Carlos Cruz en “Tomasa Tequiero” es un protagonista que rompe estereotipos

-¿Qué sentiste cuando, a estas alturas de tu carrera, te designaron para protagonizar una telenovela?

-Estoy gratamente sorprendido, tomando en cuenta el estereotipo que se ha querido imponer con respecto a cómo deberían ser los protagonistas de nuestras telenovelas. En los últimos años, en Venezuela se ha insistido en imponer la juventud y belleza física por encima del talento y la capacidad, factor que ha contribuido a desvirtuar lo que es ser un actor. El hecho de que Doris Seguí, escritora de Tomasa Tequiero y los ejecutivos de Venevisión hayan pensado en mí para ejercer este rol, después de 20 años haciendo televisión, me complace y me llena de satisfacción, y creo que abre una puerta a todos aquellos actores que, como yo, se escapan de ese estereotipo de la edad y la musculatura para ser perfectos candidatos para una protagonización, sin importar lo lindos, o lindas, que puedan ser.

-¿Tu opinión de “Tomasa Tequiero” como producto televisivo?
-El éxito que está teniendo la telenovela es una prueba más de que ya el público desea ver otro tipo de historias, aunque contengan los elementos tradicionales del género, que sean contadas con otro tipo de actores, que le den profundidad a sus personajes, estimulando así a los escritores a crear escenas con mayores exigencias interpretativas, porque saben que cuentan con un elenco capaz de llevarlas a buen puerto. Por eso considero que “Tomasa Tequiero” es un gran acierto como producto televisivo.

-¿Y de tu personaje en esa telenovela?

-Creo que Antonio es un personaje que me está brindando la posibilidad de poner toda mi sensibilidad a la vista del público. Maneja unos códigos, que en mi vida cotidiana son de vital importancia: el matrimonio, los hijos, la familia, el hogar, el esfuerzo, el trabajo, la constancia. Es un personaje muy humano, con todo lo que ello implica, posee grandes virtudes y defectos igualmente importantes. Cuando me toca interpretar personajes que se debaten entre esas complejidades, los disfruto muchísimo; y pongo toda la carne en el asador para que sean creíbles

-“El enemigo”, de Luis Alberto Lamata, que protagonizaste con Lourdes Valera, fue considerada, en el anterior Festival de Cine de Mérida, como la mejor película. ¿Por qué se hacen tan pocos filmes de esa clase en Venezuela?

-Para mí, la película “El Enemigo”, de Luis Alberto Lamata, ha sido uno de los trabajos que me ha brindado grandes satisfacciones. No solo ganó el premio como mejor película en el Festival de Cine de Mérida, sino que mi compañera en la película, Lourdes Valera, y yo, recibimos el premio a los mejores actores protagónicos. Considero que Luis Alberto asumió un gran riesgo al contar esta historia, debido a que es una película atípica, tomando en cuenta la gran cantidad de texto con la que contaba. El cine actual nos arropa de imágenes y poco a poco va prescindiendo de escenas con mucho texto, por el temor de aburrir al público. En este caso, esas largas escenas de extensos diálogos sirvieron de gancho para el público y plasmaron de manera efectiva el drama que vivían esos personajes. Ojala este largometraje sirva de estímulo para otros directores y la palabra retome su fuerza como recurso cinematográfico.

-¿Qué conseguiste, en términos de crecimiento profesional, durante tu retiro de más de un año, durante el cual viviste tres meses en Argentina?

-Ha sido una de las experiencias más enriquecedoras de mi vida. Compartir durante ese tiempo con actores, directores y maestros de otras latitudes fue de un gran aprendizaje. Tuve la oportunidad de reafirmar los conocimientos que había adquirido durante años con mi maestro de actuación aquí en Venezuela, Carlos Ospino-Diaz, de aprender nuevas técnicas y ejercicios histriónicos, abordar el hecho escénico desde la perspectiva del director. Me impactó el nivel de exigencia que existe allá con respecto a la formación de actores y directores, pero lo que más me sorprendió fue la asistencia masiva de estos profesionales buscando seguir creciendo, unos perfeccionando su instrumento actoral y los otros, adquiriendo nuevas herramientas para trabajar efectivamente con el actor.

-¿Te has planteado regresar como columnista de prensa?

-Sí, siempre está presente en mí ese deseo de retomar esa faceta como columnista. Fue una experiencia que disfruté mucho y que me brindó un gran aprendizaje. Por otro lado, le agradezco el haber despertado en mí la escritura como herramienta expresiva, me motivó a seguir indagando en ella, ya no para un periódico, pues he ido abordando de a poco: ensayos, escenas dramáticas, posibles textos teatrales y hasta un cortometraje.

-En esas columnas hiciste no pocas consideraciones, algunas de ellas muy críticas, en torno al oficio de actor en TV, ¿llegó esto a causarte problemas dentro de la industria?

-Afortunadamente nunca, porque siempre fueron escritas con conocimiento de causa, nunca inventé nada, ni agrandé nada. Las escribí escritas basándome en mis 26 años de carrera como actor y como espectador de lo que se hace en nuestro país. Más que crítica, siempre la vi como una reflexión de lo que implica ser actor en un país como el nuestro.

-¿Qué pensar de un actor, o una actriz, que se jacte de no leer la novela original de la adaptación televisiva que va a protagonizar?

-No sería lo más conveniente, porque se estaría perdiendo de una información muy valiosa que puede ayudarlo en su interpretación. Pero lamentablemente en la actualidad son muy pocas las adaptaciones para televisión que respetan la novela original, ni la esencia, ni el espíritu, ni el sentido; terminan irrespetando al autor, destrozando su obra y convirtiendo esa gran novela en una truculencia burda y superficial. Así que de haber leído, esa actriz o ese actor, la novela original, sólo le hubiese servido de cultura general, aspecto que nunca está de más, por cierto. El actor nunca debe dejar de leer y mucho menos jactarse de ello.

-¿Histriónicamente son mejores los roles de villano que los de hombre íntegro y bondadoso?

-En mi carrera televisiva he tenido la oportunidad de ejercer ambos roles y me ha ido bien. Con los villanos me he divertido muchísimo, así como con los personajes característicos; me permiten jugar, darle rienda suelta a mi imaginación. Con los personajes de hombre íntegro y bondadoso siempre me cuido de no caer en la actuación pacata ni en el cliché, desnudo mi emocionalidad sin temor. Aunque sean personajes con registros distintos, cada uno tiene su verdad y su aspecto interesante.

-¿Qué le falta a la televisión venezolana?

-Arriesgarse más en la realización de programas de mayor contenido y calidad.

-¿Qué te angustia de la Venezuela de hoy?

-Muchas cosas, la impunidad, la negligencia, la inseguridad en todas sus manifestaciones, la ineptitud que nos está devorando, la incapacidad, el abuso de poder, la cobardía de la que hacen gala nuestros gobernantes que se esconden detrás del cargo para atropellar a todo aquel que posea una pizca más de inteligencia y dignidad que ellos. Sin olvidar el individualismo y la superficialidad que nos ha caracterizado como país y que considero, el principal responsable de nuestra crisis actual.

-¿Qué actores y actrices, nacionales e internacionales, te han servido de inspiración?

-Sean Penn, Robert Duval, Antonio Fagundes, Meryl Streep y Susan Sarandon por su organicidad, versatilidad y profundidad interpretativa.

-¿Lo más gratificante de tu profesión?

-Poder hurgar en mi interioridad e ir descubriendo aspectos que no conocía para expresarlos a través de un personaje, es una especie de locura muy bien asumida y sanadora.

-¿Qué no se puede permitir un actor?

-La pereza mental, el conformismo y creerse la anécdota de la fama. Aquel que considere que ya llegó, que el talento que posee es suficiente para mantener su fama y que no haga nada por seguir creciendo, está cometiendo un pecado consigo mismo que algún día le pasara factura.

-¿Cómo es Carlos Cruz?
-Aún no lo sé del todo, la vida día a día se encarga de demostrarme que aún quedan aspectos de mí que no conozco. De lo que sí tengo certeza, es que siempre estoy dispuesto a descubrirlos.

En sus propias palabras

"En San Antonio de Los Altos cuando tenía 22 años de edad comenzó mi vocación. Me tocó trabajar con un grupo de teatro de niños haciéndoles el sonido y quedé tan fascinado con la experiencia, que decidí que eso era lo que yo quería ser en mi vida, actor. Luego formamos un grupo de teatro aficionado, estando allí algo dentro de mí me decía que ese sería mi destino. Durante mi formación en la Escuela Nacional de Artes Escénicas César Rengifo, constaté que esa era mi pasión, una pasión a la que le he entregado veintisiete años de esfuerzo y sacrificios, y en los que he recibido grandes satisfacciones".

Aquilino José Mata
Informe21.com