30 años de emoticonos

Howard Gayle, profesor y dueño de un extraño sentido del humor, había entrado en el foro electrónico de la Universidad –un espacio primitivamente cibernético donde el personal debatía sobre temas que iban desde los aparcamientos o Star Trek hasta el aborto– para anunciar que “tras un accidente del departamento de Física, el ascensor se ha contaminado de mercurio. Existe un pequeño riesgo de incendio. La descontaminación terminará a las ocho de la mañana del viernes”. A la plantilla, la cosa debió de parecerle plausible y, cuatro horas después, hubo que aclarar que era una broma. Los profesores se dispusieron entonces a imaginar la forma de evitar que esto se repitiera. Hacer que una payasada no se pareciera, por escrito, tanto a un mensaje serio.

Uno sugirió que en el futuro se marcasen los chistes con el símbolo (*); otro, el más resultón (%). Cuando resolvieron que (*) sería para los chistes buenos y (%) para los malos, un tercero apostilló que (&) tendría más efecto “porque parece un gordo feliz convulsionándose de la risa”. El 19 de septiembre, un investigador de informática llamado Scott Fahlman escribió: “Propongo :-) para las bromas. Léanlo de lado”.

El problema de Carnegie Mellon no era nada nuevo. El escritor Ambrose Pierce ya había expuesto en 1887 la necesidad de inventar un signo tipográfico que representara un tono de voz o una expresión facial. En 1969, Vladímir Nabokov explicó a The New York Times que deseaba un icono (“un paréntesis supino”) que actuara de sonrisa textual. Pero en aquellas épocas escribir era algo formal y elaborado y no se necesitaba matizar lo que se puede explicar con palabras. Fahlman, en cambio, se había pronunciado en los albores de la comunicación digital, donde las prisas y la cotidianidad harían de una sonrisita un matiz trascendental. “El texto online es un nuevo género literario”, sentencia Szu Yu Chen, profesora de lingüística aplicada en la Universidad Chung Yuang de Taiwán y experta en comunicación digital. “Ya que se pierde la coherencia y la proximidad del encuentro físico, los internautas necesitan signos de puntuación que denoten la emoción en los mensajes escritos”.

Días después del comentario de Fahlman, la Universidad usaba :-) a diario. Al poco, la de Stanford. Después se propagó por foros de varias instituciones. Era noviembre de 1982 y el emoticono, llamado a ser una de las linguas francas más universales, acababa de nacer.

“Aparte de coreano, aquí se habla emoticon. Los jóvenes me los ponen en los exámenes, y los mayores, en los correos. No es para nada como Estados Unidos”. Alan Talbott, estadounidense y estudioso de la cultura asiática, dejó su Nueva Orleans natal el año pasado para enseñar inglés en Corea del Sur. Con lo que no contaba era con darse de bruces contra la complejidad que el universo emoticono ha adquirido en los últimos 30 años.

Al :-) siguió el @= para mensajes sobre la bomba nuclear en los ochenta y el 7:>] para Ronald Reagan. Llegó Internet y, con él, los chats, los mensajes apresurados y una serie imparable de efímeros catálogos de emoticonos. :-) perdió la nariz y se quedó en :) Los chats de IRC de los noventa se inventaron la famosa cara de mono enfadado, (:@ El Messen­­ger redujo una carcajada a XD. Los móviles los han convertidos en imágenes prediseñadas, más aptas para teclados diminutos. Compensan esta limitación con una especificidad casi aterradora. En la última actualización del sistema operativo del iPhone se incluyó un teclado con más de 400 iconos. La aplicación de mensajería WhatsApp ofrece desde una cara para el desprecio hasta una mujer vestida de flamenca.

Los expertos admiten que tanto desarrollo escapa a su documentación. Pero lo aducen a dos factores: cada país y cultura crean sus propios iconos y, con la universalidad de Internet, terminan compartiéndolo. Pocas regiones encarnan tan bien este mestizaje como Asia, productora oficial de rarezas cibernéticas: “En Corea se usa mucho OTL, que representa a un hombre de rodillas, humillado. En Japón van más allá, con ORZ. Eso no lo encuentras en Europa”, explica Talbott. “Aquí los emoticonos se dibujan horizontalmente. En lugar de :), está {*_*} quizá porque en Asia dan más importancia a los ojos que a la boca”.

Fuente: El País de España

EA

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