencia y las asimetrías de información así como también a variables relacionadas con el manejo de las expectativas y la incertidumbre del entorno, que hace que los empresarios exijan un mayor rendimiento de su inversión, en relación con los riesgos asumidos.
También se presentan factores especulativos y los llamados “costos ocultos” existentes en una economía con altas barreras de entrada, baja competencia y crisis a nivel de las instituciones que regulan y obstaculizan los procesos productivos, lo que además favorece indirectamente la comercialización de productos importados.
La inflación del mes de julio, según cifras suministradas por la Asamblea Nacional fue de 55.05 por ciento, superando nuevamente el umbral de 50 por ciento. La inflación es considerada un impuesto regresivo que aplica sobre quienes mantienen saldos de dinero en moneda local y afecta, en mayor proporción, a aquellos sectores de la población con ingresos fijos en bolívares, quienes en la mayoría de los casos conforman las clases más vulnerables y de menores ingresos, como los trabajadores públicos y los pensionados.
La “Cesta Petare” se ubicó en 5.805.000 bolívares equivalente a 19.75 dólares para la primera semana de agosto, según datos presentados por el Diputado a la Asamblea Nacional, Angel Alvarado. Previo a la llegada de la pandemia, la “Cesta Petare” había experimentado un aumento entre la primera semana de enero y la primera semana de marzo, de 29 por ciento en bolívares y casi 34 por ciento en dólares americanos. Este proceso de desaceleración tanto en la de inflación, como en la apreciación real del tipo de cambio, pudiese ser explicado por la disminución en los niveles de consumo, producto de la crisis actual y la disminución en los ingresos de las familias.
Mientras en otros países se han tomado medidas de estímulo fiscal y transferencias directas para reducir el impacto de la crisis, en Venezuela esto resulta imposible, debido a la escasez de recursos y disminución de los ingresos por concepto de exportaciones petroleras. Recientemente se han tomado medidas como la llamada “Armonización Fiscal”, en la que las alcaldías establecerían al PETRO como unidad de cuenta para el cobro de impuestos municipales, lo que generaría aun mayor presión sobre los sectores productivos.
El país se encuentra lejos de superar un proceso hiperinflacionario cuyo origen es principalmente fiscal. Las medidas adoptadas para buscar detener o corregir este fenómeno, han sido erradas y han impactado de manera significativa a un sector productivo que ya venía disminuido desde hace varios años. El salario mínimo, cubre menos de uno por ciento del costo de una canasta alimentaria que supera los 200 dólares americanos. Es necesario un cambio de modelo y la aplicación de un set de políticas coherentes, así como el surgimiento de un liderazgo, una dirección responsable, capaz de generar la confianza que se requiere para poder recuperar la economía nacional. @rudi_cressa

Rudi Cressa