El veto al aceite de palma pone en peligro a los pequeños productores de Asia

El veto al aceite de palma pone en peligro a los pequeños productores de Asia

Kawal Surbakti, un pequeño productor de aceite de palma del norte de la isla de Sumatra, en Indonesia, está preocupado por su futuro desde que Europa acusa a este fruto oleaginoso de favorecer la deforestación.

El parlamento europeo quiere prohibir el aceite de palma en los biocarburantes en 2030, mientras que la cadena británica Iceland, especialista en congelados, ya anunció que renunciaba a su uso.

La perspectiva de que se cierre el mercado europeo inquieta a Surbakti y a millones de agricultores de Indonesia y Malasia, los dos principales países productores.

Además el precio de este producto, omnipresente en galletas, caramelos, cosméticos o biocarburantes, está a la baja. "Ya he padecido pérdidas importantes", explica el agricultor de 64 años, que explota dos hectáreas de palmas aceiteras en Langkat. "Antes, podía ahorrar algo de dinero, pero ahora ya no puedo".

Al otro lado del estrecho de Malacca, en Malasia, Mohamad Isa Mansor, que también explota palmas aceiteras en la ciudad costera de Ijok, cree que "si la Unión Europea consigue aplicar esta prohibición, estoy muerto".

"Es la fuente de ingresos de miles de personas", explica.

Los racimos de las palmeras aceiteras, de unos 20 kilos, se recogen con la ayuda de largas hoces y luego se transportan en camiones. El aceite se extrae de la pulpa de sus frutos.

- Víctimas de los grandes grupos -

Europa es uno de los primeros destinos del aceite de palma, junto con India y China. Casi la mitad de ese aceite se utilizó el año pasado para los biocarburantes.

Pero la Unión Europea quiere dejar de utilizar el oleaginoso en los biocarburantes europeos en 2030, lo que llevó a Indonesia y Malasia a amenazar con medidas de retorsión contra los productos europeos.

El texto todavía debe ser confirmado con una votación de los eurodiputados y aprobado por los Estados miembros.

Lejos de esas tensiones diplomáticas, Selamet Ketaren, uno de los numerosos pequeños agricultores del sector, se declara a la merced de las multinacionales que compran su producción."Los pequeños agricultores como nosotros son simplemente víctimas de los grandes grupos", subraya.

El aceite de palma está en el punto de mira de los ecologistas, quienes lo consideran como una de las mayores amenazas para la biodiversidad tropical, a causa de la deforestación que supone.

Los orangutanes son las víctimas más conocidas pero otras especies, como los gibones, los tigres y algunas especies de aves silvícolas también están amenazados.

También se acusa a las plantaciones de provocar desplazamientos forzosos de la población y de contribuir al cambio climático.

Los fuegos provocados por ganarle terreno a los bosques emiten CO2 a la atmósfera y contribuyen a agravar la contaminación atmosférica en toda la región.

Pese al compromiso de los grandes productores contra la deforestación, los ecologistas todavía son escépticos sobre la certificación del aceite de palma, que se supone que debe garantizar un cultivo sostenible.

Según un informe de Greenpeace publicado esta semana, un grupo de grandes productores de aceite de palma indonesios que trabajan principalmente con Unilever o Nestlé, destruyó una superficie de bosque equivalente a dos veces el tamaño de Singapur en menos de tres años.

Pero el agricultor malasio Mansor critica a quienes le acusan de ser una amenaza para el medio ambiente.

La UE "dice que deforestamos pero mi explotación está sobre turba, antes aquí había caucho ¿Cómo puede la UE decir que matamos la tierra?".

Según el malasio Palm Oil Council, que promueve este cultivo, el proyecto europeo podría poner en peligro el sustento de 650.000 pequeños agricultores de los 3,2 millones de malasios que viven de la industria.

La asociación del aceite de palma de Indonesia, donde unos tres millones de personas viven de ese cultivo, mostró también su preocupación por un descenso de la demanda en China y por las "campañas negativas".

Muhamad Ngisa Kusas, un agricultor malasio, teme que la pobreza aumente.

"Si entra en vigor la prohibición europea, los precios del aceite de palma se hundirán seguramente y los pequeños agricultores se verán condenados", advierte el hombre, de 78 años. "La Unión Europea debería sopesar muy bien sus acciones".

AFP/OS

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