Díaz-Canel y la página en blanco

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La investidura del nuevo presidente de la nación abre múltiples interrogantes, empezando por el asunto de su legitimidad. Los cubanos se preguntan también si Miguel Díaz-Canel está dispuesto a realizar las reformas necesarias y cuál será la actitud de la oposición y de la comunidad internacional ante la nueva situación política en la Isla.

El talante del nuevo rostro de la Plaza de la Revolución – ¿democrático o represivo? – es todavía un enigma, que será despejado en breve. En las próximas semanas se sabrá si este ingeniero de 58 años mantiene los operativos policiales contra los opositores, las prohibiciones arbitrarias de salida del país decretadas contra ciertos activistas o el bloqueo de sitios digitales críticos con el sistema, entre otras tantas acciones represivas.

Tanto la oposición política nacional como los Gobiernos extranjeros que han sido críticos con el régimen castrista no saben aún si van a mantener o no el calificativo de “dictador” para el nuevo gobernante. Es todavía muy temprano para optar por nuevas estrategias o seguir con las posiciones asumidas hasta el momento.

El jueves 19 de abril se abrió una nueva oportunidad tanto para Díaz-Canel como para sus adversarios políticos. A pesar del tono de ferviente continuidad que empleó en su discurso de investidura, Díaz-Canel es el primer gobernante de las últimas seis décadas que no tiene responsabilidad directa con fusilamientos, confiscaciones de propiedades, intervenciones militares en el extranjero y otras atrocidades cometidas por los hermanos Castro.

El relevo generacional es un hecho consumado ante el cual se puede reaccionar de dos formas: aprovechando lo que traiga como ventaja o negando su existencia. A largo y mediano plazo, la nación cubana saldrá beneficiada o damnificada según la reacción que se tenga ante esta nueva realidad.

La gran responsabilidad cae en primer lugar sobre el nuevo presidente. A él le corresponde dar el primer paso, por ejemplo una amnistía para los presos políticos o la suspensión inmediata de los actos represivos contra los disidentes.

Otorgarle el beneficio de la duda sería más útil que mantener una beligerancia ciega y estéril. El resquicio de esperanza que suscita la nueva situación pone a Díaz-Canel ante una disyuntiva crítica: mantenerse en la silla presidencial por la fuerza o conseguir el apoyo popular a través de las acciones de su administración.
Yoani Sánchez

Fuente: http://www.14ymedio.com/nacional/Editorial-14ymedio-Diaz-Canel-pagina-bl...