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Carlos Blanco

En busca del chavista desconocido

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Con motivo del pronunciamiento de Guaidó, según el cual debería conformarse un Gobierno de Emergencia Nacional “con todos los sectores” y un “Consejo de Estado paritario”, se han expresado legítimas dudas sobre si esas iniciativas incluyen al chavismo. Se ha dicho que sí, aunque no los indiciados de crímenes, violaciones de los derechos humanos, terrorismo, narcotráfico o corrupción; serían los otros chavistas, los no incursos en esos delitos o no acusados por tales.

Los militares, aunque no quieran…

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No se trata de pasarle la mano a los militares para pedirles que actúen en esta calamidad que vive el país. Al margen de que los militares quieran o no quieran, les guste la idea o no, van a tener que intervenir para alcanzar un desenlace en el conflicto actual. Por lo tanto, no es apelar a su responsabilidad, ni a su papel histórico, ni a ninguna de esas pamplinas; sino reconocer un hecho incontestable: están atravesados en la mitad de la vía por donde está pasando la historia.

La nueva ciudad

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Las medidas tomadas para prevenir la expansión del coronavirus han destruido la polis, la ciudad, el territorio de la política. Al menos por un tiempo y en todas partes. Esta especie de suspensión de la política sea que convenga o no al poder existente según países y regiones, es producto del cierre de la calle, del espacio público, del lugar de la comunicación cara a cara.

El abandono del “cese de la usurpación”

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La tesis de la salida del régimen como elemento central de la estrategia ha sido abandonada, en la práctica, por sus proponentes iniciales y sustituida de manera más o menos subrepticia por la tesis de la elección con condiciones “irrenunciables”.

Cabe preguntarse si no es lo mismo aspirar al “cese de la usurpación” que procurar elecciones presidenciales, limpias y justas, pues, al fin y al cabo, se quiere que se vaya la corporación criminal en el poder, precisamente para que haya tales elecciones.

La invasión que no vendrá

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Hay menos gente que espera una invasión para liberar a Venezuela de la que se burla de los que supuestamente la esperan. Por estos días, el electoralismo ha modificado el dilema tramposo de “o nos entendemos o nos matamos” por el no menos ominoso de “elecciones o muerte”, hasta podría ser “elecciones o Maduro forever”.

El país que éramos

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1. El país que éramos se acabó. Los adultos de más de 40 o 50 años lo tenemos reconstruido por los recuerdos y la nostalgia. Los jóvenes no lo conocieron y les ha llegado por sus mayores. Los que nacieron bajo la vorágine no saben qué es un país sino esta cosa incierta, violenta y casi enemiga en que convirtieron los facinerosos algo que una vez fue patria.

Optimismo modelo chino

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1. Una de las discusiones más estériles es sobre si se es pesimista u optimista. Estos días la necedad ha alcanzado niveles atómicos, cuando, ante las posiciones críticas sobre los eventos se pide… ¡optimismo! El célebre y manoseado tema del vaso medio vacío: los optimistas claman por verlo medio lleno y los pesimistas gimotean al verlo medio vacío; cuando lo cierto es que quienes tengan al menos dos dedos de frente y no sucumben a chantajes, solo pueden verlo medio lleno y medio vacío al mismo tiempo.

Tras un dilema viene otro y otro más

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1. Las elecciones parlamentarias las presenta el régimen como otro dilema que debe resolver la oposición. De acuerdo al estado de opinión prevaleciente no existe inclinación mayoritaria a caer en este nueva ratonera; pero, no deja de haber un sector que estima que es una oportunidad para asestarle (“esta vez sí”) un golpe al régimen.

4-F

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1. Seduce mucho la idea de entender por qué las élites del país se entusiasmaron con Chávez y lo apoyaron en su gesta sangrienta. Pienso que hay tres órdenes de motivos que apenas esbozo en la fugacidad de estas líneas.

Gira que gira

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1. Hasta el momento Guaidó sigue en su gira con dos éxitos muy importantes. El primero es ser recibido como presidente, con el boato concomitante, en Colombia, Francia, Reino Unido y Canadá. Frente a las escenas del 5 de enero, con un presidente que intenta saltar una verja, surge el contraste de las guardias de honor, caravanas, respaldo político y tratamiento respetuoso dispensado; a lo cual se añaden los encuentros no programados pero sí fotografiados con la canciller Merkel, el ex secretario de Estado John Kerry y otras personalidades. Para la oposición ha sido un bálsamo.

La gira

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1. La gira iniciada por Guaidó mueve el cuadro político del país. Hasta comienzos de enero, parecía que se había alcanzado un inestable equilibrio: un gobierno interino envuelto en las ambigüedades de su fugacidad continua, y un régimen minado de cáncer y de viruela que a trancas y barrancas ha logrado mantenerse.

¡Cuidaos los unos de los otros!

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1. En el país hay crisis de confianza. A Maduro y a su banda no les cree nadie porque, como dije alguna vez, mienten hasta cuando dicen la verdad. Si hablan es porque quieren ocultar algo; cada gesto es un engaño; cualquier saludo es para centrar la atención en la mano que se agita mientras se mete la otra mano en tu bolsillo. Ni siquiera las alzas de salario son creíbles porque se sabe que los precios se van arriba antes de llegar el aumento. El país no cree en quienes controlan el poder ni en su sangriento teatro.

¿Muere la Asamblea Nacional?

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1. Cuando escribo estas líneas, Juan Guaidó y los directivos de la Asamblea Nacional entran a la fuerza al Hemiciclo y sesionan contra todo pronóstico, dado el cerco militar, policial y paramilitar que tiene el régimen dentro y fuera del Palacio Legislativo. ¿Los sitiadores rojos recibieron contraorden? ¿No tuvieron la convicción de impedir la sesión? ¿Fueron rebasados por la decisión de los diputados opositores?

Contraste

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1. Enero a diciembre de 2019 describe un contraste brutal: de la esperanza a la decepción. A comienzos de año un joven casi desconocido representó la ilusión de la mayor parte del país. Elegido presidente de la Asamblea Nacional porque “le tocaba” a su partido y otros aspirantes estaban impedidos o descartados, se convirtió en una figura de resonancia mundial. Se juramentó como presidente encargado, contra la opinión de la mayoría de los partidos que controlan la AN, recibió el apoyo nacional y también de decenas de países.

Aquellas promesas, estos lodos

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1. Confiar en la amnesia de las sociedades puede resultar útil para dirigentes que surfean sobre sus propias ofertas. Se ha dicho con cinismo que una cosa es lo que se ofrece en las campañas y otra lo que se realiza desde el gobierno. No es cinismo del todo: lo ofertado es lo que dimana de una parcialidad que aspira a ganar las elecciones, pero una cuestión diferente es construir las mayorías parlamentarias y de opinión pública para hacer realidad aquello; lo que siempre lleva a cambios, demoras, adiciones, que terminan en un muñeco diferente al imaginado.

Si es la fuerza, ¿cómo?

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1. Unos dicen: elecciones aunque sea con Maduro. Aunque sea con un CNE dominado por los rojos. Aunque sea bajo las condiciones del régimen. Agarrando aunque sea fallo. Frente a esta manera de abandonarse, se argumenta desde la otra orilla que la solución es la fuerza. Se interroga a los proponentes de esta visión sobre cómo hacerlo y se repite el escombro verbal que inquiere “con qué se come eso”.

El sistema de corrupción… es el sistema

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El chavismo construyó una articulación de la mayor parte de los elementos del Estado y de la sociedad para hacerlos funcionales a su proyecto de dominación. Al principio Chávez tenía el gobierno, más adelante la Asamblea Nacional, luego el TSJ y el CNE. Después de 2002 se embutió Pdvsa, la Fuerza Armada y el Banco Central. Finalmente, gobernaciones, alcaldías y otros agentes del Estado, engullendo o neutralizando instituciones de la sociedad civil.

Mayorías que van y vienen

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1. Nadie duda que la mayoría del país procura la salida del régimen encabezado por Maduro. Por supuesto, la condición de minoría de los partidarios de la Banda Presidencial es irrefutable. Así ha sido muchas veces. En la época de Chávez fue un carrusel de mayorías y minorías fluidas, lo que dependía del grado de hastío ciudadano, de un lado, y también de las ofertas que hicieran los próceres rojos, del otro.

La esperanza: tan dura y tan frágil

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1. Defraudar la esperanza se torna imperdonable en la Venezuela de hoy. Este es el drama: la pérdida de credibilidad en una porción importante de la dirigencia política del país. A veces conforta el saber que a Maduro y su pandilla no les cree nadie; pero poca atención se presta al hecho de que a la mayoría de los dirigentes opositores tampoco.

El falso dilema: diálogo o invasión

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1 -La opinión pública es víctima de un chantaje político que no por evidente es menos repulsivo, según el cual si no se está con el diálogo –en términos venezolanos: las simulaciones de Oslo y de la Casa Amarilla–, se está del lado de la “planta insolente del extranjero” que busca profanar “el sagrado suelo de la patria”.

La guerra de Maduro

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La hipótesis de guerra en Venezuela, manejada por los militares de Maduro y su mando político, es que viene una invasión de fuerzas combinadas de Estados Unidos, Colombia y de grupos venezolanos perseguidos por el régimen y que se encuentran en el exterior. Esta idea se ve reforzada con la que hay en la mayoría del país según la cual, sin ayuda militar externa, no se podrá conquistar la libertad y, por tanto, la invasión es deseable y casi inevitable.

Entre diálogos te veas

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En el caos todo puede pasar, incluso que parezca que nada pasa; pero siempre la fuerza subterránea volverá a emerger con más fuerza. La carencia de instituciones, de información, de un mínimo orden, produce este no saber que sí sabe que vienen más brollos.

Apenas admitió Guaidó que su diálogo estaba muerto (tenía semanas tirado en la cuneta y apestaba), salieron Timoteo Zambrano y Claudio Fermín con el anuncio de otro. ¿Qué diferencia y qué empareja esos diálogos?

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