El milagro brasileño: la conversión de los más pobres en nuevos consumidores

"Con ese dinero compro cosas, ropa, calzado, pago servicios, y lo mejor: pude comprar las tejas, ponerle un cielo a mi casa", dijo a la AFP María Alves, de 45 años, analfabeta y madre de seis hijos.

Las familias seleccionadas en el programa Bolsa Familia, con ingresos de entre 39 y 78 dólares por persona, reciben del Estado un promedio de 75 dólares mensuales, pero el monto puede llegar a 135 dólares dependiendo del número de hijos, según cifras oficiales.

Brasil, con 190 millones de habitantes, asegura haber sacado de la pobreza a más de 30 millones durante los ocho años de gobierno de Luiz Inacio Lula da Silva (2003-2010).

Sólo entre 2003 y 2008, la extrema pobreza se redujo de 12% a 4,8%.

El país logró en cinco años lo que la ONU, en sus Metas del Milenio, fijó para 25, dijo a la AFP André Portela Souza, profesor de la Fundación Getulio Vargas y autor del estudio Políticas de Distribución de Rentas en Brasil y Bolsa Familia.

Alves ilustra el milagro social del que se ufana Brasil frente a una crisis que empobrece y moviliza a muchos en los países ricos: antes no tenía qué comer, y ahora se ha convertido en consumidora gracias al dinero que le da el Estado, a cambio de que sus hijos vayan a la escuela y reciban atención médica.

"Romper el círculo vicioso de la pobreza"

Ubicada en las afueras de Brasilia, la casa de María está lejos de tener las comodidades de la clase media o clase 'C', compuesta por un número creciente de brasileños con ingresos de entre 674 y 2.907 dólares al mes, que tienen acceso al crédito y son el motor del vigoroso crecimiento del mercado interno. Sin embargo, los 204 reales (114 dólares) que recibe del Estado, más lo que reúne cuidando niños, aliviaron su vida y permitieron que su hija Cleyde fuera la primera en varias generaciones en completar la educación secundaria.

"Ahora quiero estudiar, pero no puedo porque la universidad privada es muy cara, y en la pública la selección muy rigurosa", señala la joven de 22 años.

"La bondad de estas políticas es que busca romper el círculo perverso de la pobreza, es decir, que los hijos de los pobres sean pobres, y eso gracias a las condiciones que fija (el programa): escuela y salud", dijo Souza.

Sin embargo, el gran desafío "a largo plazo es la educación que reciben los niños y los jóvenes, que necesita mejorar mucho para que sean capaces de funcionar, estar en el mercado de trabajo", agregó.

Los brasileños más pobres están haciendo lo que era reservado a otros sectores: consumir, explicó Souza. "Como en cualquier otro proceso de crecimiento económico, quieren consumir, comprar carne de mejor calidad, hacer esas cosas que la gente considera normales".

Veroneide Lima de Santos, de 28 años, con seis hijos y un embarazo de cinco meses, resume la diferencia entre la extrema pobreza y la pobreza: "Ahora compro cosas y sueño, sueño con ampliar la casa", una construcción todavía precaria pero en la que no falta un televisor, un equipo de sonido y una refrigeradora con comida.

El programa Bolsa Familia, que en principio se enfocó en la lucha contra el hambre, fue implementado por el gobierno de Lula en 2003, y ampliado por su sucesora Dilma Rousseff, que asumió el cargo en enero pasado. El gobierno busca erradicar la pobreza extrema, incorporando a Bolsa Familia a 16 millones de personas en extrema marginación de aquí a los próximos cuatro años.

Sólo en 2011, el Estado invertirá en dicho plan casi 12.000 millones de dólares, un 0,5% del Producto Interno Bruto (PIB).

Un riesgo que planea sobre los brasileños que reciben ayuda estatal es "que la inflación se acelere y afecte a los más pobres", advirtió no obstante José Luis Oreiro, doctor en economía y especialista en políticas de distribución de renta de la Universidad de Brasilia.

"Por ahora es un programa extremadamente barato, que se enfoca en los más pobres, que el gobierno está interesado en mantener para ganar las elecciones (regionales) de 2012", sostuvo.AFP

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