El “paquetazo” de los idiotas

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El venezolano aplaude que las fieras están en el Circo Romano y grita como espectador sin entender que está abajo, con las fieras. En el caso de Venezuela, el problema no radica en el que anuncia “las medidas económicas”, lo alarmante es quienes apoyan y aplauden a rabiar las medidas. Lo indignante es ver a un gentío hablar de “paquetazo”, pero lo verdaderamente escalofriante, es que pocos entienden el alcance de lo que está ocurriendo.

Como ya sabemos, la palabra “idiota” nos viene de la antigua Grecia y era empleada para referirse a aquellos que solo velaban por sus intereses particulares, sin ocuparse de los asuntos públicos. Digo esto porque en todo país son los “idiotas” los seres más destructivos y gracias a su idiotez, esas naciones terminan siendo un estado fallido, porque fueron poco a poco perdiendo el sentido de importancia, de lo realmente relevante. Eso solo ocurre cuando la idiotez cunde por doquier, que es el caso venezolano.

No solo es “idiota” el señor o la señora que dice: “a mi no me gusta nadie de los partidos” teniendo un colosal abanico de opciones entre los extremos, o el que dice “es que a mi no me gusta la política”. Es también un peligroso “idiota” el que no lee, el que no se informa, el que no estudia los problemas y piensa en sus soluciones. Es idiota el que no sabe qué es el dinero, ni de dónde sale el dinero.

Han sido “idiotas” siempre los que frente a un robo, en vez de reunirse y estudiar las soluciones en lo público, se limitan a subir las paredes de sus casas. La gran mayoría ha sido idiota toda la vida, porque cuando le hurtaron el reproductor, debían ponerse furiosos colectivamente y no comprar una alarma o decir: “la suerte es que está asegurado”, o cuando hurtaban el carro ponían “travegas”, sin darse cuenta que lo que había que corregir era el problema en su origen y que el que comenzó hurtando, terminó robando a mano armada.

En Venezuela siempre fuimos idiotas porque las marchas masivas a Miraflores debieron haberse dado frente a esos robos de reproductores, porque todos debíamos saber que de seguir así, los dueños del carro con travegas, terminaríamos secuestrados y ruleteados.

Debimos interesarnos y no actuar particularmente, frente al robo subimos los muros, no funcionó y pusimos botellas rotas, no funcionó y pusimos cercos eléctricos, sin entender que nos esperarían con una pistola en la puerta. No debimos haber cerrado las calles en los años setenta, debimos haber hecho guarimbas en los años ochenta pero reclamando seguridad. Debimos haber ido hasta las casas de los políticos corruptos marchando y haberles hecho “escrache” en los restaurantes, por sus múltiples irresponsabilidades mucho antes de los noventa.

Porque repito, el venezolano aplaude que las fieras están en el Circo Romano y grita desaforadamente como espectador las muertes que ocurren, sin entender que está abajo, con las fieras. Que no es un espectador, sino parte del espectáculo sangriento.

Por eso cuando digo siempre “los que permitieron que Chávez llegara” no me refiero a los adecos ni a los copeyanos, sino a sus “representados”, los que no exigimos colectivamente soluciones. Es decir que fue nuestra propia “idiotez” colectiva la que trajo la barbarie ya que los políticos no son extraterrestres, son simplemente el reflejo de lo que somos, un espejo de nosotros mismos. Los adecos, los copeyanos, los masistas los pejotistas, voluntistas, mudistas, un nuevo tiempistas o los chavistas, son un reflejo de lo que somos como sociedad, porque son “nuestros representantes”.

Por eso muy probablemente cuando usted dice: “no me gusta ninguno” es básicamente porque no le gusta el reflejo de lo que ve, de lo que somos colectivamente. Porque como decía un analista argentino: “la gente emigra huyendo del argentino” y hago mías sus palabras, el venezolano no está huyendo del chavismo, ni de la situación, el venezolano está escapando de lo que nos hemos convertido como sociedad.

Por eso entre todos, el más peligroso de los venezolanos es el que no entiende dónde está parado y piensa que hay soluciones simples, a los problemas complejos. El problema no es que un presidente de Zimbawue le dijera a sus militares que pasarían de ganar de 20 a un mínimo 500 dólares, lo grave es que ninguno le preguntara de dónde saldría el dinero y cuando eso pasó allí, el militar terminó ganando dos dólares. Por eso el problema aquí no es que el presidente le prometa a los suyos lo mismo, sino que le aplaudan cuando la economía general se ha contraído 50% y amenaza con caer más , cuando la privada se ha constreñido en un 80% y la petrolera en dos tercios. Cuando estamos en default en todos nuestros bonos vencidos, cuando no tenemos reservas y el oro está empeñado.

El problema de las medidas no radica en que el presidente no las comprenda, sino en los aplausos de los presentes y de millones de venezolanos. El problema no es que un presidente, engañado por un inepto extranjero, piense que puede crear su propia moneda, basada en algo que no se ha producido, sino que sus seguidores y buena parte de los venezolanos no sepan siquiera lo que es el dinero. Entonces cuando alguien pregunta si eso es posible, el delincuente extranjero les explica que es como el dólar, que “no está respaldado por nada” en cambio el que ellos proponen, si lo estará.

El dinero amigos, además de sus aspectos técnicos, no es otra cosa que el mayor contrato social, entendido y aceptado por todos, que tiene un país. En el dinero está representado nada menos que todo nuestro esfuerzo y capacidades. El dólar es el contrato social de los estadounidenses, y su poder radica en que está respaldado no solo por sus sellos del tesoro, sus firmas y símbolos políticos, sino por el valor de su Bolsa, la industria y la tecnología estadounidenses, la economía, los ahorros de su gente, las exportaciones etc. en fin, están respaldados entre muchos, por el trabajo de millones de compañías, la tecnología de Apple, por los carros de Ford, por los aviones de Boeing o por el petróleo de las gigantes petroleras.

Técnicamente el dinero es otra cosa y el Tesoro, o los bancos centrales pueden ajustar su valor, subirle o bajarle su valor de acuerdo a intereses y tecnicismos que no vienen a cuento, pero detrás de cada dólar, como contrato social, está el respaldo del esfuerzo, de la iniciativa y el desempeño económico de sus trescientos millones de habitantes.

Esto quiere decir que el dinero, no crece en los arboles. Si la imagen de los políticos, no es otra que la de sus representados, la imagen del dinero es la representación de nuestro esfuerzo, de nuestras iniciativas, de nuestro desempeño económico. Por eso el dólar como contrato social de los estadounidenses tiene el poder de su imagen, el euro como contrato tiene el poder de la imagen de los millones de europeos trabajando de sol a sol y el “bolo” como lo hemos llamado siempre despectivamente, esta respaldado por quienes somos, por nuestro esfuerzo y tiene la imagen que tiene, producto de nuestro desempeño económico.

Por eso creemos tanto en el “bolo”, como en nuestros políticos. Porque el “bolo” está respaldado por nuestras iniciativas, nuestro desempeño, nuestra Bolsa de Valores, nuestra industria, nuestra tecnología, nuestro petróleo y minerales así como lo que queda de las reservas. El “bolo” de nuestros abuelos fue diezmado en el delirio de la “Gran Venezuela” en la que se vendió el ideal de no trabajar. El “bolo” de nuestros padres fue aniquilado por el desmadre de los últimos veinte años antes del chavismo y el “bolo” como símbolo monetario acaba de ser asesinado. El “bolo” terminó asesinado pues vale las expropiaciones, vale dos tercios de petróleo menos, vale las industrias en rojo, Guayana en paro, vale el 20% de la industria que queda, vale los millones de exiliados y refugiados, vale los millones de obreros y personal calificado que se ha marchado.

Por eso esto, amigos, no son anuncios ni un paquete. Es suicidio.

El Petro, amigos, no es un bono como dicen algunos economistas, es la perfecta moneda del chavismo. El petro no es un contrato, ni estará respaldado por el esfuerzo de nadie, es tan perfecta para ellos, que demuestra la visión económica del chavismo, pues estará respaldada por un barril, -ni siquiera por todo el petróleo- sino de una pequeña parte que ni siquiera será explotada alguna vez. El petro es pues la moneda ideal del chavismo, como la de las haciendas feudales, que no se puede transar en los mercados extranjeros y refleja la nueva Venezuela, en la que sencillamente ya no hace falta trabajar. Porque para ellos el dinero no crece en los arboles, sino yace bajo la tierra.

Me explica un amigo economista que el “nuevo bolo” como estará anclado al Petro (100 millones de monedas) tendrá menos valor que las exiguas reservas de oro sólido del Banco Central. Venezuela tendrá “anclado” apenas un diez por ciento del dinero que manejan los ecuatorianos o será poco más de un tercio del que manejan los bolivianos. Ese anclaje reflejará al mundo, probadamente, la pobreza absoluta de una nación, pues tendrá menos “valor” general de la moneda cubana.

El Petro será el reflejo técnico, mesurable y contable de una Venezuela que habiendo estado entre las 20 mayores economías del planeta, llega a 2018 con la economía del tamaño de la de Etiopia y para 2019 habremos obrado el milagro económico del siglo, nuestra economía será del tamaño de la cubana.

Por eso en términos objetivos, anclar el “bolo” al Petro, es paradójicamente sincerar la economía chavista. Hoy a 60 dólares tendremos la economía de Etiopia, si baja como en 2016 tendremos la economía de Guatemala, si baja como en 2002 tendremos la economía de Costa de Marfil y si baja como en 1998 nuestra economía será la de Somalia.

Valdría preguntarse también. Si los 30 millones de venezolanos tendremos solo esos 100 millones de Petros (unos seis mil millones de dólares). ¿A quienes les tocaran los otros 30 mil millones, el Coltan, el oro, los diamantes etc?.

Por eso que alguien hable de medidas económicas, es desconsolador. Tampoco se trata de un “ajuste de la gasolina”, ni un paquetazo, porque simplemente las misas que hicieron para que aumentara la producción no rindieron los frutos esperados ya que hay 60 mil barriles menos y a ese ritmo, la realidad es que con un millón o menos de barriles a final de año, no habrá gasolina y ya, el drama del interior llegara a las ciudades y a la capital y es necesario ajustar el consumo. Eso no es tampoco, una medida.

Lo que ha ocurrido hace que nos preguntemos ¿Cuánto vale Venezuela hoy?. La respuesta es que si ocurriera un cambio, nos tocará construirla desde cero y ésto, amigos, será literalmente en breve. Solo que no me refiero al improbable cambio, sino al cero como valor de toda una nación. @thayspenalver
Thays Peñalver