Entre el peor o el menos malo…

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Soy partidario del libre mercado y del mayor rango posible de libertad para vivir, emprender y tomar decisiones. Por eso me gustó siempre el Partido Republicano, cuando estaba en Venezuela y cuando llegué a los EEUU. Pero me bastaron unos pocos meses aquí (llegué en 2015, en plena pre-campaña electoral para 2016) para terminar detestando a ese partido que en pocos años se había transformado, del partido que encarnaba aquellas ideas al típico partido que se empodera para defender a las élites poderosas y a los más ricos, y luego de las elecciones en el rehén domesticado del ególatra inescrupuloso Donald Trump.
El Partido Republicano que yo admiré es el de Dwight D. Eisenhower, Ronald Reagan, George Bush padre, y John McCain. No este esperpento de mafia intolerante, racista y borrega que ha reducido su aspiración de libertad a propiciar el libertinaje de los bancos, aseguradoras, empresas farmacéuticas y contaminadoras del ambiente para expoliar a la ciudadanía. Dedicado a defender los intereses de los fabricantes de armas en detrimento de las víctimas de los crímenes de odio. Un concepto de libertad que no aplica para las minorías raciales, para los inmigrantes y para las mujeres que quieren decidir sobre su cuerpo y maternidad, pero que se explaya en la tolerancia y defensa de auténticos colectivos supremacistas blancos, que se exhiben cual matones con pistolas al cinto para coaccionar a gobernadores, legisladores y hasta a los votantes negros en las colas electorales (remember los colectivos chavistas en Venezuela). Campeones del Gerrymandering y la supresión del voto de las minorías y finalmente, un partido al que le queda el apoyo casi exclusivo de dos sectores sociales: las corporaciones (en especial de Wall Street y la National Rifle Association NRA) y los ciudadanos sin educación universitaria. ¡Mediocre coalición, para un país complejo, diverso, masivamente educado y con urgente necesidad de importantes cambios!
No me entusiasma especialmente Joe Biden; es desabrido, poco intenso y quizá esté llegando cansado a esta responsabilidad tan importante. Un aspecto en el que por cierto Trump no lo supera, míralo nomás como sufrió para bajar aquella leve rampa en West Point. Biden es un mal menor, la menos mala de las opciones que esta elección sin auténticos líderes le ofrece a los Estados Unidos; pero, sin aún ser el candidato oficial de su partido, ya Biden le hizo un histórico servicio a este país, cuando conjuró en un sopetón el peligro que representaba la candidatura y eventual presidencia de Sanders, un estúpido socialista aclamado por una juventud enceguecida y necia, cuyo éxito iba a conducir a los EEUU a tener que decidir entre dos males mayores. Tampoco me agrada especialmente el Partido Demócrata, consumido por la carencia de un liderazgo centrista, cuyos mayores representantes han envejecido o fueron -como Hillary Clinton- picados en pedacitos por la maquinaria de odio y destrucción masiva del GOP (Grand Old Party) y sus aliados internacionales; y amenazado por la misma izquierda irredenta y estúpida que tanto daño ha hecho en Europa y América Latina.
Así que esta será otra elección, en EEUU y en el mundo, donde tocará elegir a un mal menor para desalojar del poder al "hombre más peligroso del mundo", según lo define su sobrina Mary L. Trump en un libro de próxima publicación. Finalmente, debo decir que en el próximo noviembre la principal elección no será la del presidente de los Estados Unidos, sino la de los reemplazos de dos jueces moderados de la Corte Suprema de los Estados Unidos (SCOTUS), la honorable Ruth Bader Ginsburg, quien no aguanta un año más en la posición por su avanzada edad y enfermedad, y de Stephen Breyer, quien eventualmente se retirará antes de la siguiente elección.
Quienes, como tú, decidieron emigrar y no mudarse a este gran país -y en él tienen hijos, nietos y futuros nietos- deberán decidir quién elegirá a esos dos jueces: Un hombre débil y sin carisma pero moderado y básicamente decente, y un 'bully' inescrupuloso que no respeta la ley ni las instituciones, y también está cansado y senil. Deberás elegir si para los próximos 20 o 30 años quieres una SCOTUS equilibrada 5-4 en favor de los conservadores, o una Corte Suprema 7-2 en favor de ellos mismos, pero con dos jueces más electos por la derecha más extrema, intolerante y hostil al cambio que existe en este país. Esta elección dibujará de ese modo el futuro del país donde se harán hombres tus hijos. Suerte con eso...

Thaelman Urgelles