Aciertos y desaciertos de una visita real

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Este jueves concluyó la visita de Estado de tres días que hicieron los reyes de España Felipe VI y Letizia a Cuba, una estancia que desde antes de comenzar estuvo rodeada por la polémica y ya concluida seguirá siendo objeto de críticas, interpretaciones, agravios y desagravios.

Hay que reconocer que la visita de los Reyes fue un pequeño paréntesis en la agenda informativa cubana, que llevaba semanas dominada por los problemas surgidos de la crisis energética y los excesos ideológicos a los que nos tiene acostumbrados la prensa oficial. Para quienes trabajamos en redacciones periodísticas, Felipe VI y Letizia vinieron a ser una breve distracción, un tema nuevo que irrumpió en nuestra cotidianidad con más bombos y platillos que efectos a mediano y largo plazo.

Sin embargo, pasada la algarabía de esas jornadas y más allá del alivio temático que representó para la prensa, vale la pena resaltar también algunas zonas oscuras de este viaje que fueron ocultadas por la prensa oficial y, como es lógico, no tuvieron cabida en el Twitter de la Casa Real.

Después de que el avión de Felipe VI y Letizia despegara de La Habana rumbo a Santiago de Cuba, el artista Luis Manuel Otero Alcántara fue liberado de uno de los tantos arrestos que ha sufrido a lo largo de este año. Los Reyes se fueron a poner flores a los españoles caídos al final de nuestras guerras de independencia, sin saber siquiera que un joven creador estaba detenido en un calabozo para que no incordiara la visita de tan ilustres invitados con una de sus ‘performances’

En Santiago de Cuba, el opositor José Daniel Ferrer no corrió la misma suerte. Los Reyes se fueron y todavía el líder de la Unión Patriótica de Cuba, detenido el 1 de octubre, sigue encarcelado. Aunque puede intuirse que en las conversaciones a puertas cerradas con Miguel Díaz-Canel, el Rey transmitió su preocupación e intercedió por que liberaran al exprisionero de la Primavera Negra, ninguna declaración pública así lo confirma.

En “se habló de todo” que repitió el canciller español Josep Borrell para describir ante la prensa acreditada el encuentro entre el monarca y el recién designado presidente de la República puede caber casi cualquier cosa y ninguna: hablaron del clima, de los impagos a los empresarios españoles, de los créditos blandos que la Madre Patria dará a la Isla… o también se colaron algunas exigencias en materia de derechos humanos, libertades ciudadanas y necesidad de despenalizar la discrepancia en esta Isla. Nunca lo sabremos o demoraremos bastante en saberlo.

Lo que sí sabemos es que hasta ahora, la prensa oficial cubana no ha reproducido íntegramente el discurso de Felipe VI en la cena que el pasado miércoles en la noche ofreció para Díaz-Canel y su esposa en el Palacio de los Capitanes Generales. Cuesta pensar que las autoridades españolas no intentaran convencer a sus anfitriones cubanos de dar a conocer sin censura las palabras del monarca a través de la prensa de la Isla.

Mientras en 2016 Barack Obama hizo un discurso en un símbolo cultural como el Gran Teatro de La Habana, ante cientos de invitados y que se transmitió íntegramente por la televisión nacional, el Borbón habló a puerta cerrada, para un selecto público, y a la mañana siguiente ningún medio oficial había difundido sus palabras. No obstante, gracias a las redes sociales y a la prensa extranjera algunos pudimos saber lo que allí se dijo.

La alocución de aquella noche salva parte de este desafortunado viaje, porque -entre otras cosas- Felipe VI dijo frases muy necesarias sobre la existencia de instituciones que representen a todos los ciudadanos y que éstos puedan expresar por sí mismos sus preferencias y encontrar en ellas “el adecuado respeto a la integridad de sus derechos, incluyendo la capacidad de expresar libremente sus ideas, la libertad de asociación o la de reunión”.

Pero esa fue una perla en medio de la mucha hojarasca de este viaje.

La reunión con parte de la sociedad civil cubana restó más que añadir. De ese encuentro, se salva, sin embargo, el reporte general que hicieron los periodistas independientes que fueron incluidos en la lista de invitados y que pusieron al tanto a los Reyes de las penalidades y obstáculos para ejercer su profesión en Cuba fuera de los canales estatales. Otro punto a favor de esta visita, pero -como mismo cuentan los participantes- fue una cita muy breve en la que apenas se pudieron tocar algunos temas e ideas muy abarcadoras o esenciales.

Pero fue el encuentro con Raúl Castro la gran metedura de pata de esta visita. No incluida inicialmente en el programa oficial, Felipe VI accedió a esa cita con Castro a partir de un pedido que le hizo Díaz-Canel durante esa cena. Tras ocurrir se describió como una reunión privada, pero la presencia de las banderas y de los cancilleres de ambos países, le dan un carácter oficial. Una verdadera “encerrona” que llevó al Rey a permitir que se politizara lo que hasta ese momento se había presentado como un viaje cultural. ¿O es que acaso no es hacer política reunirse con el secretario general de una formación política, sobre todo cuando se trata del único partido autorizado?

Puesto en la balanza de la vida, de las relaciones públicas y de la historia, pesan más los desaciertos que los aciertos en este viaje real. Habrá que ver cómo es interpretado con el paso de las semanas y los años, pero por el momento parece ser que la Plaza de la Revolución se anotó varios puntos a su favor, ganando legitimidad, poniendo a posar a Felipe VI y a Letizia ante la imagen de Che Guevara, allanando el camino para obtener una ayuda económica de más de 57 millones, escamoteando las palabras del Rey y colando en el último minuto a Castro en la agenda. ¿Y la Zarzuela? Bien gracias, hasta ahora solo se apuntó a su favor un discurso que pocos cubanos han podido leer.

Yoani Sánchez 14ymedio.com