El misterio de los "asesinos" medievales del valle iraní de Alamut

El misterio de los "asesinos" medievales del valle iraní de Alamut

En el abrupto valle iraní de Alamut, las excavaciones en las ruinas de los castillos de la llamada Secta de los Asesinos tratan de desentrañar los innumerables secretos que aún rodean a este denostado grupo religioso medieval.

Más de una veintena de castillos inexpugnables, según los textos históricos, poblaban este valle situado al noroeste de Teherán. La invasión de los mongoles y el paso del tiempo han destruido, no obstante, gran parte del legado y perpetuado sus misterios.

Se conservan restos de siete castillos, el principal de los cuales es el de Gazorjan, y de una decena de torres de vigilancia, que conformaron el estado de los temidos ismaelitas nizaríes entre los siglos XI y XIII de nuestra era.

Su fundador fue Hasan Sabah, formado en la predicación de los ismaelitas fatimíes de Egipto, quien lideró en Irán a los denominados "hashshashín", una palabra traducida en numerosos idiomas como "asesinos" y que está vinculada con la comisión de asesinatos políticos de sus rivales.

La leyenda negra

Este mito está acrecentado por el hecho de que hasta nuestros días solo ha llegado información del grupo procedente de sus enemigos, ya que los mongoles quemaron los documentos de los nizaríes.

La arqueóloga iraní Hamide Chubak, directora de la sede de Patrimonio Cultural de Alamut, explica a Efe que los principales rivales de la secta fueron los mongoles y el Imperio selyúcida, que temía la expansión de la ideología religiosa ismaelita.

"Para ellos, los ismaelitas eran el enemigo y por eso nunca hablaron en positivo, les calificaron de ateos y les atribuyeron miles de crímenes", comenta la experta.

En su opinión, la secta de Hasan Sabah, también conocido como el Viejo de la Montaña, "eliminaba a sus opositores" pero se trataba más bien de "atentados suicidas" en los que los atacantes se martirizaban.

"Sus seguidores estaban dispuestos a sacrificarse para mantener la secta ya que seguían una corriente del islam chií, en el que existe la creencia del martirio", apunta Chubak.

También se les ha acusado de consumir drogas como el hachís pero, según la historiadora, Alamut está lleno de hierbas medicinales por lo que consideran que eran más bien una especie de "farmacéuticos y productores de medicinas".

Resurgimiento tras el ataque Mongol

Con estas acusaciones como bandera, los mongoles afirmaron que estaban destruyendo "los nidos de los ateos" y no dejaron prácticamente piedra sobre piedra. En ruinas se encuentran el castillo de Gazorjan, conocido popularmente como de Alamut, y el de Lamiasar, en la parte occidental del valle y residencia de invierno.

Esta amplia destrucción ha dificultado el trabajo de los arqueólogos iraníes, que comenzaron sus estudios en profundidad en la zona hace casi veinte años. Unas excavaciones en las que siempre ha estado presente Chubak.

La directora de la sede de Patrimonio Cultural de Alamut destaca que uno de los hallazgos recientes más importantes ha sido confirmar que, tras el primer ataque mongol en 1256, los ismaelitas volvieron a controlar la zona, algo de lo que hasta hace poco no tenían evidencias.

En las excavaciones, los expertos descubrieron un azulejo elaborado con posterioridad que demostraba que la secta "regresó veinte años después de la invasión mongol, reconstruyó el castillo y formó otra vez un gobierno".

"Este importante descubrimiento histórico cambia toda la información sobre el fin de los ismaelitas, abre una nueva puerta y aporta nuevos datos que demuestran que el castillo de Hasan Sabah fue destruido dos veces por los mongoles, y no una vez", cuenta con emoción Chubak.

Esa fortaleza, situada en la cima de una montaña y de difícil acceso, no fue conquistada por los mongoles, sino que se rindió ante el asedio. Todos los castillos contaban con sofisticadas cisternas de agua y canalizaciones para resistir los cercos militares de los selyúcidas y los mongoles.

La búsqueda de la tumba

La Secta de los Asesinos era "muy influyente" y poseía también una red de castillo fuera de Alamut: en provincias iraníes como Isfahán, Jorasán del Sur y Mazandarán e incluso en otros países como Siria, Afganistán y Tayikistán, detalla la arqueóloga.

Hasan Sabah falleció en el año 1124 en Alamut, zona en la que los arqueólogos se afanan por hallar su tumba, aunque por ahora las distintas pistas no han dado sus frutos.

Exploraron sin éxito en una cripta bajo la mezquita del castillo principal y en un santuario en la plaza de Gazorjan, donde sí había sepulcros pero ninguno coincidía con el del líder espiritual de los ismaelitas nizaríes.

"Sigue siendo un gran misterio dónde se encuentra la tumba de Hasan Sabah y es nuestro deseo hallarla", afirma Chubak, quien detalla que de acuerdo a los textos en el mismo lugar fueron enterrados sus siete sucesores.

El lugar se convirtió en su momento en un lugar de peregrinación, mientras que, en la actualidad, el castillo de Alamut atrae a muchos visitantes y curiosos.

Los "peregrinos" modernos están interesados tanto por la leyenda como por el impresionante enclave natural, rodeado de las altas montañas de la cordillera Alborz que, como dice la arqueóloga, fueron "parte de la estructura defensiva" de la secta. EFE

EA