No comeremos ni petróleo

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“China nos demanda y Rusia secuestra barcos venezolanos en alta mar, para cobrarse sus deudas”...
En Enero de 2005 Venezuela exportó a Estados Unidos un millón setecientos mil barriles, diez años más tarde habían sido expulsados de ese mercado un millón de barriles y en las dos primeras semanas de 2018, Venezuela solo exportó a Estados Unidos trescientos setenta mil barriles de petróleo (Eiea). Es decir un millón cuatrocientos mil barriles se perdieron desde 2005 para nunca más ser recuperados, ni vendidos a ningún otro país. India, nuestro segundo mejor comprador (no es China) descendió sus compras, mientras tanto China nos demanda y Rusia secuestra barcos venezolanos en alta mar, para cobrarse sus deudas. Y hoy de 3,4 millones de barriles que heredó el chavismo, apenas se producen poco mas de 1,4 millones de los cuales 500 mil están comprometidos en deuda.

Siempre he dicho que el chavismo no es, ni ha sido nada nuevo para Venezuela. Es muy lamentable pero es un pensamiento que ya está arraigado en la psiquis de los políticos y a lo largo de la historia ha ido cambiando circunstancialmente de nombre, porque mas bien el chavismo es un estado de animo colectivo y está siempre presente o ha sido utilizado igualmente por los dictadores, los demócratas y no pocos de “la derecha”, creando un populismo espantoso que ha diezmado siempre las deseos de emprender y producir en un país donde inexorablemente y de manera suicida, celebra o ignora, la persecución y el exterminio de sus empresarios.

Por eso es imposible quitarle a los venezolanos de la mente aquella frase acuñada por Luis Herrera: “los empresarios son llorones y siempre se han recostado bajo la sombra del Estado protector” que eternamente ha tenido una contrafase silenciosa en la mente de cada emprendedor, industrial o comerciante, un grito ante el silencio perturbador que le dice a los venezolanos: “que produzca tu abuela” o más bien, que produzcan las famosas quince letras, con este lamentable remate: me voy a otro país a producir lo que en el mío no se puede, porque no te dejan, los vagos que siempre quieren vivir de los demás.

Es lamentable pero aquí en Venezuela el que trabaja de sol a sol para cultivar sus sembradíos de papas y sus zanahorias, quienes se esfuerzan para cuidar plantaciones de café, extraerlo y tostarlo para procesarlo y llevarlo a la venta o el que madruga cada día para ordeñar sus vacas o sacrificar sus cochinos, siempre es el malo, el enemigo al qué hay que perseguir y arruinar. A quienes celebran, a quienes le “jalan” y no reconocen como el verdadero gran explotador de Venezuela, el vago de las ciudades, es ese que se agolpa en las afueras de Miraflores o en las alcaldías “exigiendo” que le regalen la comida que le cuesta producir a los demás. El problema es y siempre será, hasta que no cambie el modelo populista clavado como un chip en cierta clase de políticos que no tienen argumentos para conquistar al electorado, es que el voto del que le sangran las manos, vale menos que el de los vagos que se dedican a cortejar los partidos políticos para ver que sacan.

Aquí hay que decirlo hasta el cansancio, porque es necesario, que no fueron solo los “demócratas” quienes sembraron el populismo como le gusta a algunos esgrimir, porque hay que recordar como se educaron nuestros bisabuelos cuando el dictador Cipriano Castro paseó a los banqueros por el medio de la calle, encadenados para que la gente aplaudiera a rabiar y cuando arrasó con los grandes empresarios o recordar también la célebre cruzada “contra los acaparadores” del dictador Juan Vicente Gómez, luego de su famoso telegrama (1932) “encaminado a la protección de las clases pobres contra los voraces acaparadores” que llevó a más productores del campo a las mazmorras, que políticos.

Fue así como la generación de nuestros bisabuelos fue educada aplaudiendo las expropiaciones “por causas de utilidad pública ” de todo aquel que trabajaba en Venezuela. O la locura del dictador Isaías Medina con su “comité de abastecimiento” y “Juntas reguladoras de precios” gritándole a las masas que los productores eran: “hambreadores del pueblo, enriquecidos a costa de la miseria de los peones del campo, junto los patronos intransigentes de las ciudades, que acumulan riquezas a costa del hambre y del sufrimiento de los trabajadores” y así fue como la generación de nuestros abuelos también aprendió lo malvados que eran quienes se rompían la espalda cultivando.

También hay que recordarles a muchos la vocación “antiimperialista” de Pérez Jiménez que lo dijo muy claramente: “Los Estados Unidos fueron enemigos de mi gobierno y enemigos también de mi persona (..) no les interesa el desarrollo de América Latina, sino la perpetuación de su pobreza y tercermundismo (.. ) al asumir el gobierno nos encontramos con que las grandes industrias estaban en manos foráneas y que las otras estaban en manos de los acaparadores criollos” a los cuales perseguí con saña (..) los yanquis decidieron que yo era un estorbo para su política. Y entonces dieron acogida a los partidos politicos venezolanos. El gobierno de Estados Unidos llevó desde Costa Rica a Rómulo Betancourt, le reunió luego con los demás líderes y comenzaron a empujar por todos los medios y a hacer labor de convencimiento entre las Fuerzas Armadas, para acabar con el gobierno de Pérez Jiménez” (Pérez Jiménez dixit).

Si los dictadores fueron así, imaginemos la democracia cuando explicaban que los productores no solo eran “negreros”, sino “acaparadores, especuladores y sujetos equiparables a los criminales que secuestran aviones” (Caldera) o el famoso: “si los ganaderos van a la huelga les aplicaré otra vez la Ley contra el acaparamientos” gritaba Carlos Andrés mientras metía presos a los bodegueros, al mismo tiempo que la CTV organizaba marchas exigiendo la inmediata “nacionalización de la Industria Agropecuaria” y todos los venezolanos vieron como la juventud “revolucionaria” de Copei exigía meter tras las rejas a la gente de Fedecámaras.

Así como lo ven amigos, el problema del venezolano no es la falta de educación, sino que lo educaron para ser un lambucio y cada vez que se llega a la conclusión de que hay que apretarse el cinturón y ponerse a trabajar, saltan los revolucionarios a explicarnos que “hay que devolverle al pobre sus riquezas” en vez de explicarle que jamás fue rico, porque es mas fácil apelar a la justa distribución de una riqueza que no es suya, a explicarle que la riqueza esta en el trabajo de la gente. Y fue así como el chavismo no emergió como una esperanza, sino que fue producto, la consecuencia de una educación política clara y expresa de los vagos enquistados en todos los partidos políticos. Y el problema actual repito no fue la “falta de educación” sino la educación inculcada en la psiquis de los venezolanos contra los cuatro gatos que trabajan y producen.

Por eso recuerdo que la revista Resumen a principios de la década de los ochenta, imprimió un articulo llamado ¿Comeremos Petróleo? que causó sensación y que decía: “La dueña de casa enfrenta diariamente la angustia del “no hay”. Un día son las caraotas, al siguiente los pollos, luego la “Harina Pan” y el azúcar. La más reciente fuente de frustraciones domésticas se produce al querer comprar huevos o leche”, “El hambre se avecina” vaticinaban en el articulo, mientras explicaba que lo único que quedaría para comer sería el petróleo.

Aquello fue algo que aprendieron bien los españoles de su guerra, pero no quienes nos habíamos independizado. Si hay una explicación lógica a las consecuencias económicas en Cuba o Venezuela, o cualquier pueblo que abrazara la causa socialista o se le aplicara a la fuerza el modelo, ese es el aforismo de Indalecio Prieto, uno de los grandes lideres de la Republica Española cuando le preguntaron las causas de la derrota del marxismo y el asunto para él fue muy simple: “En la zona nacional los ricos supieron ser pobres, pero en la nuestra los pobres no supieron ser ricos”.

Entraban a los palacios y al poco tiempo estaban convertidos en cuchitriles apestosos, tomaban los automóviles hasta que quedaron paralizados, o como llegó a decir el presidente Manuel Azaña viendo el panorama de la zona nacional: “No queda nada; gobierno, partidos, autoridades (..) Nadie está obligado a nada. Histeria revolucionaria, que pasa de las palabras a los hechos para asesinar y robar, ineptitud de los gobernantes, inmoralidad, cobardía, engreimiento de advenedizos, palabrería de fracasados, explotación de la guerra (revolución) para enriquecerse”.

En Madrid la situación no podía ser peor: “Era el placer del derroche, un signo de nueva vida. No se daban cuenta de que estaban preparando el hambre del mañana. No había previsión. Cada cual hacía lo que le daba la gana”. “Quemar gasolina gratis y agotar los almacenes fue la diversión mayor. Hay que haberlo visto -escribió el presidente-“. “Toda la parte ganadera de la provincia de Madrid fue arrasada. Se mató a todos los animales de producción” en apenas tres meses. “Y luego con el bloqueo llegó el hambre”.

Eso fue lo que ocurrió aquí, La barbaridad del pensamiento “socialista” en Venezuela nos ha demostrado hasta el cansancio su inutilidad, porque cada día hay más bocas que alimentar y menos dinero, porque una y otra vez han repartido las riquezas hasta extinguirlas finalmente. Fueron los bisabuelos políticos los que envidiaron la vaca ajena, los abuelos la expropiaron, los padres la sobre ordeñaron y los hijos hoy se comen los despojos de una industria que esta muriendo frente a nuestros ojos.

Por eso ¿Quién habría dicho alguna vez, que el chavismo llegaría a gobernar y no dejaría ni petróleo para comer? @thayspenalver
Thays Peñalver