La mascarilla, nuevo campo de batalla político

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Ese trozo de tela que desde hace meses estamos obligados a llevar sobre la cara amenaza con convertirse en un nuevo campo de batalla político. La mascarilla ya ha entrado en el radar de los censores, que empiezan a querer dictar reglas sobre el diseño, dibujo o mensaje que transmiten.

La nueva prenda, que todo apunta nos acompañará por mucho tiempo, ha experimentado en los últimos meses un proceso de individualización y ajuste entre quienes quieren llevar sobre la boca y la nariz algo más que un pedazo de tejido. En busca de la diferencia y de sacarle partido estético, aparecen cada día diferentes modelos, amén de que cumplan o no con los estándares sanitarios.

Nasobucos con enseñas, lentejuelas, escudos familiares, bocas hilarantes y colmillos que meten miedo... todo eso y más se ve en las calles. Pero a medida que los centros estatales han reiniciado sus jornadas laborales y las escuelas de varias provincias reabierto sus aulas, las mascarillas se han topado con las mismas restricciones oficiales que limitan otras partes de la indumentaria.

Varios amigos y conocidos me han contado que en sus empresas ya empiezan a escucharse a los mandos advertir de que no se permitirán nasobucos con banderas extranjeras, especialmente la de Estados Unidos, o con mensajes escritos de ningún tipo, ni tampoco con imágenes políticas, críticas contra el régimen cubano o de contenido erótico.

En una sociedad donde las tijeras de la censura han intentado podar desde el largo del pelo de los estudiantes varones hasta la manera en que se ajustan los pantalones o blusas, las mascarillas son la nueva pieza que debe ser domesticada. "No vamos a permitir que vengas con un cartel ofensivo en la cara", le dijo un administrador a un joven trabajador del Fondo de Bienes Culturales que escribió sobre la suya la palabra "cambio".

"Esas barras rojas y esas estrellitas no se pueden traer a esta aula", recriminó la maestra holguinera que imparte clases a la hija de una amiga. Ella cuestionó de dónde iba a sacar otro nasobuco, pues el que llevaba era el único que había podido conseguir por su cuenta. La profesora movía la cabeza de un lado a otro como respuesta, y la mujer insistió: "¿Quién ha dicho que esto es parte del uniforme? ¿Van a repartir alguno de verde olivo?"

El pulso recién comienza. No descartemos que dentro de pocas semanas salga una lista clara de cuáles diseños o motivos pueden llevar las mascarillas y cuáles otros están rotundamente proscritos. País de prohibiciones.


Mascarillas como esta, diseño de Rebeca Monzó, no están permitidas en centros estatales y escuelas. (14ymedio)

Yoani Sánchez,